Ultraismo
El ultraísmo surge en España en 1918 con la finalidad de enfrentarse al ya caduco modernismo que todavía era cultivado por algunos poetas.
   
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  Manifiesto ultra
   
 
[...]Nuestra literatura debe renovarse; debe lograr su ultra como hoy pretenden lograrlo nuestro pensamiento científico y político. Nuestro lema será ultra y en nuestro credo cabrán todas las tendencias, sin distinción, con tal que expresen un anhelo nuevo. Más tarde estas tendencias lograrán su núcleo y se definirán. Por el momento, creemos suficiente lanzar este grito de renovación y anunciar la publicación de una revista, que llevará este título de Ultra, y en la que sólo lo nuevo hallará acogida. Jóvenes, rompamos por una vez nuestro retraimiento y afirmemos nuestra voluntad de superar a los precursores.
   
 

1.- Reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora. Esto significó sobrevalorar el efecto lírico y plantean el lenguaje metafórico. Tal vez así se pueda apreciar la influencia de los expresionistas alemanes que Borges había leído en Suiza, donde residió con su familia durante los años de la Primera Guerra Mundial.

2.- Tachadura de las frases medianeras, los nexos y adjetivos que consideran inútiles. Esto llevó a que los poemas se construyeran como una sucesión de metáforas llamativas o puras. El ultraísmo esqueletizó la poesía. Si el modernismo de Lugones representaba una poesía adjetiva, la poesía ultraísta va a ser una poesía sustantiva donde incluso desaparece la rima y la puntuación.

3.- Concordante con las dos características señaladas, el ultraísmo buscó eliminar los trabajos ornamentales, es decir, la retórica, los versos grandilocuentes. También eliminó el confesionalismo, fue una poesía escéptica que no buscaba transmitir un mensaje ideológico positivo. También se opuso a las anécdotas, a las prédicas, a la poesía narrativa. Quiso dejar de lado lo sentimental y por oponerse a ser una poesía que reproducía anécdotas, además por estar hecha casi entera a base de metáforas, se convirtió en una poesía que rompía el discurso lógico. En oposición a eso ponía énfasis en las percepciones fragmentarias. Ponía una simultaneidad y velocidad en las imágenes. Buscaba la poesía pura y en eso contradecía la poesía con mensaje social. El único estado afectivo que aceptó fue el confuso producto de sensaciones distintas y el generado por la ironía. Se podría decir que es una poesía extremadamente subjetiva e individualista.

4.- Los ultraístas buscaron la síntesis de dos o más imágenes en una, ensanchando de ese modo la facultad de sugerencia. Esto hacía que el ultraísmo fuera un movimiento muy receptivo de todo lo que fuera novedad y a la utilización de elementos propios del desarrollo de la técnica. Es decir, está emparentado con el futurismo en el hacer una apología de los progresos tecnológicos.

   
 
REVISTAS
  gRECIA Cosmópolis Reflector  
  Sevilla (1918-1920)
Madrid (1919-1922)
Madrid, 1920
 
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Enrique Gómez Carrillo
José Ciria y Escalante y su secretario Guillermo de Torre  
  Horizonte      
  Madrid (1922-1923)      
  Pedro Garfias y José Rivas Panedas      
  Nosotros

La poesía lírica no ha hecho otra cosa hasta ahora que bambolearse entre la cacería de efectos auditivos o visuales, y el prurito de querer expresar la personalidad de su hacedor. El primero de ambos empeños atañe a la pintura o a la música, y el segundo se asienta en un error psicológico, ya que la personalidad, el yo, es solo una ancha denominación colectiva que abarca la pluralidad de los estados de conciencia. Cualquier estado nuevo que se agregue a los otros llega a formar parte esencial del yo, y a expresarle: lo mismo lo individual que lo ajeno. Cualquier acontecimiento, cualquier percepción, cualquier idea, nos expresa con igual virtud; vale decir, puede añadirse a nosotros... Superando esa inútil terquedad en fijar verbalmente un yo vagabundo que se transforma en cada instante, el ultraísmo tiende a la meta primicial de toda poesía, esto es, a la transmutación de la realidad palpable del mundo en realidad interior y emocional.

Borges  
Jorge Luis Borges