mitología grecorromana
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ATALANTA

AtalantaRecién nacido Meleagro, príncipe de Calidón, las tres parcas predijeron que la vida del niño duraría tanto como un tronco de árbol que estaba ardiendo en la chimenea. Entonces Altea, madre de Meleagro, sacó el tronco del fuego, lo apagó y lo guardó en un lugar secreto de su palacio.

Meleagro creció fuerte y sano y llegó a ser el mejor lancero de Grecia.

Un año que hubo una gran cosecha Eneo, rey de Calidón y padre de Meleagro, ofreció un sacrificio a los dioses para darles las gracias por la próspera cosecha pero olvidó homenajear a la diosa Artemisa que se sintió despreciada y para vengarse envió un enorme jabalí a los campos de Calidón que arrasó los campos de trigo, destrozó las parras y los olivos, mató los rebaños y atemorizó a los granjeros que huyeron a refugiarse tras los muros de la ciudad.

El rey Eneo mandó heraldos pidiendo ayuda. Acudieron valientes cazadores de todos los rincones de Grecia deseosos de tener el honor de matar al jabalí y quedarse con su piel como trofeo. Los participantes en la cacería fueron numerosos, además de Meleagro llegaron héroes de toda Grecia como Jasón, Anceo, Ificles (hermano gemelo de Heracles), el veloz Idas, Linceo, Néstor, Anfiarao, dos centauros, Leucipo, Acasto gran lanzador de jabalina, Plexipo y Toxeo tíos de Meleagro, Teseo (el vencedor del Minotauro), Piritoo amigo de Teseo, Peleo (esposo de Tetis, diosa del mar) y muchos más valientes cazadores. También se presentó una chica alta y delgada, armada de arco y flechas, llamada Atalanta, que deslumbró a todos por su belleza.

Atalanta era hija de Esceneo, rey de Arcadia. Nada más nacer su padre, desilusionado porque quería un hijo varón, la abandonó en la cima de una montaña para que muriera. Pero la diosa Artemisa le envió una osa que la amamantó y cuidó. Atalanta se convirtió así en la hija adoptiva de Artemisa e hizo la promesa de que nunca se casaría. Llegó a ser una gran cazadora y la corredora más rápida del mundo. 

Antes de empezar la cacería Anceo dijo:

- Me niego a cazar con una mujer, no debemos dejar que participe.

Meleagro, que se había enamorado de Atalanta nada más verla, le obligó a callar.

Cuando sonaron los cuernos, anunciando el comienzo de la cacería, todos los héroes se adentraron en un bosque de espesa arboleda en el que se había refugiado el jabalí.

Los dos centauros se habían apostado a ver cuál de los dos sería el primero en besar a Atalanta. Cuando lo intentaron ella los mató a los dos con sus flechas y siguió caminando tan tranquila.

Linceo vio al jabalí cerca de un arroyo y avisó a los demás. El jabalí al verse acorralado embistió y mató a tres de los cazadores. Néstor se salvó subiéndose a un árbol. El héroe Teseo lanzó su jabalina pero falló. Ificles sólo consiguió rozarle en un costado. Cuando el jabalí estaba a punto de arrollar a Anceo, Atalanta disparó una flecha que alcanzó al jabalí debajo de la oreja e hizo que desviara su trayectoria, salvando a Anceo.

Pero Anceo, desagradecido, no quiso reconocer que Atalanta le había salvado la vida y le gritó:

- ¡Mujer tenías que ser!, has estado a punto de alcanzarme con tu flecha.

Cuando el jabalí volvió a embestir Anceo intentó darle un golpe con su hacha pero el jabalí lo despedazó con sus colmillos. Peleo le lanzó una jabalina pero también falló, la jabalina rebotó en un árbol y mató a otro de los cazadores. Anfiarao, con una flecha, alcanzó al jabalí en el ojo derecho. El jabalí, sintiéndose herido, se revolvió y acorraló a Teseo contra un árbol, entonces Meleagro se acercó al jabalí por el lado derecho por donde no podía verle y le clavó una lanza en el lomo, que le atravesó el corazón, matándole en el acto. Inmediatamente Meleagro le quitó la piel y se la dio a Atalanta diciendo:

- Te la mereces porque tu flecha le habría causado la muerte muy pronto.

Los tíos de Meleagro protestaron:

- No es justo, Atalanta sólo provocó una herida, tú lo has matado.

Meleagro respondió:

- Callaos, ya he tomado la decisión de darle la piel a Atalanta.

- Lo has hecho porque te has enamorado de esa chica, le respondió uno de sus tíos, piensa en lo que dirá tu esposa.

- Pide disculpas o te mataré, gritó Meleagro.

El otro tío dijo:

- Mi hermano no tiene porque pedir disculpas, cualquiera puede ver que ha dicho la verdad.

Entonces Meleagro, cegado por la ira, atravesó con su lanza a sus dos tíos.

Cuando la madre de Meleagro se enteró que éste había matado a sus dos hermanos favoritos sacó el tronco que guardaba y lo arrojó al fuego.

Meleagro sintió de repente un fuego interno y una gran quemazón y murió lentamente cumpliéndose así la profecía de las tres parcas.

El padre de Atalanta, rey de Arcadia, al enterarse que su hija había ganado la piel del jabalí de Calidón se sintió muy orgulloso y la mandó llamar, diciéndole:

- Bienvenida a casa, te pido perdón por haberte abandonado, desde ahora te reconozco como mi hija y heredera y buscaré un esposo digno de ti.

Pero como Atalanta había prometido que nunca se casaría le dijo a su padre:

- Me casaré con el primer hombre que logre ganarme en una carrera, pero los perdedores deberán morir.

El rey aceptó y durante uno o dos años ningún pretendiente logró vencer a Atalanta.

Entonces Hipómenes, biznieto de Poseidón, que se había enamorado de Atalanta ofreció un sacrificio a Afrodita para que le ayudara.

Afrodita le prestó a Hipómenes tres manzanas de oro para que pudiera distraer a Atalanta durante la carrera.

Empezó la carrera, Hipómenes iba tirando las manzanas de oro, de una en una, y Atalanta se iba agachando para recogerlas. Con esta estratagema el astuto Hipómenes pudo vencer a Atalanta y casarse con ella.

ORFEO Y EURÍDICE

Había una vez una Musa llamada Calíope. Ella tenía un hijo llamado Orfeo.

Orfeo, además de ser un gran poeta, tocaba muy bien la lira, deleitando a todos los que lo escuchaban. Tanto hombres como animales quedaban extasiados con su música. Hasta los árboles y las rocas se movían y cambiaban de lugar solo para escuchar sus dulces melodías.

Orfeo estaba casado con Eurídice, su bella esposa, de la cual estaba sumamente enamorado.

Un día mientras recorrían el bosque tomados de la mano, Eurídice, sin querer, pisó una serpiente venenosa que estaba dormida. La serpiente, furiosa por haber sido despertada tan abruptamente, le mordió el tobillo y Eurídice murió envenenada a los pocos minutos.

Orfeo, desesperado por recuperar a su esposa, decidió descender al Tártaro para buscarla y traerla de vuelta a la vida.

Orfeo tomó la lira, y mientras tocaba, encantaba a todos los que se cruzaban en su camino. Hasta el can Cerbero, el perro de tres cabezas custodio del Tártaro, lo seguía como un cachorrito manso.

Orfeo continuó su largo recorrido encantando con su melodía a uno tras otro hasta llegar hasta el mismo trono de Hades, el rey de los muertos, que fascinado por los suaves acordes de la lira, le preguntó:-¿Qué vienes a buscar aquí, Orfeo?

-Quiero a mi esposa Eurídice de vuelta conmigo. Respondió Orfeo.

-¡Ah! Escúchame bien. Dijo Hades-Permitiré que Eurídice regrese contigo con una sola condición: -Deberás caminar sin mirar atrás hasta que llegues a plena luz del sol. Eurídice te seguirá mientras tocas la lira y no sufrirás daño alguno.

Orfeo, feliz comenzó a entonar la más dulce de las melodías mientras Eurídice lo seguía a la distancia. Pero Orfeo estaba tan ansioso por volver a verla, que pronto olvidó la condición impuesta por Hades y cuando faltaba solo un minuto para salir a la luz, volteó la cabeza para mirarla y perdió a Eurídice para siempre.

 

DÉDALO Y TALO

Dédalo era natural de Atenas.

Era un gran constructor. Fue reconocido como el primer escultor que trabajó el mármol haciendo hermosas estatuas. También era arquitecto. Muy habilidoso en el uso de las herramientas. Pero Dédalo era muy celoso.

Junto a Dédalo trabajaba su sobrino Talo, un joven muy ingenioso. Talo un día encontró en el campo una mandíbula de serpiente y se inspiró para inventar el serrucho, forjando en el hierro una serie de dientes semejantes a los de la serpiente. Cuando Dédalo vio el invento le agarro un ataque de celos y arrojó a Talo desde un precipicio.

Como no pudieron acusarlo por falta de pruebas, lo condenaron al destierro. O sea que tenía que marcharse de Atenas.

 

Dédalo y el Laberinto

Dédalo entonces partió hacia la Isla de Creta, donde fue muy bien recibido por el rey Minos. Por entonces escaseaban en la isla los arquitectos y escultores y lo tomó a su servicio.

Allí Dédalo se dedicó a crear espléndidas obras de arte.

En esos momentos, la isla de Creta estaba asolada por un terrible monstruo, con cuerpo de hombre y cabeza de toro llamado Minotauro, que sembraba el terror en toda la isla.

El rey Minos le encargó a Dédalo una construcción subterránea para encerrarlo. Dédalo, que era muy ingenioso, entonces construyó un laberinto. Esta construcción tenía tantos pasadizos, rodeos que no llevaban a ninguna parte, vueltas y sinuosidades que una vez que alguien entraba se hacía imposible encontrar la salida.

El Minotauro quedó encerrado en el centro del laberinto, de esa manera volvió la tranquilidad a Creta.

El rey Minos le encomendaba cada día más trabajo y Dédalo estaba cansado y quería irse de Creta pero el rey Minos no se lo permitía.

 

Ícaro y Dédalo

ÍcaroAnte la negativa del rey Minos para que Dédalo abandonara Creta, Dédalo comenzó a maquinar la forma de escapar.

Como Creta era una isla era prácticamente imposible escapar por mar. El rey Minos tenía una flota importante y lo capturaría.

Dédalo había tenido un hijo con una esclava en Creta, su nombre era Ícaro. Entonces decidió que escaparía con su hijo por aire.

Inspirándose en el vuelo de los pájaros, construyó entonces dos pares de alas. Unas para Ícaro y otras para él. Acopió gran cantidad de plumas que fue fijando a la estructura con cera de abejas y luego las adaptó con un arnés a su espalda y sus brazos.

Cuando ya estaba todo preparado le dijo a su hijo:- Ícaro, si quieres huir conmigo de esta isla, préstame atención y sigue mi consejo. Es necesario que vueles en la mitad de la atmósfera. Si vuelas muy bajo la humedad y el vapor del agua empaparán las plumas, éstas serán muy pesadas y caerás al mar. Y si vuelas muy alto, el calor del sol derretirá la cera, se desprenderán las plumas y también caerás al mar.

Una vez que terminó de dar todas las explicaciones, Dédalo se lanzó al espacio. Ícaro lo siguió como un pichón que sale por primera vez del nido. Pero Ícaro pronto se entregó al placer del vuelo con entusiasmo. La vista era maravillosa y comenzó a volar más y más alto acercándose peligrosamente al sol. Es así que las plumas comenzaron a desprenderse de la estructura hasta que Ícaro cayó fatalmente, ahogándose en el mar.

 

 

GORDIO Y EL NUDO GORDIANO

Gordio era un pobre campesino.

Un día vio que un águila se había posado en la vara de su carro de bueyes. Como el águila seguía instalada en la vara, sin inmutarse, entonces Gordio decidió dirigirse a Telmiso en Frigia, porque allí había un oráculo confiable para preguntarle qué podía significar esto.

Antes de atravesar la puerta de entrada a la ciudad, encontró a una bella joven que poseía el don de la profecía. No bien vio el carro con el águila, le dijo a Gordio que debería ir directamente a ofrecerle sacrificios a Zeus y le pidió que la dejara acompañarlo.

-Por supuesto. Respondió Gordio. Y agregó –Eres una joven muy inteligente, ¿Quieres casarte conmigo?

-Primero hay que ofrecer sacrificios, dijo ella.

Entonces se dirigieron hacia la ciudad.

Ellos no sabían que el rey de Frigia había muerto súbitamente y como no tenía hijos no se conocía al sucesor.

Pero un oráculo vaticinó:-! Su nuevo rey se acerca con su futura esposa en un carro tirado por bueyes! Ellos entraron con la carreta en la plaza e inmediatamente todas las miradas se posaron en ellos y en el águila que todavía seguía parada sobre la vara de la carreta.

Inmediatamente proclamaron- ¡Aquí está nuestro nuevo Rey!.

Como agradecimiento le dedicó el carro y los bueyes a Zeus.

Gordio había enganchado el carro a la vara con un nudo muy particular.

Un oráculo vaticinó:-El hombre que pueda desatar el nudo se convertiría en el dueño y señor de Asia. La carreta quedó entonces en la Acrópolis, durante siglos, bajo la atenta vigilancia de los sacerdotes de Zeus.

En el año 333 antes de Cristo, Alejandro de Macedonia, También conocido como Alejandro Magno, pasó por la ciudad y cortó el nudo con su espada en un acto de soberbia.

 

LAS OREJAS DEL REY MIDAS

La diosa Atenea había inventado la flauta doble. Cuando la soplaba conseguía arrancarle hermosas melodías.

Una noche, en que Atenea estaba tocando la flauta en un banquete, Hera y Afrodita comenzaron a reírse en secreto.

Atenea se preguntaba por qué. Entonces se sentó a la orilla de un arroyo a tocar y cuando vio su aspecto ridículo, con las mejillas hinchadas mientras soplaba la flauta, la arrojó al arroyo con una maldición para el que la encontrara.

Tiempo después, Marsias encontró la flauta en el arroyo y consiguió arrancarle deliciosas melodías. Tanto que decidió competir con el dios Apolo.

Apolo llamo a las musas y al rey Midas que tanto apreciaban la música para que actuaran como jurado. Marsias tocaría la flauta y Apolo la lira.

Los dos tocaron sus instrumentos pero el jurado no pudo ponerse de acuerdo porque ambos dieron un espléndido concierto.

Entonces Apolo dijo: Te reto a que toques tu instrumento al revés como lo hago yo. Apolo dio vuelta la lira y siguió tocando. 

-¡Yo no puedo hacer eso! Replicó Marsias.

-Entonces Apolo gana, dijeron las Musas.

-Eso es muy injusto, dijo el rey Midas-Su instrumento no se lo permite.

Como las musas eran nueve, Y Midas solo uno, ganaron ellas.

Apolo dijo entonces a Marsias:-¡Tú debes morir, por retar a al mismo dios de la música a una competencia! Y diciendo esto lo mató.

Después a Midas lo llamó burro y le tocó las orejas que comenzaron a crecer al instante, convirtiéndose en orejas de burro.

El Rey Midas avergonzado, corrió a cubrirse las orejas con un gorro frigio. No quería que nadie se enterase de su desgracia.

Pero su peluquero no tuvo más remedio que enterarse cuando lo fue a visitar para que le cortase el cabello. Midas lo amenazó de muerte si le contaba a una criatura viviente el secreto de sus orejas.

El secreto quemaba en el pecho del peluquero, necesitaba repetirlo desesperadamente.

Entonces viendo que no había nadie a su alrededor, cavó un hoyo a la vera del río Pactolus, se agachó y susurró dentro del hoyo: -El Rey Midas tiene orejas de burro.

Tapó el hoyo con arena, asegurándose que su secreto estaba bien enterrado y se fue aliviado.

Pero una caña comenzó a brotar y les susurró a las otras hierbas:

-El rey Midas tiene orejas de burro. Pronto los pájaros escucharon la noticia.

Justamente pasaba por el lugar un hombre llamado Melampo, que comprendía el lenguaje de los pájaros. Melampo les contó a sus amigos y luego fue delante del rey Midas y le dijo:

-¡Quítate el sombrero, quiero ver tus orejas de burro!

El rey Midas, sorprendido, primero le cortó la cabeza al peluquero y más tarde se mató a si mismo por la vergüenza.

 

PERSÉFONE, LA HIJA PERDIDA

 

Había una vez una diosa llamada Deméter que tenía una hermosa hija llamada Perséfone. La joven tenía grandes ojos verdes y una cabellera de bucles dorados. Vivía con su madre en un departamento del palacio en el monte Olimpo y de vez en cuando bajaba a los prados a recoger flores en compañía de sus amigas.

Un día, el dios de los muertos, Hades, que vivía en el centro de la tierra, rodeado de tinieblas, se enamoró profundamente de Perséfone.

Como Hades era muy astuto no se animó a acercarse sin antes pedir permiso a Zeus, el más importante de todos los dioses del Olimpo. Zeus, no le contestó ni sí ni no, pero le guiñó un ojo. Entonces Hades, trazó un plan para cumplir su deseo.

Un día que Perséfone, estaba recogiendo flores tranquilamente con sus amigas, se alejó distraída del grupo para recoger un narciso. En ese momento la tierra se abrió y de allí surgió el dios de los muertos en un carruaje negro. La secuestró y la llevó con él sin dejar ningún rastro.

Las amigas no habían visto como Perséfone se había esfumado sin dejar rastro alguno. Así que nada pudieron decirle a Deméter, la madre, que sufrió por la desaparición de su hija.

Deméter, desesperada comenzó a buscarla. Se disfrazó de anciana y comenzó a recorrer toda Grecia buscando alguna pista sobre su hija. Durante nueve días ni comió ni bebió.

Cuando los reyes de Eleusis la vieron, le ofrecieron quedarse con ellos en el palacio para cuidar de sus hijos.

Un buen día, el hijo mayor de los reyes le dijo:

-Diosa Deméter, tengo malas noticias. Un pastor me contó que vio un carruaje siniestro, guiado por un rey calzando una armadura negra, se llevó a una joven que gritaba muerta de miedo. La tierra se abrió y ambos desaparecieron en sus entrañas. Pienso que podría ser tu hija Perséfone.

Deméter, reconoció a Hades por la descripción del pastor, pensó que Zeus tenía algo que ver en este asunto y decidió vengarse.

Como Deméter era la diosa de la agricultura, recorrió Grecia prohibiendo a los árboles dar fruto, a los pastos crecer y a las semillas germinar. Al poco tiempo el ganado no tenía como alimentarse y comenzó a morir. Si esto continuaba, los hombres pronto morirían también por falta de alimento.

Zeus se asustó y trató de convencerla enviándole riquísimos regalos, joyas y oro, pero Deméter no los aceptó.-No quiero tus regalos. Solo quiero a mi hija Perséfone de vuelta en mi casa.

Zeus, viendo que era imposible convencer a Deméter, llamó a Hermes y lo envió al Tátaro para darle un mensaje al dios Hades.

- Por favor, devuelve a Perséfone o todos estaremos perdidos ya que los humanos están en serio peligro debido a la falta de alimento.

Hades le respondió:

-Solo puedo enviar a Perséfone de vuelta a su casa, mientras no haya probado el alimento de los muertos.

Perséfone estaba tan triste que se había negado a probar bocado desde el día de su secuestro.

Entonces Hades le dijo:

- Hermosa Perséfone, parece que no eres feliz a mi lado. No has probado bocado desde el día en que llegaste. Cada día estás más delgada y si sigues así pronto morirás. Mejor que vuelvas a tu casa.

Pero un jardinero que escuchó la conversación dijo:

-¿Cómo que no ha probado bocado? Yo la vi comer granadas de tu huerto esta mañana.

Hades se sonrió satisfecho. La subió a un carruaje y la llevó junto a su madre, que apenas la vio se abrazó a ella llorando de felicidad.

Pero Hades le dijo:

-Diosa Deméter, tu hija Perséfone ha comido siete granadas de mi huerto, por lo tanto debe regresar al Tártaro conmigo.

Deméter, furiosa respondió:

-Si eso ocurre, jamás levantaré la maldición que pesa sobre la tierra. Todos los hombres y los animales morirán.

Zeus, espantado por la respuesta de Deméter, envió a su esposa Hera a negociar con los dioses.

Finalmente, Deméter aceptó que el príncipe de las tinieblas se case con Perséfone. Su hija debía pasar siete meses al año con Hades, un mes por cada granada que comió y cinco meses junto a Deméter, su madre.

Por esa razón la tierra florece y fructifica en primavera y verano, cuando Perséfone visita a su madre y la tierra está triste y seca en otoño e invierno, cuando Perséfone está junto a Hades.

 

ATENEA Y ARACNE

Cuenta la leyenda que había una hermosa joven llamada Aracne. Era muy habilidosa en el arte de entretejer la lana, y por ese talento era reconocida.

Las Ninfas bajaban muchas veces hacia su morada para admirar sus trabajos y quedaban embelesadas por sus magníficos bordados.

En una ocasión le preguntaron si la diosa Atenea le había enseñado a trabajar la lana, pero Aracne se defendió como si la hubieran insultado:-¡Nadie me ha enseñado el oficio! Si Atenea quiere venir a competir conmigo, que venga!

Atenea la escuchó. Entonces se disfrazó de anciana para acercarse sin despertar sospechas y le dijo suavemente: -Acepta los consejos de esta anciana. Tú puedes alcanzar la gloria con tu oficio pero jamás podrás eclipsar a una diosa inmortal, como Atenea.

Aracne se ofuscó aún más:- ¡Que venga y teja! ¡Ya veremos quién gana!

Entonces, Atenea se quitó el disfraz de anciana, se sentó a su lado y comenzó a tejer. Durante horas y sin descanso se dedicaron a trazar intrincados y hermosos bordados.

Atenea hizo un magnífico trabajo, pero nada pudo decir del bordado maravilloso de Aracne.

La diosa, despechada destrozó en mil pedazos el trabajo de su competidora y ésta al no poder soportar esa humillación, intentó ahorcarse.

Atenea se compadeció de la joven y la salvó de la muerte pero luego le dijo: -¡Eres una desgraciada! ¡No vas a morir, pero a partir de ahora, tu vida penderá siempre de un hilo!

Aracne, fue convertida en araña y desde entonces no cesa de tejer colgada de un hilo.

 

HERACLES

Heracles, también conocido en Roma como Hércules, era hijo de Zeus y Almecna, una princesa de Tebas.

Hera, la esposa de Zeus, enojada por la infidelidad envió a dos serpientes para matarlo cuando todavía era un bebé. Pero Heracles, que era muy fuerte, tomó a las serpientes entre sus dedos fuertes como tenazas y las estranguló.

El niño fue creciendo, haciéndose cada vez más y más fuerte.

Años más tarde, Supo que el rey de Grecia, Euristeo, quería destronar al rey de Tebas, Anfitrión, que era su padrastro.

Heracles le ofreció a Euristeo ser su esclavo durante doce años, si permitía que su padrastro, Anfitrión, permaneciera en el trono durante ese tiempo.

Euristeo, al verlo tan fuerte, temió que lo destronara y consultó al oráculo de Apolo y este le dijo:-Accede al pedido, pero durante ese tiempo envíalo a hacer los trabajos más difíciles y peligrosos que puedas imaginar.

 

Heracles y el León de Nemea

heraclesEl primer trabajo que Euristeo le encomendó fue que trajera la piel del León de Nemea. Heracles salió en su búsqueda muy bien armado.

Cuando encontró al León, le disparó todas sus flechas, pero la piel era tan gruesa que no logró atravesarlo.

Entonces recurrió a su enorme maza y le pegó con ella en la cabeza mientras profería toda clase de gritos.

El León, confundido, se metió en su cueva. Esta cueva, cavada en la montaña tenía dos entradas. Heracles, juntó muchas rocas y las amontonó sobre una de las entradas hasta taparla totalmente y luego entró a la cueva armado de una flecha de acero afilada y su potente maza.

Cuando el león lo vio, abrió su enorme boca, mostrando sus afilados dientes, con las crines de su espalda de punta.

Heracles, entonces, se abalanzó descargando la maza sobre la cabeza del león dejándolo mal herido pero todavía vivo. Luego se trenzó en una lucha cuerpo a cuerpo. Con sus potentes brazos, lo apretó hasta asfixiarlo por completo.

Una vez muerto el león, le arrancó la piel y se la colocó sobre sus hombros como si fuera una coraza y volvió ante la presencia de Euristeo.

 

Heracles y la Hidra de Lerna

Esta vez Euristeo le pidió a Heracles que matase la Hidra de Lerna.

Para lograr esta difícil tarea, Heracles le pidió ayuda a su fiel compañero Yolao.

Cuando llegaron a la laguna de Lerna, Heracles disparo sus flechas para obligarla a salir del agua. 

Cuando la temible Hidra finalmente apareció, Heracles le aplastó la cabeza con su maza. Pero de cada gota caída de la sangre de la hidra, renacían dos nuevas cabezas de pequeñas hidras que crecían a gran velocidad. Como la lucha era feroz y se volvía interminable por la rápida reproducción de las hidras, le pidió a Yolao:-¡Pronto, Ayúdame! Arma una Tea con la rama de un árbol de ese bosque y quema las cabezas de hidra apenas nacen.

Yolao, hizo lo que Heracles le dijo y así fue quemando las cabezas una por una, impidiendo que se desarrollaran.

Cuando a la hidra le quedó solo una cabeza, Heracles la cercenó y luego la cortó en muchos pedazos que luego enterró.

Heracles, antes de retirarse, sumergió sus flechas en la sangre ponzoñosa de la hidra. Ahora contaba con flechas envenenadas.

 

Heracles y la Cierva de Cerineo

Apenas terminó con la hidra, el rey Euristeo lo mandó a traer viva a la cierva del monte Cerineo, que estaba consagrada a la diosa Artemisa.

Esta cierva, tenía cuernos de oro y patas de bronce. Nadie logró alcanzarla ya que nunca se cansaba de correr.

Heracles estuvo todo un año persiguiéndola, hasta que un día la siguió hasta un río. Como estaba muy crecido, la cierva no se animó a cruzarlo. Entonces, Heracles la tomó por sorpresa, la agarró por los cuernos, le ató las patas, la cargó sobre sus hombros y la llevó sana y salva ante Euristeo.

 

Heracles y el Jabalí de Erimanto

Euristeo le ordenó que fuera en busca del jabalí de Erimanto y lo trajera vivo.

Heracles partió a buscarlo con sus armas habituales.

Lo más difícil era encontrarlo, ya que la temible bestia se escondía muy bien, y solo salía de su escondite para sembrar el pánico entre los habitantes de Arcadia.

Heracles revisó uno por uno cada arbusto y revolvió las malezas hasta que lo encontró. El jabalí huyó y Heracles fue tras él atravesando valles y montañas sin descansar.

Heracles vio un desfiladero sin salida y logró que el jabalí, ya agotado se internase para reposar. Heracles aprovechó ese momento para capturarlo, le sujetó las fauces de afilados colmillos, le ató las patas y lo cargó sobre su ancha espalda para depositarlo a los pies de Euristeo.

 

Heracles y los Pájaros de Estinfalo

Euristeo le ordeno luego a Heracles que exterminara los pájaros del pantano de Estinfalo.

Estos Pájaros tenían el pico y las patas de bronces y sus plumas exteriores eran como dardos de acero. Destrozaban todas las cosechas y comían carne de humanos y rebaños. Eran el terror de la región.

 

Cuando Heracles intentó cazarlos lanzando sus afiladas flechas, estas rebotaban en las plumas de acero exteriores que hacían las veces de una armadura. Solo eran vulnerables en su parte interna, o sea en su pecho.

Heracles no podía atravesar el pantano nadando porque estaba lleno de barro y tampoco podía caminar sobre él porque se hundía en el barro por su propio peso.

La diosa Atenea, viendo su desesperación y con la intención de ayudarlo le entregó un címbalo, luego le dijo: -¡Sacúdelo!

Heracles entonces, sacudió el címbalo y los pájaros se echaron a volar, descubriendo el pecho vulnerable.

Allí Heracles que era un magnífico arquero, disparo sus flechas y los exterminó a todos.

 

Heracles y el Toro de Creta

Euristeo, rápidamente le encomendó otro trabajo a nuestro héroe, Heracles.

Esta vez le pidió que acorralara, capturara y trajera a Mecenas al temible Toro de Creta. Una empresa nada fácil.

Heracles se embarcó rumbo a la isla de Creta.

Una vez allí, buscó al toro hasta encontrarlo. Luego lo persiguió hasta introducirlo en un bosque.

Heracles trepó a un árbol y espero que el toro pasara y se arrojó sobre el lomo del animal. Después de una fuerte lucha cuerpo a cuerpo, logró colocarle un anillo en la nariz y arrastrarlo a través del agua hasta depositarlo frente a Euristeo.

 

Heracles y los Establos de Augías

El Rey de la Elida, Augías tenía unos establos muy sucios.

Tenía muchísimos rebaños de bueyes y nadie los había limpiado en treinta años. El estiércol se había acumulado y despedía un olor nauseabundo que se propagaba a toda la región.

Heracles vio que la tarea era muy difícil de cumplir porque los establos eran enormes ya que había más de treinta mil animales.

Entonces tuvo una idea brillante.

Abrió un boquete en uno de los muros laterales del enorme establo, luego fue hasta un río cercano, el río Alfio y con la ayuda de una pala y su fuerza, desvió el curso del río para hacer pasar el torrente por dentro del establo.

Las aguas del río atravesaron el establo, barriendo el estiércol acumulado, quedando impecable.

 

Heracles y los Caballos de Diomedes

Euristeo, le encargó otra difícil tarea a Heracles. Esta vez debía traerle los caballos de Diomedes.

 

Diomedes, era hijo de Ares, era muy sanguinario. El tenía un establo con una manda de caballos que escupían fuego por la boca. Diomedes, los alimentaba con los extranjeros náufragos que llegaban a las playas de la isla.

Heracles se embarcó a Tracia con un grupo de amigos.

Cuando llegaron, se dirigieron inmediatamente a los establos de Diomedes, Atacaron a los sirvientes que cuidaban el establo y luego fue en busca de Diomedes para arrojarlo en medio del pesebre de bronce donde comían los caballos. De esa manera sufriría en carne propia el mismo castigo que empleaba con los pobres náufragos. Los caballos lo devoraron al instante.

Más tarde, los condujo con la ayuda de sus amigos hasta el palacio de Euristeo.

 

Heracles y las Amazonas

Euristeo tenía una hija llamada Admeta, que siempre anheló tener el cinturón de Hipólita, reina de las amazonas.

Euristeo, le encargó a Heracles que lo buscara y lo trajera para su hija. Heracles partió con un grupo de amigos hacia el país de las amazonas.

Al llegar, Heracles pudo comprobar que las amazonas conformaban un pueblo de guerreras. Todas ellas sabían combatir a caballo y eran diestras en el uso de las armas. Hipólita lo recibió muy bien y cuando le preguntó cuál era el motivo de su visita, Heracles le comentó –El rey Euristeo me encargó que le lleve tu cinturón, ya que su hija Admeta, desea tenerlo.

Hipólita le respondió- Yo misma te lo obsequiaré con mis respetos para el rey.

Rea, la esposa de Zeus, que siempre estaba atenta tratando de perjudicar a Heracles por ser hijo ilegítimo de su marido, se disfrazó de amazona y comenzó a sembrar sospechas entre las amazonas. Les dijo: -No confíen en Heracles, es muy traicionero. Lo único que desea es capturar a Hipólita.

Las amazonas comenzaron a sospechar y luego se alzaron en terrible lucha, muriendo hasta la misma Hipólita en la sangrienta batalla.

Heracles le quitó el cinturón y pudo volver ante Euristeo con el encargo cumplido.

 

Heracles y los Toros de Gerión

Euristeo decidió esta vez, enviar a Heracles a buscar los Toros Rojos de Gerión.

Gerión era un terrible gigante con tres cuerpos. Vivía en una isla lejana de occidente, cruzando el océano y tenía un rebaño de hermosos toros rojos, custodiados por un boyero y un temible perro con tres cabezas.

Para llegar a tan remoto lugar, Heracles tuvo que recorrer la costa de África. Al llegar al estrecho que separa Europa de África, levantó dos columnas, una en cada continente para conmemorar su paso por ese territorio.

En ese lugar, el sol brillaba con tanta fuerza, y la temperatura era tan agobiante, que Heracles, enfurecido, le arrojó dos flechas al sol.

El sol sorprendido por esa actitud tan audaz, con el deseo de apaciguarlo le dio una copa de oro que al descender del cielo podía transportarlo a través del cielo, cruzando el océano hasta la costa del horizonte lejano donde el sol sale para iluminar al mundo.

Heracles trepó a la copa y se trasladó volando hasta la lejana isla de Gerión.

Cuando llegó a su destino lo esperaban el terrible perro de tres cabezas que no bien lo vio comenzó a ladrarle y a mostrarle sus afilados colmillos. Heracles tomó su maza y le partió las tres cabezas.

Luego apareció el boyero-¿Qué pasa? ¿Quién anda por ahí? Preguntó.

Heracles lo sorprendió y también descargó su maza dejándolo inconsciente. Cuando apareció el terrible gigante Gerión, Heracles lo atacó con sus afiladas flechas hasta darle muerte.

Luego, Tomo el rebaño de toros rojos que hizo subir a la copa y volvió a volar en ella haciendo el recorrido inverso atravesando la noche sobre el océano.

Luego condujo el rebaño de toros a pié. Pero al llegar al Ródano, sus habitantes se enamoraron de esos hermosos bueyes rojos y le presentaron una feroz batalla. Tan cruel fue la pelea que Heracles quedó mal herido en la contienda.

Heracles pensó que estaba perdido y pidió ayuda a su padre, Zeus a los gritos-¡Por favor, Padre Zeus, ayúdame!

Zeus lo escuchó y para ayudarlo envió una gran tormenta de granizo sobre el enemigo.

Las piedras de hielo eran enormes y los enemigos de Heracles huyeron despavoridos.

Luego de atravesar numerosas regiones, y estando ya cerca de su meta, Hera, que siempre estaba atenta para causarle problemas a Heracles, envió un tábano que volvió loco al rebaño con sus picaduras.

Los toros corrieron enloquecidos y el rebaño se dispersó en las montañas.

Heracles perdió mucho tiempo tratando de agrupar nuevamente a los toros, recuperó la mayor parte y luego se dirigió a Micenas ante Euristeo, que no podía creer que Heracles, nuevamente, resultara victorioso en tan difícil tarea.

 

 

Heracles en el Jardín de las Hespérides

Euristeo, esta vez le encargó a Heracles que le traiga las manzanas de oro, que la diosa Gea le había regalado a Hera como regalo de casamiento y, que Hera, había plantado en un jardín lejano de occidente custodiado por las Ninfas de la tarde, conocidas como Hespérides y un dragón de cien cabezas llamado Ladón.

El recorrido que hizo Heracles para llegar al misterioso jardín es muy complicado ya que nadie conocía bien su ubicación.

Primero Heracles fue a visitar unas Ninfas para que lo orientaran, pero las Ninfas le dijeron que tenía que buscar al dios Nereo, ya que era el único que conocía la ubicación precisa.

Heracles buscó a Nereo y lo capturó para obligarlo a revelar el secreto. Nereo no quería decir ni media palabra. Heracles lo encadenó y Nereo que era un dios, se transformó en león, luego en serpiente y más tarde en llamas. Pero Heracles se mantuvo firme sin asustarse y Nereo finalmente confesó el sitio secreto del famoso jardín.

Para llegar, Heracles tuvo que atravesar África. Caminó y caminó hasta llegar al punto más alejado del mundo occidental y allí vio las puertas del jardín.

También vio a Atlas, un gigante enorme que en su destierro fue obligado a cargar sobre sus espaldas el peso de la bóveda celeste.

Heracles conocía bien la existencia del temible dragón Ladón. Entonces le propuso al gigante que si iba en busca de las manzanas de oro, el sostendría el firmamento en su lugar. Atlas aceptó porque ya estaba cansado de tener tanto peso sobre sus hombros. Entró al jardín y arrancó los frutos dorados, pero al regresarle dijo a Heracles que quería ir en persona a entregar el preciado botín a Euristeo.

Heracles tuvo que pensar rápidamente una respuesta.: - Me parece bien. Dijo,- Pero antes, permíteme buscar algo que sirva de almohadilla y me acomode el cabello para que amortigüe el peso de tanta carga.- Sostiene unos minutos el cielo hasta que resuelva este problema.

El gigante no se dio cuenta del engaño y cargó nuevamente sobre sus espaldas todo el peso de la bóveda celeste.

Heracles, tomó las manzanas de oro y salió corriendo hasta llegar ante Euristeo.

 

Heracles y el Can Cerbero

cerberoEuristeo pensó y pensó tratando de encontrar otro trabajo difícil.

Luego le dijo Hércules: Debes traerme el temible can Cerbero.

Hércules, entonces descendió en compañía de Hermes al abismo de los muertos.

Llegó hasta el mismo trono de Hades, el dios de las tinieblas y le explicó el motivo de su visita.

Hades le respondió: Puedes llevarte a Cerbero a plena luz del día. Pero con una sola condición. No debes usar armas contra él.

Hércules, se cubrió con la piel del león de Nemea que hacía las veces de escudo protector, luego tomó al can por el cuello de donde confluían las tres cabezas y aunque el perro logró morderlo con sus afilados colmillos, Hércules lo apretó con tal fuerza que casi lo asfixia.

El animal, sintiendo que estaba dominado se tranquilizó y lo siguió como un manso cachorrito.

Cuando se lo llevó a Euristeo, este se asustó tanto de ver el aspecto horroroso del animal que le pidió que lo devolviera urgentemente al Tártaro