Lecturas volver a mester de clerecía
Libro de Buen Amor  
Versión de María Brey Mariño. Libro de Buen Amor, Madrid, Castalia, Odres Nuevos,1988.

Introducción

Intellectum tibí dabo et instraam te in vía hac, que gradieris: firmabo super te oculos meos , dice el profeta David hablando, en nombre del Espíritu Santo, a cada uno de nosotros en el Salmo 31, verso 10, que es el condenso arriba escrito. En dicho verso entiendo yo tres cosas que algunos doctores filósofos dicen que radican en el alma y de ella son propiedades. Son éstas: entendimiento, voluntad y memoria.

Las cuales, digo, son tan buenas que dan al alma consolación y prolongan la vida al cuerpo y le dan honra, provecho y buena fama. Pues por el entendimiento entiende el hombre él bien y conoce el mal y así una de las peticiones que hizo David a Dios, a fin de comprender su ley, fue ésta: Da mihi intellectum, etc., ya que el hombre, conociendo el bien, tendrá temor de Dios, que es donde reside el comienzo de toda sabiduría, como dice el citado profeta: Initium sapientíae timor Domini (3). Por lo tanto, el buen entendimiento está en aquellos que temen a Dios y el mismo David sigue este razonamiento en otro lugar en que dice: Intellectus bonus ómnibus facientibus eum (4), etc. También Salomón dice en él Libro de la Sabiduría: Qui timet Dominuni facíet bona (5). Todo esto se contiene en la primera afirmación del verso con que yo comencé, en lo que dice: Intellectum tibí dabo.

Y una vez que el alma está informada e instruida, de que se ha de salvar en un cuerpo limpio, el hombre piensa y ama y desea el buen amor de Dios y sus mandamientos. Y a este propósito dice el dicho profeta: Et meditabor in mandatis tuis quae dilexi (6). Y, además, el alma rechaza y aborrece, el pecado del amor loco de este mundo. Sobre esto dice el salmista: Qui diligitis bominum, odite malum (7), etc. Por lo cual se sigue luego la segunda afirmación del verso, que dice: Et instruam te.

Y cuando el alma, con buen entendimiento y buena voluntad escoge y ama el buen amor, que es el de Dios, con buena "remembranza lo pone en la guarda de la memoria para recordarlo y obliga al cuerpo a hacer buenas obras por las cuales se salva el hombre. Sobre esto dice San Juan Apóstol en el Apocalipsis, hablando de los buenos que mueren obrando bien: Beati mortui qui in Domino moriuntur: opera enim illorum sequuntur illps (8). Y dice también el profeta: Tu reddes unicuique juxta opera sua (9).

Sobre esto concluye la tercera afirmación del verso citado al principio, que dice: In vía hac, qua gradieris: firmabo super te oculos meos. Es decir, podemos sostener, sin duda, que hay en la buena memoria, el recuerdo de obras que el alma escoge con buen entendimiento y buena voluntad, amando el amor de Dios, para, por ellas, salvarse. Pues Dios fija sus ojos en el hombre por las buenas obras que éste hace en la carrera de salvación que recorre. Esta es la sentencia del verso que se cita al principio.

Aunque a veces se piensa en el pecado, se desea y aun se comete, este desacuerdo no viene del buen entendimiento, ni tal deseo huye de la buena voluntad, ni de una buena obra nace otra mala, sino de la flaca condición humana que existe en todo hombre: que no es posible escapar de pecado. Pues dice Catón: Nemo sine crimine vivit (10). Y lo dice Job: Qui potest facere mundum de inmundo conceptum semine? (11). Como si afirmase: Nadie, salvo Dios. Y viene también de la mengua del buen entendimiento, pues de éste carece el hombre cuando piensa vanidades de pecado. De tal pensamiento dice el salmista: Cogitationes hominum vanae sunt (12). Y aconseja también a los muy disolutos y de mal entendimiento: Nolite fieri sicut equus et mulus, in quibus non est intellectus (13). Y afirmo también que viene de la pobreza de la memoria no instruida por el buen entendimiento, de tal modo que no puede amar el bien ni acordarse de él para practicarlo. Nace también de que la naturaleza humana está más aparejada e inclinada al mal que al bien, al pecado que a la virtud: esto dice el Decreto.

Tales son algunas de las razones por las que se escriben los libros de leyes y Derecho, de ejemplos, costumbres y otras ciencias. Así se originan también la pintura y la escultura y las imágenes primeramente halladas, a causa de que la memoria del hombre es deleznable: esto dice el Decreto. Pues tener todas las cosas en la memoria y no olvidar algo, más es cosa de Divinidad que de humanidad: esto dice el Decreto. Y por esto es más apropiado a la memoria del alma, que es espíritu de Dios, criado y perfecto, y vive siempre en Dios. También dice David: Anima mea illius vivet (14): quaerite Dominum et vivet anima vestra (15). Y no es condición propia del cuerpo humano, que dura poco tiempo. Ya dice Job: Breves dies hominis sunt. Y también: Homo natus de muliere: breves dies homini sunt (16). Y dice sobre esto David: Anni nostri sicut arannea meditabuntur (17), etc.

Así yo, en mi poquilla ciencia y mucha y gran rudeza, comprendiendo cuántos bienes hace perder el loco amor del mundo; al alma y al cuerpo y los muchos males qué les apareja y trae, hice esta chica escritura en memoria de bien, escogiendo y deseando con buena voluntad la salvación y gloría del Paraíso para mi alma, y compuse este nuevo libro en que van escritas algunas maneras y maestrías y sutilezas engañosas del loco amor del mundo, usadas por algunos para pecar. Leyéndolas  y oyéndolas, el hombre o la mujer de buen entendimiento que se quiera salvar, escogerá su conducta y podrá decir con el salmista: Viam veritatis (18), etc.

Por otra parte, los de poco entendimiento no se perderán leyendo y observando el mal que hacen o tienen el propósito de  hacer, y los reincidentes en malas mañas, al ver descubiertas públicamente las muy engañosas maneras que usan para pecar y engañar a las mujeres, aprestarán la memoria y no despreciarán su propia honra, pues muy cruel es quien su fama menosprecia, el Decreto lo dice, y preferirán amarse a sí mismos que amar al pecado, ya que la ordenada caridad por uno mismo comienza, el Decreto lo dice, y desecharán y aborrecerán las maneras y malas mañas del loco amor que hace perder las almas y caer en la ira de Dios, acortando la vida y dando mala fama, deshonra y muchos daños a los cuerpos.

No obstante, puesto que es humana cosa el pecar, si algunos quisieran (no se lo aconsejo) usar del loco amor, aquí hallarán  algunas maneras para ello. Y así este mi libro bien puede decir  a cada hombre o mujer, al cuerdo y al no cuerdo, al que razone bien, escogiere la salvación y obrare bien amando a Dios, y al que prefiera el amor loco en el camino que anduviere: Intellectum tibí dabo, etc.

Y ruego y aconsejo a quien lo leyere o lo oyere que guarde bien las tres cosas del alma. Lo primero, que quiera bien comprender y bien juzgar mi intención, por qué hice el libro y la moraleja que de él se saca, no el feo sonido de las palabras, pues, según Derecho, las palabras sirven a la intención y no a intención a las palabras, y Dios sabe que mi intención no fue hacerlo para dar pauta de pecado ni por mal hablar, sino para despertar en toda persona la buena memoria del bien obrar y dar ejemplo de buenas costumbres y consejos de salvación, y para que todos estén avisados y se puedan mejor defender de tantas mañas como algunos usan para el loco amor. Pues dice San Gregorio que menos hieren al hombre los dardos si antes los ha visto venir y mejor nos podemos guardar de lo que de antemano conocemos.

Compúselo también para dar a algunos lección y muestra de metrificar, rimar y trovar, pues trovas y notas y rimas y dictados y versos van hechos cumplidamente, según esta ciencia requiere.

Y como Dios y la fe católica son comienzo y fundamento de toda buena obra, según dice la primera Decretal de las Clementinas, que comienza: Fidei Catholicae fundamento, y como donde este cimiento no existe no se puede hacer obra firme ni firme edificio, según dice el Apóstol, comencé mi libro  en  el  nombre   de  Dios  y  tomé  el  verso primero del salmo de la Santa Trinidad y de la fe católica, a saber: Quicumque vult (19), que dice: Ita Deus Pater, Deus Filius, etc.

Introducción en prosa al Libro.
El Arcipreste argumenta sobre su intención al escribir el libro. Es un clérigo.
Hace referencias a sus fuentes, principalmente la Biblia; con citas de la misma en latín, claro, alusiones a los autores. Es una complicada argumentación basada en las propiedades del alma y su inclinación al amor de Dios.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Se dirige a su público, sabe que lo leeran y algunos tendrán que escucharlo.
 
Aquí llega a su intención: conocer el mal, el pecado, que procede del loco amor. Así quien quiera salvarse escogerá el camino adecuado.
 
 
Los que pecan se verán reflejados y descubiertos. Rechazarán el loco amor
 
Si alguno decide pecar, aquí encontrará cómo, aunque él no aconseja este camino.
Insiste su buena intención al escribirlo. Invita a quedarse con la enseñanza del libro: mostrar el mal para que todos sepan elegir la salvación.

Para mostrar el arte de componer el verso, como todo autor culto.

Se encomienda a Dios.

 

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Invocación
Estrofas 11-19
 
 

Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo:
El que nació de Virgen esfuerzo nos dé, tanto
que siempre le loemos, en prosa como en canto;
sea de nuestras almas la cobertura y manto.

                            
El Creador del cielo, de la tierra y del mar,
El me dé la su gracia y me quiera alumbrar;
y pueda de cantares un librete rimar
que aquellos que lo oyeren puedan solaz tomar.

Tú que al hombre formaste, ¡oh mi Dios y Señor!
ayuda al Arcipreste, infúndele valor;
que pueda hacer aqueste Libro de buen amor
que a los cuerpos dé risa y a las almas vigor.

Si quisiereis, señores, oír un buen solaz,
 escuchad el romance; sosegaos en paz,
no diré una mentira en cuanto dentro yaz:
todo es como en el mundo se acostumbra y se haz.

Y porque mejor sea de todos escuchado,
os hablaré por trovas y por cuento rimado;
es un decir hermoso y es arte sin pecado,  
razón más placentera, hablar más delicado.

No penséis que es un libro necio, de devaneo,
ni por burla toméis algo de lo que os leo,
pues como buen dinero custodia un vil correo
así, en feo libro está saber no feo.

El ajenuz, por fuera, negro es más que caldera
y por dentro muy blanco, más que la peñavera;
blanca, la harina yace so negra tapadera,
lo dulce y blanco esconde la caña azucarera.

Bajo la espina crece la noble rosa flor,
so fea letra yace saber de gran doctor;
como so mala capa yace buen bebedor,
así, so mal tabardo, está el Buen Amor.

 
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Sigue una Invocación a Dios, ya en Cuaderna Vía
Canto: verso
 
 
Público
 
Por este verso se le ha llamabo Libro de Buen Amor.
 
 
 
 
La Cuaderna Vía
 
 
 
 
Comparaciones
 
 
 
 
 
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Disputa de los griegos y romanos.

Estrofas 47-70

 

Así ocurrió que Roma de leyes carecía;

pidióselas a Grecia, que buenas las tenía.

Respondieron los griegos que no las merecía

ni había de entenderlas, ya que nada sabía.

 

Pero, si las quería para de ellas usar,

con los sabios de Grecia debería tratar,

mostrar si las comprende y merece lograr;

esta respuesta hermosa daban por se excusar.

 

Los romanos mostraron en seguida su agrado;

la disputa aceptaron en contrato firmado,

mas, como no entendían idioma desusado,

pidieron dialogar por señas de letrado.

 

Fijaron una fecha para ir a contender;

los romanos se afligen, no sabiendo qué hacer,

pues, al no ser letrados, no podrán entender

a los griegos doctores y su mucho saber.

 

Estando en esta cuita, sugirió un ciudadano

tomar para el certamen a un bellaco romano

que, como Dios quisiera, señales con la mano

hiciese en la disputa y fue consejo sano.

 

A un gran bellaco astuto se apresuran a ir

y le dicen: —«Con Grecia hemos de discutir;

por disputar por señas, lo que quieras pedir

te daremos, si sabes de este trance salir».

 

Vistiéronle muy ricos paños de gran valía

cual si fuese doctor en la filosofía.

Dijo desde un sitial, con bravuconería:

—«Ya pueden venir griegos con su sabiduría».

 

Entonces llegó un griego, doctor muy esmerado,

famoso entre los griegos, entre todos loado;

subió en otro sitial, todo el pueblo juntado.

Comenzaron sus señas, como era lo tratado.

 

El griego, reposado, se levantó a mostrar

un dedo, el que tenemos más cerca del pulgar,

y luego se sentó en el mismo lugar.

Levantóse el bigardo, frunce el ceño al mirar.

 

Mostró luego tres dedos hacia el griego tendidos,

el pulgar y otros dos con aquél recogidos

a manera de arpón, los otros encogidos

Sentóse luego el necio, mirando sus vestidos.

 

Levantándose el griego, tendió la palma llana

y volvióse a sentar, tranquila su alma sana;

levantóse el bellaco con fantasía vana,

mostró el puño cerrado, de pelea con gana.

 

Ante todos los suyos opina el sabio griego:

— Merecen los romanos la ley, no se la niego».

Levantáronse todos con paz y con sosiego,

¡gran honra tuvo Roma por un vil andariego!

 

Preguntaron al griego qué fue lo discutido

y lo que aquel romano le había respondido:

— Afirmé que hay un Dios y el romano entendido,

tres en uno, me dijo, con su signo seguido.

 

Yo: que en la mano tiene todo a su voluntad;

él: que domina al mundo su poder, y es verdad.

Si saben comprender la Santa Trinidad,

de las leyes merecen tener seguridad.

 

Preguntan al bellaco por su interpretación:

— Echarme un ojo fuera, tal era su intención

al enseñar un dedo, y con indignación

le respondí airado, con determinación,

 

que yo le quebraría, delante de las gentes,

con dos dedos los ojos, con el pulgar los dientes;

Dijo él que si yo no le paraba mientes,

a palmadas pondría mis orejas calientes.

 

Entonces hice seña de darle una puñada

que ni en toda su vida la vería vengada;

cuando vio la pelea tan mal aparejada

no siguió amenazando a quien no teme riada».

 

Por eso afirma el dicho de aquella vieja ardida

que no hay mala palabra si no es a mal tenida, 

toda frase es bien dicha cuando es bien entendida.

Entiende bien mi libro, tendrás buena guarida.

 

La burla que escuchares no la tengas por vil,

la idea de este libro entiéndela, sutil;

pues del bien y del mal, ni un poeta entre mil

hallarás que hablar sepa con decoro gentil.

 

Hallarás muchas garzas, sin encontrar un huevo,

remendar bien no es cosa de cualquier sastre nuevo

a trovar locamente no creas que me muevo,

lo que Buen Amor dice, con razones te pruebo.

 

En general, a todos dedico mi escritura;

los cuerdos, con buen seso, encontrarán cordura;

los mancebos livianos guárdense de locura;

escoja lo mejor el de buenaventura.

 

Son, las de Buen Amor razones encubiertas;

medita donde hallares señal y lección ciertas,

si la razón entiendes y la intención aciertas,

donde ahora maldades, quizá consejo adviertas.

 

Donde creas que miente, dice mayor verdad,

en las coplas pulidas yace gran fealdad;

si el libro es bueno o malo por las notas juzgad,

las coplas y las notas load o denostad.

 

De músico instrumento yo, libro, soy pariente;

si tocas bien o mal te diré ciertamente;

en lo que te interese, con sosiego detente

y si sabes pulsarme, me tendrás en la mente.

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Sigue el mismo tema. Ahora por medio de un exemplum que demuestra la necesidad de entender bien su Libro
 
 
 
 
 
Método de las escuelas y universidades
 
 
 
 
Este recurso del lenguaje mediante señales se daba entre los monjes obligados a guardar la regal del silencio. Utilizaban signos para comunicar cuestiones cotidianas y llegó a codificarse en muchas monasterios. Leer más
Puede ser una parodia
 
 
 
 
 
 
Comienza el debate
Hay que imaginar las señales.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Interpretaciones de los signos:
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Moraleja
Hay que entender bien su Libro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Razones para el amor.
Estrofas 71-76

Aristóteles dijo, y es cosa verdadera,
que el hombre por dos cosas trabaja: la primera,
por el sustentamiento, y la segunda era
por conseguir unión con hembra placentera.

Si lo dijera yo, se podría tachar,
mas lo dice un filósofo, no se me ha de culpar.

De lo que dice el sabio no debemos dudar,
pues con hechos se prueba su sabio razonar.

Que dice verdad el sabio claramente se prueba;
hombres, aves y bestias, todo animal de cueva
desea, por natura, siempre compaña nueva
y mucho más el hombre que otro ser que se mueva.

Digo que más el hombre, pues otras criaturas
tan sólo en una época se juntan, por natura;
el hombre, en todo tiempo, sin seso y sin mesura,
siempre que quiere y puede hacer esa locura.

Prefiere el fuego estar guardado entre ceniza,
pues antes se consume cuanto más se le atiza;
el hombre, cuando peca, bien ve que se desliza,
mas por naturaleza, en el mal profundiza.

Yo, como soy humano y, por tal, pecador,
sentí por las mujeres, a veces, gran amor.
Que probemos las cosas no siempre es lo peor;
el bien y el mal sabed y escoged lo mejor.

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Autor que da validez a sus palabras.
Entra en el tema del libro.
 
 
 
Otra prueba: la experiencia
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Indicaciones al lector.
 
 

De la constelación y del planeta bajo cuyo influjo nace cada hombre. Veracidad de la astrología.

El hijo del rey Alcaraz

 Estrofas 123-165

 

Los astrólogos sientan, en el razonamiento

sobre la Astrología, este conocimiento:

todo hombre que nace, desde su nacimiento,

bajo un signo respira, hasta el último aliento.

 

lo dice Tolomeo y dícelo Platón,

otros muchos maestros tienen ésta opinión:

que según sea el signo y la constelación

del que nace, así luego su vida y hechos son.

 

Muchos hay que desean seguir la clerecía,

estudian mucho tiempo, gastan en gran cuantía

y, al cabo, saben poco, pues su hado les guía;

no pueden combatir contra la Astrología.

 

Otros, frailes se hacen para salvar sus almas;

otros quieren, por fuerza, ejercitar las armas;

otros sirven señores con sus manos entrambas,

pero muchos fracasan, dando en tierra de palmas

 

No perseveran frailes, ni se hacen caballeros,

ni de sus amos logran mercedes ni dineros:

pues, si tal acontece, estimo verdaderos,

según naturaleza, a aquellos estrelleros.

 

Para mostrar lo cierto de pronósticos tales,

os tornaré él juicio dé cinco naturales

qué juzgaron a un niño por seguras señales

y predijeron luego fuertes y graves males.

 

Érase un rey de moros, Alcaraz nombre había;

nacióle un hijo bello, único que tenía;

mandó venir los sabios, preguntarles quería

el signo y el planeta del hijo que nacía.

 

Entre los estrelleros que vinieron a ver,

cinco de ellos había de cumplido saber:

al conocer el día en que hubo de nacer,

un maestro sentencia: —«Apedreado ha de ser».

 

Juzgó el segundo y dijo: —«Este ha de ser quemado».

Dijo el tercero: —«El niño ha de ser despeñado».

Dijo el cuarto: —«El infante habrá de ser colgado».

Dijo el quinto: —«En el agua perecerá ahogado».

 

Al ver el rey que había juicios no acordados

mandó que los maestros fuesen encarcelados;

los hizo meter presos en sitios apartados:

estimó sus juicios como engaños probados.

 

Una vez ya el infante a buena edad llegado,

a su padre pidió que le fuese otorgado

de ir a correr monte, cazar algún venado;

el rey le respondió aprobando de grado.

 

Tuvieron día claro al salir a cazar;

ya llegados al monte se empezó a levantar

repentino nublado: comenzó a granizar;

pasado poco tiempo ya era apedrear.

 

Acordándose el ayo de aquello que juzgaron

los sabios estrelleros que el hado examinaron:

—«Señor —dijo—, guardaos, por si los que estudiaron

vuestro signo dijeron la verdad y acertaron».

 

Pensaron en seguida dónde se guarecer,

mas, como en todo caso tiene que suceder

que lo que Dios ordena como tiene que ser,

siguiendo normal curso, no se puede torcer,

 

en medio del pedrisco el infante aguijó;

cuando pasaba un puente, un gran rayo cayó,

horadándose el puente, allí se despeñó;

en un árbol del río de sus ropas colgó.

 

Estando así colgado donde todos lo vieron,

que se ahogase en el agua evitar no pudieron;

las cinco predicciones todas bien se cumplieron

y los sabios astrólogos verdaderos salieron.

 

Tan pronto como el rey conoció este pesar

y mandó a los estrelleros de la prisión soltar,

hízoles mucho bien y mandóles usar

la ciencia de los astros, de que no hay que dudar.

 

Los astrólogos, creo, predicen realmente

pero Dios, que creó natura y accidente

puede mudar el rumbo y obrar distintamente;

según la fe católica; yo de esto soy creyente.

 

Creer en la natura no es una mala usanza,

si se confía en Dios con muy firme esperanza;

y para que no tengas en mí desconfianza

pruébolo brevemente con esta semejanza.

 

Es cierto que el rey tiene, en su reino, poder

de dar leyes y fueros y derechos hacer;

con ellos manda libros, códigos componer,

señalando al delito qué pena ha de ten

 

Ocurre que algún hombre comete gran traición

y una ley le condena a morir, con razón;

pero si hay personajes que sus amigos son

y ante el rey interceden, consigue su perdón.

 

Otras veces, el hombre que el crimen cometió,

al rey, en algún caso, de tal modo sirvió

que el rey, agradecido, a piedad se movió

y a los yerros pasados cumplido perdón dio.

 

Y así, aunque por fuero tenía que morir,

el mismo autor del fuero no quiere consentir;

le dispensa del fuero, le permite vivir;

quien puede hacer las leyes, puede contra ellas ir.

 

También el Papa puede sus decretales dar

y manda que sus súbditos las han de respetar,

mas de su cumplimiento les puede dispensar,

por gracia o por servicio les puede exceptuar.

 

Vemos cómo a diario ocurre esto, de hecho,

pero, a pesar de ello, las leyes, el Derecho

y aun el fuero escrito no resulta deshecho,

antes bien, se confirma y con mucho provecho.

 

Así, pues, el Señor cuando el Cielo creó

puso en él sus señales, planetas ordenó,

poderes e influencia a todos otorgó,

pero poder más grande para sí reservó.

 

Es decir, por ayuno, limosna y oración

y por servir a Dios con mucha contrición

se deshace el mal signo y su constelación;

el poder de Dios quita toda tribulación.

 

No son los estrelleros, por tanto, mentirosos;

juzgan según natura, por sus cuentos hermosos;

ellos y sus estudios son ciertos, no dudosos,

mas ante Dios se humillan y no son poderosos.

 

Yo no sé Astrología, ni en ella soy maestro,

ni sé del astrolabio más que buey de cabestro,

mas como cada día veo que ocurre esto

por eso os lo repito. Y también veo aquesto:

 

Bajo el signo de Venus muchos nacen: su vida

es amar las mujeres, nunca se les olvida;

trabajan y se afanan sin tregua, sin medida

y los más no consiguen la prenda tan querida.

 

En este signo tal creo que yo nací;

procuré servir siempre a las que conocí,

el bien que me causaron no desagradecí

y a muchas serví mucho y nada conseguí.

 

Puesto que he comprobado ser mi destino tal,

es servir a las damas mi aspiración total;

aunque comer no pueda la pera del peral

el sentarse a la sombra es placer comunal.

 

Muchas noblezas tiene quien sirve a la mujer

lozano y hablador y sincero ha de ser;

quien es bueno no debe a las damas temer,

que, si causan pesares, también nos dan placer.

 

Amor hace sutil a quien es hombre rudo;

convierte en elocuente al que antes era mudo,

quien antes fue cobarde, después todo lo pudo;

al perezoso obliga a ser presto y agudo.

 

Al joven le mantiene en fuerte madurez;

disimula en el viejo mucho de su vejez,

hace blanco y hermoso al negro como pez;

el Amor da prestancia a quien vale una nuez.

 

Aquel que tiene amores, por muy feo que sea

y lo mismo su dama, adorada aunque fea,

el uno como el otro no hay cosa que vea

que tan bien le parezca ni que tanto desea.

 

El babieca y el torpe, el necio y el muy pobre

a su amiga parece muy bueno y rico hombre,

más noble que los otros; por tanto, todo hombre

cuando pierda un amor, otro en seguida cobre.

 

Pues aunque esté sujeto a un signo de natura

igual a la del mío, afirma una escritura

que buen esfuerzo vence a la mala ventura

y a toda pera verde el tiempo la madura.

 

Una falta le hallo al Amor poderoso

la cuál a vos, señoras, descubrirla no oso;

pero no me toméis por decidor medroso,

aquí está: que el Amor es un gran mentiroso.

 

Pues según os he dicho en anterior conseja,

lo torpe, con amor, a todo bien semeja,

parece cosa noble lo que vale una arveja,

lo que parece no es: aplica bien la oreja.

 

Si las manzanas siempre tuvieran tal sabor

por dentro como tienen por fuera buen color,

no habría entre las plantas fruta de tal valor.

Se pudren en seguida, pero ¡dan buen olor!

 

Lo mismo es el Amor; con su palabra llena

cualquier cosa que diga siempre parece buena;

no siempre es un cantar el ruido que suena,

por advertiros esto, señoras, no os dé pena.

 

Dicen que la verdad rompe las amistades,

pero por no decirla nacen enemistades;

entended del proverbio las sabias claridades;

lisonja de enemigo no guarda lealtades.

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Por qué se ve inclinado siempre al amor.Astrología.
 
 
Autoridades
 
 
Sociedad medieval
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Exemplum que demuestra que el hombre no debe ir contra su naturaleza.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Dios es el único que puede cambiar el destino fijado por los astros.
 
 
 
 
 
Comparaciones poder de Dios:
Con el rey.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Con el Papa.
 
 
 
 
 
Única forma de evitar malas influencias de los planetas y signos.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Su propio destino: nacío bajo el signo de Venus, que le inclina al amor.
 
Es un hombre sanguíneo.
 
 
 
 
 
 
Efectos del amor sobre el enamorado
procede de Ovidio y es un tópico en la literatura medieval.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Su fuente.
 
 
 
 
Defectos del Amor
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La soberbia. El bosco

 

La Soberbia
Estrofas 230-245

Mucha soberbia creas donde sin miedo estás,
piensas tranquilamente dónde conseguirás
joyas para tu amiga, con qué las comprarás;
así robas y hurtas, mas luego pagarás.

Haces con tu soberbia intentar malas cosas,
robar a viandantes las alhajas preciosas,
seducir a mujeres casadas, las esposas,
vírgenes y solteras, viudas, religiosas.

A quienes así obran la ley manda matar;
mueren de malas muertes, no les puedes librar,
el diablo los lleva por dejarse embaucar;
el fuego infernal arde donde vas tú a morar.

A muchos, por soberbia, los hiciste perder;
los ángeles primero, con ellos Lucifer,
por su mucha soberbia, por desagradecer,

de las sillas del Cielo hubieron de caer.

Aunque por su natura buenos fueron creados,
por su grande soberbia fueron y son dañados;
cuantos por la soberbia fueron y son dañados
no puede reseñarse ni en mil pliegos contados.

Cuantas hubo y habrá batallas y peleas,
injurias y reyertas y contiendas muy feas,
Amor, por tu soberbia se hacen, bien lo creas;
toda maldad del mundo está donde tú seas.

El hombre muy soberbio, altanero y osado,
el que a Dios no respeta, ni es hombre ponderado,
antes muere que otro débil o desgraciado,
como le ocurrió al asno con el caballo armado.

Iba a reñir en duelo un caballo vehemente
porque burló a una dama el su señor valiente;
lorigas ajustadas, arrogante se siente, delante
de él camina un asno muy doliente.

Con los pies, con las manos y con el noble
freno gran alboroto causa, tan de soberbia lleno
que a otros animales espanta como trueno;
el asno, con el miedo, paró; no le fue bueno.

Iba el asno arrastrando la carga y su cansera,
al caballo estorbaba con su lenta flojera;
derribóle el caballo en la mismo ladera,
 diciendo: — ¡Don villano, buscad la carretera!

Corcoveó en el campo, ligero, apercibido;
pensó ser vencedor mas resultó vencido,
fuertemente en el cuerpo de lanzada fue herido,
las entrañas le salen, estaba muy perdido.

Desde entonces no vale ni una pera pequeña;
a arar lo destinaron y a transportar la leña,
a veces a la noria, a veces a la aceña;
el soberbio pagó el amor de la dueña.

Tenía desolladas del yugo las cervices;
de arrodillarse a veces, hinchadas las narices,
rodillas desolladas por preces infelices,
ojos hundidos, rojos como pies de perdices.

Los cuadriles salidos, sumidas las ijadas,
el espinazo agudo, las orejas colgadas;
le encontró el asno necio, rebuznó tres vegadas:
— Compañero soberbio, ¿qué hay de tus empelladas?

¿Dónde está el noble freno y tu dorada silla?
¿dónde está tu soberbia?, ¿dónde está tu rencilla?
Vivirás achacoso y con mucha mancilla;
vengue la tu soberbia tanta mala postilla.

Aquí tomen ejemplo y lección cada día
los que son muy soberbios con gran altanería;
que fuerza, edad y honra, salud y valentía
no pueden durar siempre, vanse con mocería.

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Uno de los siete pecados capitales.
El Arcipreste acusa a Don Amor de
ser su causa.
 
 
 
 
 
Ejemplos de personajes soberbios
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Exemplum para entenderlo mejor
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
moraleja
 
 
 
 

La alcahueta
Estrofas 436-452

Si le envías recados, sea tu embajadora
una parienta tuya; no sea servidora
de tu dama y así no te será traidora:
todo aquel que mal casa, después su mal deplora.

Procura cuanto puedas que la tu mensajera
sea razonadora, sutil y lisonjera,
sepa mentir con gracia y seguir la carrera,
pues más hierve la olla bajo la tapadera.

Si parienta no tienes, toma una de las viejas
que andan por las iglesias y saben de callejas;
con gran rosario al cuello saben muchas consejas,
con llanto de Moisés encantan las orejas.

Estas pavas ladinas son de gran eficacia,
plazas y callejuelas recorren con audacia,
a Dios alzan rosarios, gimiendo su desgracia;
¡ay!, las picaras tratan el mal con perspicacia.

Toma vieja que tenga oficio de herbolera,
que va de casa en casa sirviendo de partera
con polvos, con afeites y con su alcoholera
mal de ojo hará a la moza, causará su ceguera.

Procura mensajera de esas negras pacatas
que tratan mucho a frailes, a monjas y beatas,
son grandes andariegas merecen sus zapatas:
esas trotaconventos hacen muchas contratas.

Donde están tales viejas todo se ha de alegrar,
pocas mujeres pueden a su influjo escapar;
para que no te mientan las debes halagar,
pues tal encanto usan que saben engañar.

De todas esas viejas escoge la mejor,
dile que no te mienta, trátala con amor,
que hasta la mala bestia vende el buen corredor
y mucha mala ropa cubre el buen cobertor.

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Don Amor aconseja al Arcipreste que busque una intermediaria para tratar con las damas.
 
Cómo debe ser
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Los siete pecados capitales. El Bosco

Los Siete Pecados Capitales de El Boco. Está en el Museo del Prado

La pereza.Exemplum de los dos perezosos

Estrofas 456-47

La pereza excesiva es miedo y cobardía,
pesadez y vileza, suciedad y astrosía;
por pereza perdieron muchos mi compañía,
por pereza se pierde mujer de gran valía.

Te contaré la historia de los dos perezosos
que querían casarse y que andaban ansiosos;
ambos la misma dama rondaban codiciosos.
Eran muy bien apuestos y ¡verás cuan hermosos!

E1 uno tuerto era de su ojo derecho,
ronco era el otro, cojo y medio contrahecho;
el uno contra el otro tenían gran despecho
viendo ya cada uno su casamiento hecho.

Respondióles la dama que quería casar
con el más perezoso: ese quiere tomar.
Esto dijo la dueña queriéndolos burlar.
Habló en seguida el cojo; se quiso adelantar:

— Señora — dijo —, oíd primero mi razón,
yo soy más perezoso que este mi compañón.
Por pereza de echar el pie hasta el escalón
caí de la escalera, me hice esta lesión.

Otro día pasaba a nado por el río,
pues era de calor el más ardiente estío;
perdíame de sed, más tal pereza crío
que, por no abrir la boca, ronco es el hablar mío.

Luego que calló el cojo, dijo el tuerto: — Señora,
pequeña es la pereza de que éste habló ahora;
hablaré de la mía, ninguna la mejora
ni otra tal puede hallar hombre que a Dios adora.

Yo estaba enamorado de una dama en abril,
-estando cerca de ella, sumiso y varonil,
vínome a las narices descendimiento vil:
por pereza en limpiarme perdí dueña gentil.

Aún más diré, señora: una noche yacía
en la cama despierto y muy fuerte llovía;
dábame una gotera del agua que caía
en mi ojo; a menudo y muy fuerte me hería.

Por pereza no quise la cabeza cambiar;
la gotera que digo, con su muy recio dar,
el ojo que veis huero acabó por quebrar.
Por ser más perezoso me debéis desposar.

— No sé — dijo la dueña — por todo lo que habláis
qué pereza es más grande, ambos pares estáis;
bien veo, torpe cojo, de qué pie cojeáis;
bien veo, tuerto sucio, que siempre mal miráis.

Buscad con quien casaros, pues no hay mujer que adore
a un torpe perezoso o de un vil se enamore.
Por lo tanto, mi amigo, que en tu alma no more
defecto ni vileza que tu porte desdore.

Haz a la dama un día la vergüenza perder
pues esto es importante, si la quieres tener,   
una vez que no tiene vergüenza la mujer
hace más diabluras de las que ha menester.

Talante de mujeres ¿quién lo puede entender?
 su maestría es mala, mucho su malsaber.

Cuando están encendidas y el mal quieren hacer
el alma y cuerpo y fama, todo echan a perder.

Cuando el jugador pierde la vergüenza al tablero,
si el abrigo perdiere, jugará su braguero;
cuando la cantadora lanza el cantar primero
siempre los pies le bullen, mal acaba el pandero.

Tejedor y coplera nunca tienen pies quedos,
en telar y en el baile siempre bullen los dedos;
la mujer sin pudor, ni aun por diez Toledos
dejaría de hacer sus antojos y enredos.

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Don Amor advierte al Arcipreste de los peligros de la pereza para los enamorados.
 
Exemplum
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Moraleja de don Amor
 
 
 
 
Misoginia: Odio o aversión hacia las mujeres. Es una herencia de la antigüedad. Leer más
Las mujeres son el origen del pecado.
 
 
 
 
 
 

Mujer ideal

Estrofas 428-435

Ni a todas las mujeres tu devoción conviene,
ni debes perseguir a quien no te retiene,
 eso es amor baldío, de gran locura viene;
siempre será mezquino quien amor vano tiene.

Si leyeres a Ovidio, que por mí fue educado,
hallarás en él cuentos que yo le hube mostrado,
y muy buenas maneras para el enamorado;
Pánfilo, cual Nasón, por mí fue amaestrado.

Si quieres amar dueñas o a cualquier mujer
muchas cosas tendrás primero que aprender
para que ella te quiera en amor acoger.
Primeramente, mira qué mujer escoger.

Busca mujer hermosa, atractiva y lozana,
que no sea muy alta, pero tampoco enana;
si pudieres, no quieras amar mujer villana,
pues de amor nada sabe, palurda y chabacana.

Busca mujer esbelta, de cabeza pequeña,
cabellos amarillos, no teñidos de alheña;
las cejas apartadas, largas, altas, en peña;
ancheta de caderas, ésta es talla de dueña.

Ojos grandes, hermosos, expresivos, lucientes
y con largas pestañas, bien claros y rientes; 
las orejas pequeñas, delgadas; para mientes
si tiene el cuello alto, así gusta a las gentes.

La nariz afilada, los dientes menudillos,
iguales y muy blancos, un poco apartadillos,
las encías bermejas, los dientes agudillos,
los labios de su boca bermejos, angostillos.

La su boca pequeña, así, de buena guisa,
su cara sea blanca, sin vello, clara y lisa;
conviene que la veas primero sin camisa
pues la forma del cuerpo te dirá: ¡esto aguisa!

Estrofas 444-446

»Si dice que tu dama no tiene miembros grandes
ni los brazos delgados, tú luego le demandes       
si tiene pechos chicos; si dice sí, demandes          
por su figura toda, y así seguro andes.      

Si tiene los sobacos un poquillo mojados
y tiene chicas piernas y largos los costados,
ancheta de caderas, pies chicos, arqueados,
¡tal mujer no se encuentra en todos los mercados!

En la cama muy loca, en la casa muy cuerda;
no olvides tal mujer, sus ventajas recuerda.
Esto que te aconsejo con Ovidio concuerda
y para ello hace falta mensajera no lerda.

Hay tres cosas que tengo miedo de descubrir,
son faltas muy ocultas,
de indiscreto decir:
de ellas, pocas mujeres pueden con bien salir,
cuando yo las mencione se echarán a reír.

Guárdate bien no sea vellosa ni barbuda
 ¡el demonio se lleve la pecosa velluda!
Si tiene mano chica, delgada o voz aguda,
a tal mujer el hombre de buen seso la muda.

»Le harás una pregunta como última cuestión:
si tiene el genio alegre y ardiente, el corazón;
si no duda, si pide de todo la razón,
si al hombre dice si, merece tu pasión.

_______________________________
A ésta has de servir, tal mujer has de amar,
mucho más grata que otras es para cortejar;
si conoces alguna y la quieres lograr
mucho habrás de esforzarte en decir y en obrar.

Dale joyas hermosas cada vez que pudieres;
cuando dar no te place o cuando no tuvieres,
promete, ofrece mucho, aunque no se lo dieres:
cuando esté confiada hará lo que quisieres.

Sírvela, no te canses, sirviendo el amor crece;
homenaje bien hecho no muere ni perece,
si tarda, no se pierde; el amor no fallece
pues siempre el buen trabajo todas las cosas vence.

Agradécele mucho cuanto ella por ti hiciere,
ensálzalo en más precio de lo que ello valiere,
no te muestres tacaño en lo que te pidiere
ni seas porfiado contra lo que dijere.

Busca muy a menudo a la que bien quisieres,
no tengas de ella miedo cuando tiempo tuvieres;
vergüenza no te embargue si con ella estuvieres:
perezoso no seas cuando la ocasión vieres.

 

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Don Amor describe el tipo de mujer que el Arcipreste debe buscar.
 
Autor de referencia para temas amorosos.
 
 
 
 
Descripción de la mujer
 
Tiene que ser noble. Amor cortés.
Mezcla la tradición de belleza occidental con la árabe
 
 
 
 
 
Dientes separados
labios estrechos
encías rojas: las mujeres árabes se la teñían.
 
 
 
Hay detalles que él no podrá comprobar, pero sí una intermediaria, una alcahueta.
 
 
 
 
 
 
Considerados defectos en las mujeres
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El pintor Pitas Payas.

Estrofas 472-48

No abandones tu dama, no dejes que esté quieta,
siempre requieren uso mujer, molino y huerta;

no quieren en su casa pasar días de fiesta,
no quieren el olvido; cosa probada y cierta.

Es cosa bien segura: molino andando gana,
huerta mejor labrada da la mejor manzana,
mujer muy requerida anda siempre lozana;
con estas tres verdades no obrarás cosa vana.

Dejó uno a su mujer (te contaré la hazaña;
si la estimas en poco, cuéntame otra tamaña).
Era don Pitas Payas un pintor de Bretaña,
casó con mujer joven que amaba la compaña.

Antes del mes cumplido dijo él: —Señora mía,
 a Flandes volo ir, regalos portaría.
Dijo ella: —Monseñer, escoged vos el día,
mas no olvidéis la casa ni la persona mía.

Dijo don Pitas Payas: —Dueña de la hermosura,
yo volo en vuestro cuerpo pintar una figura
para que ella os impida hacer cualquier locura.

Contestó: Monseñer, haced vuestra mesura.

Pintó bajo su ombligo un pequeño cordero
 y marchó Pitas Payas cual nuevo mercadero;
estuvo allá dos años, no fue azar pasajero.
Cada mes a la dama parece un año entero.

Hacía poco tiempo que ella estaba casada,
había con su esposo hecho poca morada;
un amigo tomó y estuvo acompañada,
deshízose el cordero, ya de él no queda nada.

Cuando supo la dama que venía el pintor,
muy de prisa llamó a su nuevo amador;
dijo que le pintase, cual supiese mejor,
en aquel lugar mismo un cordero menor.

Pero con la gran prisa pintó un señor carnero,
cumplido de cabeza, con todo un buen apero:
Luego, al siguiente día, vino allí un mensajero:
que ya don Pitas Payas llegaría ligero.

Cuando al fin el pintor de Flandes fue venido,
su mujer, desdeñosa, fría le ha recibido:
cuando ya en su mansión con ella se ha metido,
la señal que pintara no ha echado en olvido.

Dijo don Pitas Payas: —Madona, perdonad,
 mostradme la figura y tengamos solaz.
—Monseñer —dijo ella—, vos mismo la mirad:
 todo lo que quisieres hacer, hacedlo audaz.

Miró don Pitas Payas el sabido lugar
y vio aquel gran carnero con armas de prestar.
— ¿Cómo, madona, es esto? ¿Cómo puede pasar
que yo pinté corder y encuentro este manjar?

Como en estas razones es siempre la mujer
sutil y mal sabida,
dijo: — ¿Qué, monseñer?
 ¿Petit corder, dos años, no se ha de hacer corder?
Si no tardaseis tanto aún sería corder.

Por tanto, ten cuidado, no abandones la pieza,
no seas Pitas Payas, para otro no se cueza;
incita a la mujer con gran delicadeza
y si promete al fin, guárdate de tibieza.

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Otro consejo de Don Amor: no se debe abandonar a la mujer.
 
 
 
 
Exemplum: la historia de Pitas Payas.
 
Habla una mezcla de francés y castellano.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Misoginia
 
Moraleja
 
 
 
 
Propiedades del dinero  
Estrofas 490-514  

Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo, al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.

Aun al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dineros no es de sí señor.

Si tuvieres dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración,
comprarás Paraíso, ganarás la salvación:
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

Yo vi en corte de Roma, do está la Santidad,
que todos al dinero tratan con humildad,
con grandes reverencias, con gran solemnidad;
todos a él se humillan como a la Majestad.

Creaba los priores, los obispos, abades,
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades;
a los clérigos necios dábales dignidades,
de verdad hace mentiras; de mentiras, verdades.

Hacía muchos clérigos y muchos ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
 el dinero les daba por bien examinados:
a los pobres decían que no eran ilustrados.

Ganaba los juicios, daba mala sentencia,
es del mal abogado segura mantenencia,        
con tener malos pleitos y hacer mala avenencia:
al fin, con los dineros se borra penitencia.

E1 dinero quebranta las prisiones dañosas,
rompe cepos y grillos, cadenas peligrosas;
al que no da dinero le ponen las esposas.        
¡Hace por todo el mundo cosas maravillosas!

He visto maravillas donde mucho se usaba
al condenado a muerte la vida le otorgaba,
 a otros inocentes, muy luego los mataba;
muchas almas perdía, muchas a unas salvaba.

Hace perder al pobre su cabaña y su viña,
sus muebles y raíces, todo lo desaliña;
 por todo el mundo anda su sarna y su tiña;
donde el dinero juega allí el ojo guiña.

E1 hace caballeros de necios aldeanos,
condes y ricoshombres de unos cuantos villanos;
con el dinero andan los hombres muy lozanos,
cuantos hay en el mundo le besan hoy las manos.

Vi que tiene el dinero las mayores moradas,
altas y muy costosas, hermosas y pintadas;
castillos, heredades y villas torreadas  
al dinero servían, por él eran compradas.        

Comía los manjares de diversas naturas,  
vestía nobles paños, doradas vestiduras,
muchas joyas preciosas, bagatelas y holguras,
ornamentos extraños, nobles cabalgaduras.

Yo he visto a muchos monjes en sus predicaciones       
denostar al dinero y a las sus tentaciones,
pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,
absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.

Aunque siempre lo insultan los monjes por las plazas,
 guárdanlo en el convento, en vasijas y en tazas,
 tapan con el dinero agujeros, hilazas;
más escondrijos tienen que tordos y picazas.

Dicen frailes y clérigos que aman a Dios servir,
 mas si huelen que el rico está para morir
 y oyen que su dinero empieza a retiñir,
por quién ha de cogerlo empiezan a reñir.

Clérigos, monjes, frailes no toman los dineros,
 pero guiñan el ojo hacia los herederos
y aceptan donativos sus hombres despenseros;
mas si se dicen pobres ¿para qué tesoreros?

Allí están esperando el más rico madero;
al que aún vive recitan responsos, ¡mal agüero!
Cual los cuervos al asno le desuellan el cuero:
—¡Cras, cras, le llevaremos, que ya es nuestro por fuero!

Toda mujer del mundo, aunque dama de alteza,
 págase del dinero y de mucha riqueza,
nunca he visto una hermosa que quisiera pobreza:
donde hay mucho dinero allí está la nobleza.

E1 dinero es alcalde y juez muy alabado,
es muy buen consejero y sutil abogado,
alguacil y merino, enérgico, esforzado;
de todos los oficios es gran apoderado.

En resumen lo digo, entiéndelo mejor:
el dinero es del mundo el gran agitador,
 hace señor al siervo y siervo hace al señor;
toda cosa del siglo se hace por su amor.

Por dineros se muda el mundo y su manera,
toda mujer cuando algo desea es zalamera,
 por joyas y dineros andará a la carrera;
el dar quebranta peñas, hiende dura madera.

Deshace fuerte muro y derriba gran torre,
 los cuidados y apuros el dinero socorre,
hace que del esclavo la esclavitud se borre;
de aquel que nada tiene, el caballo no corre.

Las cosas que son graves hácelas de ligero;
por tanto, con la vieja sé franco y lisonjero,
ya sea poco o mucho, no vaya sin logrero:
no me pago de chanzas donde no anda el dinero.

Si no le dieras nada, cosa mucha ni poca,
sé franco de palabra, sin decir frase loca;
si no hay miel en la orza, que la haya en la boca;
 mercader que esto hace, vende bien y bien troca.

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Arriba  

Doña Endrina
Estrofas 580-584/653-656

Es cosa conocida, proverbio no engañoso:
más vale rato aprisa que día perezoso.
Alejé la tristeza, el anhelo engañoso,
busqué y encontré dama de que era deseoso.

De talle muy apuesta, de gestos amorosa,
alegre, muy lozana, placentera y Hermosa,
cortés y mesurada, zalamera, donosa,
 muy graciosa y risueña, amor de toda cosa.

La más noble figura de cuantas tener pud',
viuda, rica moza llena de juventud
y bien acostumbrada: es de Calatayud.
Era vecina mía, ¡mi muerte y mi salud!

En todo hidalga y noble, de muy alto linaje,
poco sale de casa, cual tienen por usaje;
acudí a doña Venus para enviar mensaje,
pues ella es el principio y fin de aqueste viaje.

Es ella nuestra vida y ella es nuestra muerte;
del hombre recio hace hombre flaco e inerte,
por todo el mundo tiene poder muy grande y fuerte,
todo, con su consejo, a buen logro convierte.

Estrofas 653-656

¡ Ay, Dios, cuan hermosa viene doña Endrina por la plaza!
¡Ay, qué talle, qué donaire, qué alto cuello de garza!
 ¡Qué cabellos, qué boquita, qué color, qué buenandanza!
Con saetas de amor hiere cuando los sus ojos alza.

Pero tal lugar no era para conversar de amores;
acometiéronme luego muchos miedos y temblores,
los mis pies y las mis manos no eran de sí señores,
perdí seso, perdí fuerza, mudáronse mis colores.

Unas palabras tenía pensadas para decir,
la vergüenza ante la gente otras me hace proferir;
apenas era yo mismo, sin saber por dónde ir;
mis dichos y mis ideas no conseguían seguir.

Hablar con mujer en plaza es cosa muy descubierta
y, a veces, mal perro atado está tras la puerta abierta;
es bueno disimular, echar alguna cubierta,
pues sólo en lugar seguro se puede hablar cosa cierta.
…………
Luego, hablando en voz baja, dije que disimulaba
porque toda aquella gente de la plaza nos miraba;
Cuando vi que se marchaban y que ya nadie quedaba
comencé a decir la queja de amor que me lastimaba.

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Aplica los consejos.
 
 
Descripción de doña Endrina.
 
 
 
Amor cortés.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Mal de Amores

Estrofas 588-607

Estoy herido y llagado, por un dardo estoy perdido,
en mi corazón lo traigo, encerrado y escondido;
quisiera ocultar mi daño, pero moriré si olvido,
ni aun me atrevo a decir quién es la que me ha herido.

»La llaga no me permite a mí ni mirar ni ver
 y temo muchos peligros más de los que haya de haber;
temo que daños muy grandes me podrán acaecer,
médicos y medicinas no me pueden socorrer.

¿Qué camino tomaré do no me haya de matar?
¡Cuitado yo! ¿Qué he de hacer si no la puedo mirar?
justo mi lamento es, con razón me he de quejar
porque no encuentro remedio con que me pueda aliviar.

Como son tantas las cosas que me embargan y entorpecen,
he de buscar ocasiones allí donde se me ofrecen;
mas las mañas que hoy ayudan, otras veces nos escuecen.
Por su maña viven muchos y otros, por ella, perecen.

Si se descubre mi llaga, su origen y su lugar,
si yo digo quién me hirió sería mucho mostrar
y perdería el remedio por el ansia de curar;
a veces puede un alivio la curación retrasar.

»Mas si oculto por entero esta herida, este dolor,
y si no demando ayuda para así curar mejor,
es posible que viniera otro peligro peor
y muy pronto moriría, ¡nunca vi cuita mayor!

Mejor es que muestre el hombre su dolencia y su quejura
al médicó al buen amigo; podrán darle, por ventura,
medicinas y consejos para conseguir holgura
y no caminar sufriendo hacia la muerte segura.

»Con más fuerza quema el fuego escondido y encubierto
que no cuando se derrama esparcido, descubierto;
y pues tal es el camino más seguro y el más cierto,
en vuestras manos entrego el mi corazón abierto.

Doña Endrina, la que mora muy cerca, en mi vecindad,
en hermosura y donaire, por su talle y su beldad,
vence y sobrepasa a todas cuantas hay en la ciudad;
si el amor no me ha engañado, sólo digo la verdad.

Ella es la que me ha herido con saeta envenenada
 que me parte el corazón, en él la traigo clavada
y mi fuerza voy perdiendo, pronto quedará agotada;
 la llaga más va creciendo, el dolor no mengua nada.

En ninguno de este mundo me decido a confiar
pues la dama es de linaje mujer de buen solar;
es desmejores parientes que yo, de mejor lugar
y a decirle mi deseo no me atrevo a aventurar.

Atrevíme con locura y con amor ahincado:
lo confesé muchas veces y quedé muy desdeñado.

No le satisface nada, muerto me tiene ¡cuitado!,
 si no fuese mi vecina, no estaría tan penado

Pues cuanto más está el hombre a fuego grande arrimado,
mucho más se quema en él que si se encuentra alejado;
tal situación me trae muerto, perdido y atormentado.
¡Ay, señora doña Venus, sea de vos ayudado!

Ya conocéis nuestros males y nuestras penas parejas,
conocéis nuestros peligros y sabéis nuestras consejas,
¿cómo no me dais respuesta?, ¿no oyen vuestras orejas?
Escuchad vos, mansamente, mis tristes y agudas quejas.

¿Es que no ven vuestros ojos la mi triste catadura?
Quitadme del corazón tal dardo, tal apretura
 y aliviadme la llaga con halagos, con ternura;
¡que no vuelvan sin consuelo mi llaga y mi quejura!

¿Qué mujer hay en el mundo tan rigurosa y tan dura
que a su servidor doliente no contemple con blandura?
Os suplico con ahínco, con gran dolor y quejura
amor tan grande me hace perder la salud y cura,

He perdido ya el color y mis sesos desfallecen,
no tengo fuerzas, mis ojos hundidos desaparecer;
si vos no me socorréis, mis miembros ya desfallecen.
Respondióme doña Venus: — «Quienes saben amar, vencen.

Arriba
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Está enamorado.
Tiene la enfermedad del amor.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ha sido rechazado
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
amor: causa y medicina.
 
 
 
 
 

Trotaconventos
Estrofas 697-712

Busqué trotaconventos, cual me mandó el Amor,
de entre las más ladinas escogí la mejor.
¡Dios y la mi ventura guiaron mi labor!
Acerté con la tienda del sabio vendedor.

Pude dar con la vieja que había menester,
astuta y muy experta y de mucho saber;
ni Venus por Pánfilo más cosas pudo hacer
de las que hizo esta vieja para me complacer.

Era una buhonera de las que venden joyas;
éstas echan el lazo, éstas cavan las hoyas.
Son estos viejos sapos, con sus sabias tramoyas,
quienes dan el mazazo: te conviene que oigas.

Siguiendo su costumbre, estas tales buhonas
andan de casa en casa, vendiendo muchas donas;
nadie sospecha de ellas, están con las personas,
mueven, con sus soplidos, molinos y tahonas.

Tan pronto fue a mi casa esta vieja sabida,
díjele: —«Buena madre, seáis muy bien venida,
en vuestras manos pongo mi salud y mi vida,
si no me socorréis, mi vida está perdida.

»Mucho bien de vos dicen, todo justificado,
de favores que hacéis al que os llama, ¡cuitado!,
 del triunfo que consigue el por vos ayudado;
por esta vuestra fama, por esto os he llamado.

»Quisiera confesarme con vos, en confidencia,
toda cosa que os diga, oídla con paciencia;
que nadie más que vos conozca mi dolencia».
 Dijo la vieja: —«Hablad, tened en mí creencia.

»Conmigo, tranquilamente, el corazón destapad;
haré por vos cuanto pueda, os guardaré lealtad.
 Oficio de recadera es de gran intimidad,
más tapadas encubrimos que mesón de vecindad.

Si a cuantos en esta villa les vendemos sus alhajas
supiesen unos de otros, habría grandes barajas;
reacias bodas unimos en un quita allá esas pajas,
muchos panderos vendemos sin que suenen las sonajas».

Yo le dije: —«Amo a una dama más que a todas cuantas vi.
Ella, si es que no me engaña, parece que me ama a mí;
para evitar mil peligros, hasta hoy mi amor escondí.
Todo lo temo en el mundo y mucho siempre temí.

De pequeña cosa nace rumor en la vecindad;
ya nacido, tarde muere, aunque no sea verdad,
y crece de día en día con la envidia y falsedad;
poco le importa al mezquino lo que sea mezquindad.


Aquí vive, es mi vecina; os ruego que allá vayáis
y que habléis con ella a solas lo que mejor entendáis;
encubrid este negocio todo lo más que podáis,
esmeraos en el acierto cuando nuestro amor veáis».

Dijo: —«Acudiré a la casa donde mora la vecina;
e hablaré con tal encanto, con labia tan peregrina,
que sanará vuestra llaga gracias a mi medicina.
Decidme quién es la dama». Yo le dije: —«Doña Endrina».

Dijo serle conocida la dama, según su cuenta.
Yo dije: —« ¡Por Dios, amiga!, no provoquéis la tormenta».
Dijo ella: —«Si fue casada no dudéis de que consienta,
 ya que no ha mula de albarda que la alforja no consienta.

La cera, que es cosa dura, muy desabrida y helada,
después de que, entre las manos, mucho tiempo es amasada,
cederá con poco fuego, cien veces será doblada;
toda mujer se doblega cuando está bien hechizada,

Acordaos, buen amigo, de lo que decirse suele:
si el trigo está en el molino, quien antes llega, antes muele.
Mensaje que mucho tarda, a muchos hombres demuele;
el hombre que bien razona, tanto tiempo no se duele.

Estrofa 723

La buhona con su cesto va tañendo cascabeles
y revolviendo sus joyas, sus sortijas y alfileres.
Decía: — ¡Llevo toallas!¡Compradme aquestos manteles!

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Consejos  del  arcipreste  a las mujeres
Estrofas 892-909

Mujeres, las orejas poned a la lección,
entended bien el cuento, guardaos del varón;
cuidad no os acontezca como con el león
al asno sin orejas y sin su corazón.

Estuvo el león enfermo, dolíale la testa;
cuando la tuvo sana y la traía enhiesta,
todos los animales un domingo, en la siesta,
vinieron ante él a darle buena fiesta.

Presente estaba el burro; le nombraron juglar.
Como estaba muy gordo, comenzó a retozar
y, tocando el tambor, muy alto a rebuznar;
al león y a los otros les llegaba a atronar.

Con tal cazurrería el león fue sañudo,
en canal quiso abrirle, alcanzarle no pudó,
pues huyó el del tambor del caso peliagudo;
ofendióse el león con el gran orejudo.

El león dijo entonces que el perdón le daría;
mandó que le llamasen pues la fiesta honraría,
que cuanto le pidiese, tanto le otorgaría;
la zorra juglaresa dijo le llamaría.

Fuese la raposilla a donde el asno estaba
paciendo en cierto prado y así lo saludaba:
—«Señor —dijo—, cofrade, vuestra alegría honraba
la reunión que ahora no vale lo que un haba.

»Más vale el alboroto de vuestro buen solaz,
vuestro tambor potente y el ruido que haz
que toda nuestra fiesta; al león mucho plaz
que volváis a tocarlo sin recelo y en paz.»

Creyó vanos halagos; él escapó peor.
A la fiesta se vuelve bailando el cantador;
no conocía el burro las mañas del señor,
¡pagará el juglar necio el toque de tambor!

Como el león tenía sus monteros armados
prendieron a don Burro, como eran avisados.
Ante el león le trajeron: le abrió por los costados;
de perdón tan seguro son todos espantados.

Mandó el león al lobo, con sus uñas parejas,
que lo guardase entero, mejor que a las ovejas;
al marcharse el león por una o dos callejas,
el corazón el lobo se comió y las orejas.

Cuando volvió el león, ansioso del bocado,
al lobo reclamó el asno encomendado.
Sin corazón ni orejas lo trae, desfigurado;
el león contra el lobo se enojó muy airado.

Dijo el lobo al león que el asno así naciera,
pues, si de corazón y orejas dispusiera,
las mañas del león oyera y comprendiera,
pero no los tenía y por ello acudiera.

Así, señoras mías, entended el romance;
de amor loco guardaos, que no os coja ni alcance.
Abrid vuestras orejas, el corazón se lance
al amor de Dios, limpio, loco amor no lo trance.

La que, por desventura, es o ha sido engañada,
evite otra ocasión de caer en celada;
de corazón y orejas no quiera ser privada,
en ajena cabeza resulte escarmentada.

De las muchas burladas aviso y seso tome,
no quiera el amor falso, loca risa no asome.
Al asno confiado, el lobo, al fin, lo come;
(no me maldiga alguno; esto no se le encone).

De la charla peligrosa huya la niña hechicera,
pues de un granito de agraz resulta una gran dentera,
de una nuez muy chica nace gran árbol de gran noguera;
 muchas espigas produce un grano de sementera.

Por todo el pueblo circulan sobre ella los decires,
muchos, después, la difaman con escarnios y reíres;
mujer, si te digo esto no te enojes ni te aíres,
 mis cuentos y mis hazañas ruégote que bien los mires.

Aplícate bien la historia de la hija del endrino;
la conté por darte ejemplo, y no porque a mí avino.
Guárdate de vieja falsa, de bromas con mal vecino;
no estés con un nombre a solas ni te acerques al espino.

 
 
 
 
Fábula del asno sin orejas ni corazón
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Danza de la muerte  

Muerte de Trotaconventos
Estrofas1518-1570

Un filósofo dijo y en su libro se anota:
con pesar  y tristeza  el ingenio se embota;
 Yo, con pena tan grande, no puedo decir gota
porque Trotaconventos ya no anda ni trota.

Así fue, ¡qué desgracia!, que mi vieja ya es muerta,
¡grande es mi desconsuelo! ¡murió mi vieja experta!
No sé decir mi pena, mas mucha buena puerta
que me ha sido cerrada, para mí estaba abierta.

¡Ay muerte! ¡Muerta seas, bien muerta y malandante!
¡Mataste a la mi vieja! ¡Matases a mí antes!
¡Enemiga del mundo, no tienes semejante!
De tu amarga memoria no hay quien no se espante.

Muerte, a aquel que tú hieres arrástralo, cruel,
al bueno como al malo, al noble y al infiel,
a todos los igualas por el mismo nivel;
 para ti, reyes, papas, valen un cascabel.

No miras señorío, familia ni amistad,
con todo el mundo tienes la misma enemistad,
no existe en ti mesura, afecto ni piedad,
sino dolor, tristeza, aflicción, crueldad.

No puede nadie huir de ti ni se esconder,
ninguno pudo nunca contigo contender
tu venida funesta nadie puede entender,  
cuando llegas no quieres dilación conceder

Abandonas el cuerpo al gusano en la huesa,
el alma que lo anima arrebatas con priesa,
no existe hombre seguro en tu carrera aviesa;
al hablar de ti, muerte el pavor me atraviesa.

Eres de tal manera del mundo aborrecida
que, por mucho que sea un hombre amado en vida,
tan pronto como llegas con tu mala venida,
todos se apartan de él, como de res podrida.

Aquellos que buscaron, en vida, su compaña,
aborrécenle, muerto, como materia extraña;
amigos y parientes le abandonan con saña,
huyen de él y se apartan, como si fuese araña.

De padres y de madres, de sus hijos queridos,
de amigas y de amigos, deseados, servidos,
de mujeres leales tantos buenos maridos,
cuando tú vienes, muerte, ya son aborrecidos.

Haces al que era rico yacer en gran pobreza,
no conserva una miaja de toda su riqueza;
quien, vivo, era apreciado por su mucha nobleza,
muerto es ruin, hedionda, repugnante vileza.

Tú prometes al cuervo que siempre le hartarás,
mas el hombre no sabe cuándo, a quién matarás;
el que hacer puede un bien, hágalo hoy; valdrá más
que esperar a que vengas con tu amigo cras, cras.


Señores, no queráis ser amigos del cuervo,
 temed sus amenazas, mas no atendáis su ruego,
 el bien que hacer podáis, hacedlo desde luego;
quizá estaréis mañana muertos; la vida es juego.

La salud, la existencia muy de prisa se muda,
al momento se pierden cuando el hombre descuida;
el bien que harás mañana es palabra desnuda,
vestidla con la obra, antes que, muerte acuda,

Quien mal juego porfía se arruina y no cobra,
procura buscar suerte, halla mala zozobra;
amigos, daos prisa en hacer buena obra
pues, si viene la muerte, ya toda cosa es sombra.

Muchos piensan ganar cuando dicen: ¡A todo!,
pero luego un  azar cambia el dado a su modo;
busca el hombre tesoros  por tener acomodo,
viene la muerte entonces y lo deja en el lodo.

El habla pierde luego, pierde el entendimiento:
de sus muchos tesoros, de su amontonamiento
no puede llevar nada, ni aun hacer testamento,
y los bienes logrados se pierden, en el viento.

Desde que sus parientes la su muerte barruntan
 para heredarlo todo a menudo se juntan;
si por la enfermedad al médico preguntan
y él ofrece curarla, como ofensa lo apuntan.

Aun los más allegados, los hermanos y hermanas
ya no ven el momento de doblar las campanas;
más aprecian la herencia, cercanos y cercanas
que no al pariente muerto ni a las sus barbas canas.

Cuando ya el alma sale del rico pecador,
queda en el suelo aislado; causa a todos pavor.
Comienzan a robarle, primero lo mejor;
el que consigue menos se tiene por peor.

Con mucha prisa luego lo quieren enterrar,
temen que alguien las arcas vaya a descerrajar,
la misa de difuntos no quieren retrasar;
 de todos sus tesoros le ponen chico ajuar.

No dan por Dios al pobre, ni ofrecen sacrificios,
ni dicen oraciones, ni cantan los oficios;
lo más que, a veces, hacen herederos novicios
es dar voces al sordo, pero no otros servicios.

Entiérranlo contentos y, desde que fin dan,
 tarde o nunca, a disgusto, por él misa oirán,
pues lo que ellos querían ya encontrado lo han;
ellos cogen la hacienda, el alma va a Satán.

Si deja mujer moza rica, hermosa y pudiente,
aun no las misas dichas, otro la tiene en mente,
casará con un rico o con mozo valiente,
nunca pasa del mes dolor que viuda siente.


Afanóse el mezquino sin saber para quién
y, aunque todos los días hay casos más de cien,
 las gentes no preparan su testamento bien
 hasta que son sus ojos venir la muerte ven.

¡Muerte, por maldecirte a mi corazón fuerzo!
Nunca das a los hombres consolación ni esfuerzo;
cuando alguno se muere, ¡que lo coma el escuerzo!
 Tienes en ti una tacha, la misma que el mastuerzo:

dolerá la cabeza a quien mucho lo coma.
Tu maza peligrosa, al momento que asoma,
en la cabeza hiere, al más fuerte lo doma;
no valen medicinas al que tu rabia toma.

los ojos que eran bellos los vuelves hacia el techo
 y, de pronto los ciegas, ya no son de provecho;

enmudeces el habla, enronqueces el pecho,
en ti todo es maldad, pesadumbre y despecho.

El oír y el olor,  el tañer, el gustar,
todos cinco sentidos los vienes a tomar;
 no hay nadie que te sepa bastante denostar.
¡Cuánto mal de ti dicen donde llegas a entrar!

Olvidas la vergüenza, afeas la hermosura,
marchitas toda gracia, ofendes la mesura,
debilitas la fuerza, trastornas la cordura,
tornas lo dulce en hiel con tu mucha amargura.

Odias la lozanía, al mismo oro oscureces,
toda obra deshaces, la alegría entristeces,
ensucias la limpieza, cortesía envileces.
¡Muerte, matas la vida y al amor aborreces!

No complaces a nadie, mas a ti te complace
 aquel que mata y muere, el que hiere y mal hace;
toda cosa bien hecha tu mazo la deshace,
en tu red queda presa toda cosa que nace.

Enemiga del bien, al mal tienes amor,
estás hecha de gota, malestar y dolor;
el sitio en que tú moras aquel es el peor,
donde no estás presente aquel es el mejor.

Tu morada, por siempre, es infierno profundo.
 Eres el mal primero; el infierno, el segundo.
Pueblas mala morada y despueblas el mundo;
 vas diciendo a las gentes: —« ¡Yo sola a todos mudo!»

Muerte por ti se ha hecho el lugar infernal
pues, si viviera el hombre siempre en lo terrenal,
ni tú le asustarías ni tu terrible hostal,
ni odiara tu venida nuestra carne humanal.

Vacías los poblados, pueblas los cementerios,
 rehaces los Osarios, destruyes los imperios;
 por ti asustado, el santo recita los salterios.
El que no teme a Dios, teme a tus cautiverios.

Tú despoblaste, muerte, del Cielo muchas sillas
 a los que eran limpieza convertiste en mancillas,
hiciste dg los ángeles, diablos, por rencillas
y pagan tu manjar a dobles y sencillas.

Al Señor que te hizo, ¡hasta a Él le mataste!
_ ¡Jesucristo, Dios y Hombre, también le atormentaste!   
Cielo y tierra le temen, mas tú, atrevida, osaste
infundirle temor y su faz demudaste.

El infierno le teme y tú no le temiste,  
su carne te temió, gran miedo le infundiste,
su noble humanidad por ti padeció, triste;
la deidad no temió, que entonces no la viste.

Ni miraste ni viste, El te vio y te miró;
su muerte, tan cruel, a muchos espantó,
¡al infierno, a los tuyos y a ti os derrotó!
Tú venciste una hora. El por siempre venció.

Cuando te derrotó, al fin, le conociste,
si antes le asustaste, mayor miedo cogiste;
si tú le atormentaste, mil penas tú sufriste,
¡muerto, dio vida Aquel a quien tú muerte diste!

(...)

Muerte descomedida, ¡mátate tú a ti sola!,
¿qué has hecho de mi vieja?, tu inclemencia perdióla.
¡Me la mataste, muerte! Jesucristo compróla

con la su santa sangre, por ella perdonóla.

¡Ay, mi Trotaconventos! ¡Leal amiga experta!
En vida te seguían, mas te abandonan muerta.
 ¿Dónde te me han llevado? Yo no sé cosa cierta;
no vuelve con noticias quien traspone esa puerta.

Supongo que en el Cielo has de estar tú sentada,
con los mártires debes de estar acompañada;
siempre en el mundo fuiste por dos martirizada.
 ¿Quién te arrebató, vieja, por mí siempre afanada?

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El arcipreste llora por la muerte de Trotaconventos.
 
 
 
 
Se dirige a la muerte. La personifica.
 
Danza de la muerte
 
Iguala a todos
 
 
 
Se lleva a todos cuando quiere
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Vanidad de vanidades.
 
 
 
 
 
Fortuna. destino
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ubi sunt
 
 
 

Epitafio  en  la  sepultura de   Urraca,
la   vieja   trotaconventos

Estrofas 1576-1578

Urraca soy, que yazgo en esta sepultura;
cuando estuve en el mundo tuve halagos, soltura,
a muchos bien casé, reprobé la locura.
¡Caí en una hora bajo tierra, de altura!

Descuidada, prendióme la muerte, ya lo veis;
aquí, amigos, parientes, no me socorreréis.
Obrad bien en la vida o a Dios ofenderéis;
 tal como yo morí, así vos moriréis.

Quien aquí se acercare,  ¡así Dios le bendiga,
Dios le dé buen amor y el placer de una amiga!,
que por mí, pecadora,  un pater noster diga;
si no lo dice, al menos a mí no me maldiga.

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Cantiga de la serrana fea, Aldara, de Tablada

Cerca de Tablada,
 la sierra pasada,
me hallé con Aldara,
a la madrugada.

En lo alto del puerto
 temí caer muerto
de nieve y de frío
y de aquel rocío
y de gran helada.

En la descendida,
eché una corrida;
hallé una serrana
hermosa y lozana
y muy colorada.

Dije yo a ella:
-"Humillóme, bella"
Dijo: -"Tú que corres
 aquí no demores
anda tu jornada".

Dije:"Frío tengo
y por eso vengo
 a vos, hermosura;
quered por mesura,
hoy darme posada".

Díjome la moza:
 -"Pariente, en mi choza,
aquel que allí posa
conmigo desposa
y me da soldada".
Dije:-"De buen grado,
aunque soy casado
 aquí en Herreros,
de los mis dineros
 os daré, amada".

Dijo:-"Ven conmigo".
 Llevóme consigo,
diome buena lumbre,
 como es de costumbre
 en sierra nevada.

Y pan de centeno
 tiznado, moreno;
diome vino malo,
 agrillo y ralo
 y carne salada.

Y queso de cabras.
 -"Hidalgo -dijo- abras
 ese brazo y toma
 un trozo de soma
 que tengo guardada.

"Huésped-dijo-almuerza,
 bebe y toma fuerza,
caliéntate y paga;
que mal no se haga
hasta la tornada.

"Quien dádivas diere
 como yo pidiere
tendrá buena cena,
tendrá cama buena,
sin que pague nada".

-"Pues si eso decís,
 ¿por qué no pedís
la que daros haya?"
 Ella dijo:-"¡ Vaya
aunque no sea dada!

"Pues dame una cinta
bermeja, bien tinta
 y buena camisa
 cosida a mi guisa
con su collarada.

"Dame buenas sartas
 de estaño: sean hartas.
Y una joya hermosa,
que sea valiosa
y una piel delgada.

"Dame buena toca
 listada de cota
y dame zapatas
de caña, bien altas,
de pieza labrada.

"Con estas joyas
quiero que lo oigas
serás bien venido;
 serás mi marido
y yo tu velada".

-"Serrana señora,
tanta cosa ahora
 no traje a esta altura;
 haré fiadura
para la tornada".

Contestó la fea:
 -"Donde no hay moneda
 no hay mercadería,
ni hay hermoso día
ni faz halagada.

"No hay mercadero
 bueno sin dinero,
y yo no me fío
 si no dan lo mío
 ni doy la posada

"No basta homenaje
 para el hospedaje;
por dineros hace
hombre cuanto place,
es cosa probada".

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