Lecturas volver a mester de clerecía
Libro de las Maravillas, Jehan de Mandeville
Bendeit y Mandeville, Libros de Maravillas, Madrid, Siruela, 2002
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El ave Fénix

Hace mucho tiempo, en los desiertos de Egipto, se encontró un santo ermitaño con un monstruo con forma humana que llevaba en la frente dos grandes cuernos afilados como para trincar la carne. Hasta el ombligo tenía cuerpo de hombre, pero por debajo su cuerpo era de cabrón. El santo varón le preguntó en nombre de Dios qué clase de criatura era. El monstruo le contestó que él era una criatura mortal, creada por Dios y que vivía en ese desierto buscando algo con que subsistir; rogó al ermitaño que le hiciese el favor de rezar por él a aquel Dios que bajó del cielo para salvar al género humano, nació de la Virgen y luego, como sabemos, sufrió Pasión y muerte, para que podamos vivir gracias a Él. Se ha conservado en Alejandría la cabeza del monstruo para que pueda contemplarse esta gran maravilla.

En Egipto se encuentra también la ciudad de Heliópolis, es decir, «Ciudad del Sol». Allí puede verse un templo edificado según el modelo del Templo de Jerusalén. El sacerdote de este templo posee un texto sagrado donde consta la fecha en que el ave llamada Fénix, de la cual fenixsólo queda un ejemplar en todo el mundo, vendrá a inmolarse sobre el altar, como suele hacerlo cada quinientos años, es decir, la edad que esas criaturas llegan a vivir. Sobre el altar prepara el sacerdote unas ramas de espino, azufre y todo lo que arde rápidamente; el ave acude a quemarse en la pira y luego cae en cenizas; al día siguiente, entre las cenizas, aparece un gusano; al segundo día, ya está el pájaro, y al tercero, vuela. Sólo existe un ave de esta especie: es un verdadero milagro divino y con Dios puede compararse esa ave, porque Dios sólo existe uno y porque Nuestro Señor resucitó al tercer día. En los cielos de Arabia se suele verla volar a menudo; es del tamaño de un águila; lleva una cresta más grande aún que la del pavo real; tiene el cuello amarillo, del mismo color que el jilguero pero más brillante, verdes las plumas de atrás, las alas del color de la púrpura y la cola con rayas amarillas y rojas. Es muy hermoso verla volar al sol, porque a contraluz brilla intensamente.

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La tierra es redonda

mapaso

Contaban cómo un hombre valiente salió de nuestro país para aventurarse a recorrer el mundo. Pasó por la India y por las islas que están más allá de la India y son más de cinco mil. Durante varias primaveras, caminó recorriendo tanta tierra y navegando por tanta mar que halló una isla donde oyó hablar en su propio idioma a unos campesinos, que estaban aguijoneando bueyes y decían las mismas palabras que en su tierra. Naturalmente, esto lo dejó asombrado, porque no podía entender aquella maravilla. Pero yo digo que aquel hombre que tanto había caminado por tierra y por mar, aunque él no tuviera conocimiento de ello, había dado la vuelta al mundo y lo que hizo fue retornar a zaga a su tierra, sin darse cuenta. Por azar, él volvería seguramente cerca de donde había zarpado y, por pura casualidad, entró en la mar de donde había partido, pero no tuvo conocimiento de que aquello era su tierra, aunque hubiera oído su lenguaje. ¡Fue cosa grande cuando supo luego que aquella isla estaba cerca de Normandía. Ahora bien, si ese hombre se hubiera dado cuenta y hubiera navegado un poco más, se habría encontrado con su tierra y sus familiares, pero volvió a irse, zarpando otra vez cerca de donde había salido al principio. Así que malgastó tiempo y esfuerzo, como él lo admitió luego, mucho después de haber vuelto.

Ocurrió alguna otra vez que, cuando este mismo hombre iba navegando hacia Noruega, le sorprendió una tormenta y tuvo que arribar a una isla. Fue entonces cuando reconoció la isla donde había oído hablar su lengua a los campesinos que estaban aguijoneando sus bueyes. Todo esto es posible, aunque a la gente simple le parezca que no se puede ir más allá, porque si alguien intentase ir debajo de nuestra tierra, es decir, a las antípodas, se caería al cielo. Pero no es así, y tampoco ocurre que tengamos que caernos al cielo desde el punto de la tierra donde nos encontremos. En cualquier parte del mundo donde viva el hombre, por encima o por debajo, en el Norte o en el Mediodía, siempre le parece a la gente que son ellos los que caminan derecho, y no los otros. De la misma forma que a nosotros nos parece que ellos están por debajo, a ellos les parece que somos nosotros los que estamos debajo de ellos. Si un hombre tuviese que caer desde la tierra al cielo, con más razón la tierra y la mar, que pesan mucho más, tendrían que caerse al firmamento. Pero, naturalmente, eso no ocurre así, ni es posible; por eso dijo Cristo: «No tengas miedo, que yo he colgado la Tierra sobre la nada».

De todo esto se deduce que el hombre puede rodear toda la Tierra y dar la vuelta al mundo. Sin embargo, no hay un hombre entre mil que sea capaz de guardar la ruta para retornar, porque, dada la inmensidad de la tierra y del mar, se podría ir por muchas rutas distintas, pero ésas no llevarían de vuelta exactamente hasta el punto de partida, y acertar a volver sería pura ventura o gracia divina.

La Tierra es muy ancha y en toda su redondez, por ambos hemisferios, encima y abajo, mide unas veinte mil cuatrocientas veinticinco millas, según los Antiguos. Yo no voy a ir en contra de su opinión, pero mal que les pese, según mi pequeño raciocinio, tiene que medir más. Ahora, para que entendáis mejor lo que quiero decir, supongamos que yo imagino un punto y, con un compás, dibujo un círculo alrededor del punto de donde parto, y después, describo un círculo más pequeño, dividido en varias partes por líneas que todas convergen en el centro. Entendéis que el círculo grande quedará dividido en tantas partes como el círculo pequeño que he dibujado alrededor del centro, aunque los intervalos sean más pequeños. El círculo grande representa el firmamento, y el pequeño, la Tierra. Los astrónomos dividen el firmamento en doce partes, que son los doce signos del Zodiaco, de treinta grados cada uno, por lo que el firmamento tiene trescientos sesenta grados de perímetro. Si se divide la Tierra en tantas partes como el cielo, a cada parte corresponderá un grado del cielo. Según los astrónomos, seiscientos estadios terrestres corresponden a un grado del firmamento, es decir, ochenta y siete mil cuatro estadios. Si se multiplica por trescientos sesenta, se obtendrán treinta y una mil millas, siendo cada milla de ocho estadios, según las millas de nuestro país: a mi entender, y según este razonamiento, ésta es la medida de la Tierra en toda su redondez.

Habéis de saber que, según la opinión de los astrónomos y filósofos antiguos, ni nuestro país, ni Irlanda, ni Gales, ni Escocia, ni Noruega, y tampoco las demás islas que las bordean, forman parte de la superficie terrestre computada, como se puede leer en todos los libros de astronomía. Resulta que la superficie terrestre está dividida en siete partes, por los siete planetas, y a esas partes se les llama climas. Ahora bien, nuestras regiones no forman parte de estos siete climas, porque debido a la rotundidad de la Tierra bajan hacia Occidente, mientras que en nuestras antípodas están las islas de la India, y alrededor del mundo se extienden los siete climas.

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Gentes extrañas

acéfalosEn otra isla, hacia el Mediodía, viven unas gentes de feísima y malvada naturaleza, ya que ni ellos ni ellas tienen cabeza, sino la cara en medio del pecho, con los ojos por los hombros y en medio de los pechos la boca torcida como una herradura.

Los habitantes de otra isla tienen los ojos y la boca en la espalda, a la zaga de los hombros. En otra, hay gentes con la cara totalmente aplanada, sin nariz y sin ojos, con dos agujeros redondos horadados en el lugar de los ojos y una raja en vez de boca y labios, como se muestra en la imagen. Cuando tienen que comer, se meten un pequeño cañón por la hendidura y así sorben las viandas. Son gentes muy melancólicas y de mal talante. Otros hombres monstruosos tienen la cara muy deformada, con el labio inferior tan enorme que, cuando quieren dormirse al sol, llegan a taparse toda la cara con sus mismos labios.

Asimismo, se halla en otra isla una raza de hombres cuyas enormes orejas les cuelgan hasta las rodillas. Los hay también con piel de cabra, pero fuertes y valientes, porque son capaces de ganar a las fieras, cuando corren detrás para apresarlas y comérselas. Otra clase de gente montaraz son los que andan a gatas, como los animales. Son tan vellosos que parecen osos y gente vellosatrepan por los árboles tan prestos como monos.

Hay en otra isla una clase de gentes muy maravillosas que son a la vez hombres y mujeres, porque juntos y pegados están sus cuerpos y no tienen más que una teta por un lado, pues del otro no tienen nada, y cada uno de ellos lleva órganos de hombre y de mujer. Usan de esos órganos como les venga en gana, unas veces el miembro, otras la vagina. El que lo haga como hombre engendra hijos, mientras que el que lo haga como mujer se empreña y pare hijos.

En otra isla, las gentes siempre andan de rodillas, de una manera sorprendente, y parece que se van a caer a cada paso, porque tienen seis brazos y seis manos, con seis dedos en cada mano y seis dedos en cada pie. Otra suerte de hombres tienen en medio de la frente cuatro ojos y ven con cualquiera de ellos. Hay otras clases de gentes monstruosas en las islas comarcanas de las que se podría hablar mucho tiempo, pero las voy a omitir para no alargar mi relato.

Cuando uno deja esas islas para navegar durante muchas jornadas hacia Oriente por el Mar Océano, se acaba arribando a un gran reino llamado Mancy, que está en la India Mayor. Esa tierra es la más hermosa y deleitosa y cuenta con todos los bienes que el hombre pueda poseer. Allí viven muchos cristianos y sarracenos, porque el país es muy grande y rico, con más de mil ciudades. Tan deleitable es la vida en aquella isla que ha llegado a ser la más poblada de todas. Allí nadie mendiga por el amor de Dios, porque, en todo el país, no hay ningún pobre.

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CALILA Y DIMNA

Calila y Dimna

Textos tomados de Calila y Dimna, versión de Carmen Bravo Villasante, Barcelona, Biblioteca de cuentos maravillosos, 1990

La rata cambiada en niña

Dijo el búho:

-Dicen que un buen hombre religioso cuya voz oía Dios estaba un día junto a la ribera de un río, y pasó por allí un milano y llevaba una rata y se le cayó delante del religioso. Y tuvo compasión de ella y la envolvió en una hoja y quiso llevarla para su casa. Y temió que sería difícil criarla y rogó a Dios que la convirtiese en una niña. Y Dios la hizo ser una niña hermosa y muy apuesta; y la llevó para su casa y la crió muy bien y no le dijo nada de cómo fuera su naturaleza. Y ella no dudaba de que era su hija. Y cuando llegó a los doce años le dijo el religioso:

-Hijita, ya tienes edad y no puedes estar sin marido que te mantenga y te gobierne y me desembarace de ti, para que me vuelva a orar como antes hacía sin ningún estorbo. Pues escoge ahora qué marido quieres y te casaré con él.

Dijo ella:

-Quiero un marido que no tenga par en valentía, en esfuerzo y en poder.

Dijo el religioso:

-No sé que haya en el mundo otro semejante al sol, que es muy noble y muy poderoso, más alto que todas las cosas del mundo, y le quiero rogar que se case contigo.

Y así lo hizo, se bañó e hizo su oración. Después oró y dijo:

-Tú, sol, que fuiste criado para provecho de todas las gentes, te ruego que te cases con mi hija, que me rogó que la casase con el más fuerte y con el más noble del mundo.

El sol dijo:

-Ya oí lo que dijiste, hombre bueno, y yo te enviaré respuesta de tu ruego, por la honra y el amor que tienes con Dios y por la bondad que tienes entre los hombres; pero te enseñaré el ángel que es más fuerte que yo.

Y el religioso le dijo:

-¿Y cuál es?

El contestó:

-Es el ángel que trae las nubes, el cual con su fuerza cubre mi fuerza y no me deja extenderme por la tierra.

Volvióse el religioso al lugar donde están las nubes de la mar y llamó a las nubes, igual que había llamado al sol, y les dijo lo mismo que dijo al sol. Y dijeron las nubes:

-Ya entendimos lo que dijiste y es cierto que es así, que Dios nos dio la fuerza más que a otras muchas cosas, pero te llevaremos hacia otra cosa que es más fuerte que nosotras.

Dijo el religioso:

-¿Quién es?

Le dijeron:

-Es el viento que nos lleva a donde quiere, y nosotras no nos podemos defender de él.

Y se fue para el viento. Y lo llamó así como a los otros, y le dijo la misma razón.

El viento le dijo:

 -Así es como tú dices, pero te guiaré a otro que es más fuerte que yo, ya que pugné por ser su igual y no lo pude ser.

Dijo el religioso:

-¿Y quién es?

Dijo el viento:

-Es el monte que está cerca de ti.

Y el religioso se fue para el monte y le dijo como dijo a los otros.

Y dijo el monte:

-Así soy yo como dices, pero te guiaré hacia otro que es más fuerte que yo, que con su gran fuerza nadie puede contra él, y no me puedo defender de él, y que me hace todo el daño que puede.

Dijo el religioso:

-¿Y quién es éste?

Dijo él:

-Es un ratón, que me hace todo el daño que quiere, pues me horada por todas partes.

Y se fue el religioso al ratón y le llamó igual que a los otros, y el ratón le dijo:

-Así soy yo en poder y fuerza, pero, ¿cómo se podía arreglar que yo me casase con una mujer siendo yo un ratón y viviendo en una cuevecilla en un horadado?

Dijo el religioso a la moza:

-¿Quieres ser mujer del ratón, que ya sabes cómo hablé con todas las otras cosas y no encontré a nadie más fuerte que él, y todas me guiaron a él? ¿Quieres que ruegue a Dios que te torne rata y que te case con él? Y vivirás con él en su cueva, y yo te iré a visitar y no te dejaré del todo.

Dijo ella:

 

-Padre, yo no dudo de vuestro consejo. Pues ya que vos lo tenéis por bien, yo lo haré. Y rogó a Dios que la tornase en rata y fue así, y se casó con el ratón, y se entró con él en su cueva, y tornóse a su raíz y a su naturaleza.

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El asno sin corazón y sin orejas

 

Dijo el simio:

-Dicen que un león criaba en un lugar, y estaba en él el lobo cerval que comía de sus sobras. Y el león tuvo mucha sarna y se quedó muy flaco y muy atribulado y no podía cazar. Y dijo el lobo cerval:

-Señor, tu estado está ya cambiado y no puedes ya cazar. Esto ¿por qué es?

Dijo el león:

-Por esta sarna que ves, y no tiene otra medicina sino las orejas y el corazón de asno.

Dijo el lobo cerval:

-Yo sé un lugar donde hay un asno de un encargado de limpiar los paños, que trae sobre él los lienzos a un prado aquí cerca de nosotros y cuando los descarga le deja en el prado, y te prometo por Dios que lo traeré, y tomarás sus orejas y su corazón.

Dijo el león:

-Hazlo si pudieres, porque mi medicina y mi salud es eso.

Y se fue el lobo cerval y llegó al asno y le dijo:

-¿De qué estás tan magro y de qué tienes estas mataduras el lomo?

Dijo el asno:

-Este limpiador de paños es falso conmigo, porque se sirve  de mí continuamente y me mengua la cebada.

Dijo el lobo cerval:

-Yo te enseñaré un lugar muy agradable y muy apartado donde nunca anduvo el hombre y hay unas asnas de lo más hermosas que nunca vio el hombre, y necesitan machos.

Dijo el asno:

-Pues vayamos allá, que si sólo fuera por el deseo de tu afecto, esto me haría ir allí contigo.

Y se fueron ambos hacia el león, y se adelantó el cerval y se lo hizo saber, y saltó el león por detrás del asno para cogerle. Pero no lo pudo tener por la flaqueza que tenía y el asno se le escapó de entre las manos y se fue y se volvió a su lugar.

Dijo el lobo cerval al león:

-Si a sabiendas dejaste el asno, ¿por qué me hiciste trabajar en buscarlo? Y si la flaqueza te hizo dejarlo, y no lo pudiste tener, esto es aún peor.

Y supo el león que si dijese que a sabiendas lo había dejado, que sería tenido por necio, y si dijese que no lo pudiera tener que lo tendrían por flaco y por cansado, y dijo al lobo:

-Si tú me tornaras aquí al asno, te diré lo que me preguntas.

Dijo el lobo:

-Me parece que el asno está escarmentado y no querrá venir otra vez, pero iré a por él, y si lo pudiere engañar te lo traeré acá.

Y se fue para el asno. Y el asno cuando le vio, le dijo:

-¿Qué traición fue esa que me quisiste hacer?

Dijo el lobo cerval:

-Quise hacerte bien y no fuiste para ello. Y lo que saltó sobre ti no era sino una de las asnas que te dije. Y como vio un asno no supo de qué manera jugar contigo; y si tú te hubieras quedado quieto ella se hubiera metido debajo.

Cuando el asno oyó hablar de las asnas le entró gran deseo y se fue con el lobo cerval al león y saltó el león y lo cogió y lo mató. Después dijo el león al lobo cerval:

-Yo quiero bañarme, después comeré las orejas y el corazón y de lo demás haré sacrificio, que así me lo ordenaron los médicos; pues guarda tú el asno y después vendré contigo.

Y después que se fue el león, tomó el lobo cerval las orejas y el corazón del asno, y lo comió creyendo que cuando el león viese esto, que no comería nada de lo que quedaba, porque lo tendría por agüero.

Y cuando volvió el león le dijo:

-¿Dónde están el corazón y las orejas del asno?

Dijo el cerval:

-No entendiste tú que el asno no tenía corazón ni orejas.

Dijo él:

-Nunca vi mayor maravilla que ésta que tú dices.

Dijo el lobo cerval:

-Señor, no te maravilles, mas piensa que si tuviera el corazón y las orejas, no tornaría a ti la segunda vez, habiendo hecho lo que hiciste.

Y yo dije este ejemplo para que sepas que yo no soy igual que el asno; pues me engañaste con tu traición para matarme y yo te hice otro tal, y me libré por mi entendimiento de la locura en que había caído.

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Las liebres y la fuente de la luna

 

Dijo el cuervo:

-Dicen que en una tierra de elefantes llegaron años de sequía, y menguó el agua en aquella tierra y se secaron las fuentes; y tuvieron los elefantes una sed muy grande y se quejaron a su rey. Y envió el rey de los elefantes a sus emisarios y a sus exploradores a buscar agua, y volvió hacia él un emisario suyo y le dijo que en un lugar señalado había hallado una fuente que se llamaba la fuente de la luna, donde había mucha agua. Y fue el rey de los elefantes con toda su compañía a aquella fuente para beber de ella. Y había en aquella tierra muchas liebres y los elefantes las golpearon dentro de sus cuevas, y murieron la mayoría de ellas. Y se juntaron las que quedaron con su rey y le dijeron:

-Bien sabéis lo que nos sucedió con el rey de los elefantes; dadnos consejo y remedio antes de que vuelva a esta tierra otra vez y nos mate a todas.

Dijo el rey:

-Diga cada una de vosotras lo que os parezca mejor.

Y vino una de las liebres que se llamaba Feyrus, a la que el rey conocía por su buen acuerdo y consejo, y dijo:

- Diga cada una de vosotras lo que os parezca mejor.

-Si a bien lo tuvierais, señor, enviadme a los elefantes, y enviadme, también, a una persona fiel, para que vea lo que hago y digo, y os lo contará.

Dijo el rey:

-Tú eres la persona fiel y yo estoy contento de oír tu consejo, así es que creeré todo lo que me digas. Pues vete con los elefantes, y diles de mi parte lo que quisieres, y haz lo que te parezca. Y sé blando y manso, que el buen emisario ablanda el corazón si habla mansamente.

Y la liebre se fue una noche en que había luna, hasta que llegó donde estaban los elefantes. Y no quiso llegar hasta ellos para que no le pisasen con los pies, y se subió encima de un monte muy alto. Y llamó al rey de los elefantes por su nombre y le dijo:

-La luna me envía que venga a veros, y el emisario no debe ser culpado, aunque diga palabras bravas.

Dijo el rey de los elefantes:

-¿Cuál es el mensaje que me traes?

Dijo:

-La luna os dice que quien conoce cuán grande es su fuerza sobre los débiles, que se engañan los fuertes, pues su fuerza es cobardía y mala suerte contra sí. Y porque sabéis que es mayor la fuerza que tenéis sobre las otras bestias, por eso fuisteis atrevidos contra mí, y vinisteis a la fuente que tiene mi nombre y tomasteis mi agua y la bebisteis con vuestros compañeros. Yo os prohíbo que vengáis más, y si no yo os cegaré y os mataré, y si tenéis duda de esto que os envío a decir, id a la fuente y ahí veréis que enseguida estaré con vosotros.

Y se maravilló el rey de los elefantes de lo que le decía la liebre, y se fue con ella hacia la fuente y vio la luz de la luna en d agua. Dijo la liebre:

-Tomad el agua con vuestra trompa y lavad vuestro rostro, y adorad la luna y pedidle la merced de que os perdone.

Y cuando tomó el agua con su trompa, el agua se movió y pareció como si la luna se moviese, y dijo el elefante a la liebre:

-¿Qué le pasa a la luna? ¡Se enfadó conmigo porque metí la trompa en el agua!

Dijo la liebre:

-En efecto, así es como decís.

Y el elefante se arrepintió de lo que hiciera e inclinándose ante ella, se puso de rodillas, como de preces, y le rindió pleitesía y homenaje, diciendo que nunca más volvería a aquel lugar ni los demás elefantes.

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Disciplina clericalis
Tomado de

http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/DocsIglMed/pedro_alfonso_DC.html

Ejemplo XIV : el pozo


El maestro:
-Había un joven que había consagrado toda su actividad, toda su inteligencia y todo su tiempo a estudiar las artimañas de la mujer y, después de eso, quiso casarse. Pero decidió primero aconsejarse y fue a buscar al hombre más sabio de la región; le preguntó cómo podría cuidar a la mujer con la que se casaría. El sabio al oír eso , le aconsejó construir una casa de piedra con muros altos, de instalar a su mujer, de darle de comer lo suficiente, pero sin ropas inútiles; de que la casa tuviera una sola puerta y una sola ventana (para que la mujer tuviera un poco de vista) pero alta, e instalada de tal manera que nadie pudiera salir ni entrar por allí. El joven, después de haber escuchado al sabio, hizo como éste le había aconsejado. De mañana, cuando salía de la casa, el joven marido cerraba firmemente la puerta, y hacía lo mismo cuando volvía; cuando dormía, escondía debajo de la almohada las llaves de la casa. Y eso duró bastante tiempo. Pero un día, mientras que el marido atendía sus asuntos, la mujer, como de costumbre, subió a su ventana y miró a los que iban y venían. Ese día, desde su ventana , ella vio un hombre joven muy agradable de aspecto y de cara. Al verlo ella ardió en el acto de amor por él. Ardiendo por ese amor , pero vigilada como estaba, comenzó a preguntarse cómo y por qué estratagema podría hablar al que ella amaba. Con mucho buen sentido y muy astuta, ella se dijo que robaría las llaves de su marido mientras que él dormía. Y eso es lo que hizo. Se acostumbró entonces de emborrachar a su marido con vino cada noche, para poder salir libremente y satisfacer su deseo con su amigo. Pero su marido, habiendo aprendido con la enseñanza de los filósofos que no había ningún acto de las mujeres exento de engaños, comenzó a preguntase qué tramaba su mujer con esas libaciones diarias. Para darse cuenta, fingió estar borracho. La mujer no se dio cuenta y, de noche, salió de su cama, fue a la puerta de la casa, abrió y salió al encuentro de su amante. Entonces el marido se levantó despacio en el silencio de la noche, fue a la puerta y la cerró y echó el cerrojo, después subió a la ventana y esperó allí hasta el momento en que vio volver a su mujer, vestida solamente con una camisa. Esta, al querer entrar, encontró la puerta cerrada; quedó muy contrariada, pero a pesar de eso tocó a la puerta. El marido, cuando la vio y escuchó, hizo como si no la reconociera y preguntó quién era. Entonces ella pidió perdón por su falta y prometió que no volvería a hacerlo; pero fue en vano y su marido furioso dijo que no la dejaría entrar a la casa y la acusaría ante sus padres. Ella se puso a gritar cada vez más fuerte y a decir que si él no le abría la puerta de la casa, ella se tiraría al pozo que estaba delante de la puerta y terminaría con su vida : así, él tendría que rendir cuentas de su muerte a sus amigos y a sus próximos. El marido desdeñó estas amenazas y no le permitió entrar a la casa. Pero la mujer, llena de artimañas y astucia, tomó una piedra y la tiró al pozo: ella pensaba que su marido, al oír el ruido de la caída de la piedra al pozo, creería que ella se había tirado al pozo. Después de eso, ella se escondió detrás del pozo. El marido, ingenuo e imprudente, habiendo oído el ruido de la piedra cayendo al pozo, salió en seguida de la casa y corrió rápidamente al pozo, pensando que el ruido que había oído era la caída de su mujer. Pero la mujer, al ver la puerta abierta, y siempre llena de astucia, entró a la casa, cerró la puerta y subió a la ventana. El marido, viendo que había sido burlado, dijo:
-Oh! Mujer tramposa, y repleta de las artimañas del diablo, déjame entrar y yo te perdonaré todo lo que me has hecho afuera!
Pero ésta lo insultó y se puso a jurar que hiciera lo que hiciera y que él prometiera, no entraría en la casa:
-Yo mostraré a mis padres lo que tú eres y lo que es tu crimen, pues tú tienes la costumbre, cada noche dejarme furtivo e ir a lo de las prostitutas.
Y fue lo que ella hizo. Entonces los padres, oyendo eso y creyendo que era cierto, culparon al marido. Así fue como esta mujer, habiendo evitado por su astucia el castigo que merecía, se lo achacó a su marido. Para éste, el hecho de haber cuidado a su mujer no sirvió de nada y mismo le causó daño: en efecto, para colmo de males, mucha gente creyó que él tenía muy merecido lo que le pasó. Fue por eso que se encontró privado de sus bienes, despojado de sus títulos de honor, deshonorado y, por la calumnia de su mujer, soportó el castigo de los adúlteros.
El discípulo:
-No hay persona que se pueda defender de la habilidad de las mujeres, salvo el que Dios guarde, y esta historia es para mí un aliciente para no tomar mujer.

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Bestiarios
Tomado de Bestiario medieval, Madrid, Siruela, 1986. elefante

El elefante

Existe un animal llamado elefante, que carece de deseo de copular. Dicen  las gentes  que los griegos  lo  llaman «elefante» debido a su tamaño, pues sugiere la forma de una montaña; y en griego montaña se dice eliphio. En las Indias, sin embargo, se le conoce por el nombre de barrus a causa de su voz; de ahí que la voz se diga de «barítono» y   los  colmillos  de  marfil  (ebur).  Su  nariz  se  llama probaseis ( = para los matorrales), pues con ella se lleva a la boca las hojas que come, y parece una serpiente.
Los elefantes se defienden mediante colmillos de marfil. No existen animales mayores. Los persas e indios, instalados en torres de madera a lomos de los elefantes, luchan a veces entre sí con jabalinas, como si lo hicieran desde un castillo. Poseen gran inteligencia y memoria; se desplazan en rebaños y copulan dándose la espalda.
La gestación de los elefantes dura dos años; paren una sola vez, y no varias crías simultáneamente, sino una sola. Viven trescientos años. Si uno de ellos desea criar, se encamina a Oriente, hacia el Paraíso; allá crece un árbol llamado Mandrágora, al que se acerca el elefante con su pareja. Primero prueba él del árbol, y a continuación da a probar a la hembra. Cuando mastican la planta quedan seducidos, y ella concibe en su vientre de inmediato. Cuando llega el momento indicado para el parto, la elefanta se introduce en un lago, hasta que el agua le llega a las ubres. Entretanto, el padre la vigila mientras está dando a luz, ya que existe un dragón que es enemigo de los elefantes. Además, si llega a pasar una serpiente, el padre la mata y la pisotea. El elefante también es temible para los toros... y sin embargo, los ratones le asustan.
La naturaleza del elefante es tal, que si cae al suelo no es capaz de incorporarse. Por ello, cuando desea dormir, se apoya contra un árbol, pues carece de articulaciones en las rodillas. Y por esa razón, el cazador corta parcialmente el tronco, de manera que el elefante, al apoyarse, se desplome a la vez que el árbol. Al caer, pide auxilio a gritos; e inmediatamente aparece un gran elefante, que no es capaz de levantarlo. Entonces gritan ambos, y aparecen en escena doce elefantes más: pero ni siquiera ellos pueden alzar al caído. Todos ellos gritan, pues, en petición de ayuda, y llega en seguida un elefante muy pequeño que coloca su boca y su trompa bajo el caído, levantándolo. Este pequeño elefante tiene, además, la propiedad de que nada maligno puede acercarse a su pelo y huesos reducidos a cenizas, ni siquiera un dragón.
El elefante y su hembra representan, pues, a Adán y Eva. Cuando eran agradables a Dios, antes de que cedieran a la provocación de la carne, nada sabían de cópula ni conocían el pecado. Y sin embargo, cuando la mujer comió del Árbol de la Ciencia, que es lo que la Mandrágora significa, y dio al hombre uno de los frutos, quedó inmediatamente convertida en una vagabunda, y por ello tuvieron que salir del Paraíso. Pues Adán no la conoció durante todo el tiempo que permanecieron en el Paraíso. Pero entonces, dicen las Escrituras, «Adán conoció a su mujer, que concibió y dio a luz a Caín, sobre las aguas de la tribulación». A propósito de cuyas aguas exclama el Salmista: «Sálvame, oh Dios, pues las aguas han penetrado hasta mi alma». E inmediatamente, el dragón  los  corrompió  y  los  hizo  extraños  al  refugio divino. Es lo que resulta de no agradar a Dios.
Cuando llega el elefante grande, es decir, la Ley mosaica, y no consigue levantar al caído, sucede lo mismo que cuando el fariseo fracasó con el hombre que había caído entre ladrones. Tampoco pudieron levantarlo los doce elefantes —o sea, los profetas—, del mismo modo que el levita no levantó al hombre mencionado. Esto significa que Nuestro Señor Jesucristo, aunque era el más grande, se convirtió en el más insignificante de todos los elefantes. Se humilló, y mostró su obediencia incluso hasta la muerte, con el fin de levantar a los hombres.
El elefante pequeño simboliza también al samaritano que colocó al hombre en su yegua. Él mismo, herido, cargó con nuestras dolencias y nos alivió de su peso. Además, este samaritano celestial se interpreta como el Defensor, sobre el que escribe David: «El Señor defendiendo a los humildes». Y también, con referencia a las cenizas del elefante pequeño: «Cuando el Señor está presente, ningún demonio puede acercarse».
Es un hecho que los elefantes destrozan todo aquello en torno a lo que enroscan sus trompas, como el desplome de una prodigiosa ruina; y todo lo que aplastan con las patas, lo pulverizan.
Nunca discuten a propósito de sus hembras, pues no conocen el adulterio. Son de un carácter dulce y bondadoso, y si encuentran a un hombre perdido en el desierto, se ofrecen a guiarlo hasta senderos conocidos. Si están reunidos en grandes rebaños, se abren camino utilizando sus trompas con suavidad y cuidado, para evitar que sus colmillos puedan matar a algún animal en el camino. Si por azar se ven envueltos en combates, se preocupan en gran manera de sus bajas, conduciendo a los heridos y agotados al centro del rebaño.

El cisne

            Existe un ave llamada cisne. El Fisiólogo dice que hay un país donde cantan tan bien y tan hermosamente, que su voz es una auténtica melodía para el oído; qué cuando se toca el arpa en su presencia, se acompasan todos con el arpa, del mismo modo que el tambor se acuerda a la flauta. Y es fama que cantan mejor el año en que deben morir; de tal modo, que las gentes del país, cuando oyen a uno de hermoso canto, dicen: «Éste morirá con el año». De la misma forma que se dice de un niño pequeño, cuando se le aprecia mucho talento: «Este niño no vivirá mucho tiempo».
Este cisne que tan bien canta frente a su muerte, significa el alma que se alegra en la tribulación. Pues «los apóstoles mostraban gran gozo cuando salían de las asambleas en que los habían golpeado, porque eran dignos de sufrir vergüenza por el nombre de Nuestro Señor». Pues Dios dice en El cantar de los cantares: «Como la azucena entre las zarzas, así es mi amada entre las mujeres del inundo». ¿Cómo es la azucena entre las zarzas? La arañan, pero ella no les hiere a su vez, sino que despide buen olor. Así debe obrar el alma santa: no debe contestar con palabras ásperas, sino que debe restituir buen aroma, con paciencia, a quienes le hacen daño; así podrá decir con San Pablo: «Somos el buen perfume de Jesucristo en todas partes». Pero las que devuelven mal por mal y replican con señas o palabras, las que no pueden olvidar una palabrita que se les haya dicho, o algún daño que se les haya causado, nada se parecen a la flor de azucena, ni al cisne, que tan bien canta frente a su muerte. Pero quien desea tener el amor de Dios, debe ser recto en todas sus obras, y estar desprovisto de envidia, de codicia, de orgullo, y ser humilde de corazón para con su prójimo, y caritativo con sus bienes. Así restituirá buen aroma a Jesucristo.

La ostra

Cuando el pescador va en busca de perlas, las encuentra por medio del ágata. Sujeta el ágata a una cuerda recia, y la deja caer al mar. El ágata va hacia la perla, y allí permanece, y no se mueve. Y los buceadores localizan precisamente el ágata; siguen la cuerda hasta que llegan al lugar en que se halla el ágata, y allí encuentran la perla.
Escuchad ahora de dónde proceden las perlas. Existe en el mar un animal con concha llamado ostra perlífera. Esta ostra se eleva del fondo del mar al despuntar el alba, abre la boca y absorbe el rocío del cielo, encerrando en su concha los rayos del sol, la luna y las estrellas; de las luces celestiales, da nacimiento a las perlas. Este animal de concha tiene dos valvas, entre las que se encuentran las perlas.
El ágata representa a San Juan Bautista, pues él mismo nos señaló la perla espiritual, cuando dijo: «He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan I, 29). Considerad que el mar es el mundo, y el buceador el coro de profetas. Las dos valvas de la concha son el Antiguo y el Nuevo Testamento; el sol, la luna, las estrellas y el rocío, el Espíritu Santo, incluido en ambos testamentos; y la perla es Nuestro Señor Jesucristo, pues Él mismo es una perla valiosa. Y tú, hombre, vende todo lo que posees y adquiere la costosa perla, que es Cristo Nuestro Señor, de modo que puedas tener un tesoro en tu corazón, y redimirte.

El grifo

A éste [el representado en la ilustración] se le llama grifo, porque es un cuadrúpedo con alas. Esta especie de animal salvaje nace en las zonas de Hiperbórea, o en sus montes. Todos los miembros de su cuerpo son como los de un león, pero sus alas y su rostro son como los de un águila.
Es tremendamente hostil a los caballos. Pero también es capaz de despedazar a cualquier ser vivo que encuentre en su camino.
(…)
El grifo es el ave más grande de todas las del cielo Vive en el lejano Oriente, en un golfo de la corriente oceánica. Y, cuando se yergue el sol sobre las profundidades marinas y alumbra el mundo con sus rayos, el grifo extiende sus alas y recibe los rayos del sol. Y otro grifo se alza con él, y ambos vuelan juntos hacia el sol poniente, tal y como está escrito: «Extiende tus alas, dispensador de la luz; entrega al mundo la claridad».
De semejante manera representan ambos grifos la Cabeza de Dios, es decir, al arcángel San Miguel y a la Santa Madre de Dios, y reciben tu espíritu, de forma que no pueda decirse: «No te conozco». Bien ha hablado el Physiologus en lo referente al grifo.

La tórtola

La tórtola es un pájaro sencillo, casto y hermoso, que ama tanto al macho, que mientras él viva no tendrá otro, ni después de su muerte tomará otro distinto, sino que lo llorará durante el resto de su vida, y no se posará sobre un árbol verde; ésta es la significación. Por la tórtola, como es de razón, debemos entender a la Santa Iglesia, que es humilde y casta, siendo Dios su esposo; y cuando Dios fue afligido y herido a muerte en la Cruz, la Santa Iglesia lloró por Él, y no lo abandonó ni antes ni después. Por eso dicen los profetas que tal permanecerá hasta el fin, que estará junto a Dios y se salvará sin falta. Y la tórtola representa, sabedlo, a la Virgen María o al alma santa en verdad; así lo dice la autoridad. ¡Dios nos conceda el sentido de la tórtola! Amén.

El fénix

El fénix es un ave muy gentil y hermosa; se encuentra en Arabia, y tiene el aspecto de un cisne. Ningún hombre, por mucho que sepa buscar, puede hallar más de uno en la tierra, pues está solo en el mundo, y es de color totalmente púrpura. Vive quinientos años y más, según dice Isidoro. Cuando se ve envejecer, va a coger ramitas de un precioso sarmiento de buen aroma. Si están secas, las coge, luego se echa encima, y recibe el fuego fiel merced a los rayos del sol: voluntariamente, prende en él sus alas, arde por su  propio deseo, y queda convertido en polvo. Gracias al fuego de las ramitas, al buen aroma, al calor y a la   humedad, el polvo adquiere un perfume; y tal es su naturaleza, como dice el texto, que al tercer día vuelve a la vida. Y esto significa algo importante. El Bestiario dice de él algo mucho más sorprendente, y el Fisiólogo aún dice más: el fénix vive quinientos años, y un poco más; luego quiere rejuvenecer, y abandonar su vejez. Entonces toma el bálsamo de allí donde él procede, y se sumerge en él tres veces, ungiendo todo su cuerpo. Cuando ha obrado así, se marcha de inmediato, y es tan prudente que llega a la ciudad de Heliópolis, donde permanece largo tiempo; empieza a anunciar entonces que quiere rejuvenecer. Allá hay un altar como no existe otro; un sacerdote sirve al ave del modo siguiente, pues entiende perfectamente el grito que ha oído de él, es decir, que quiere rejuvenecer y abandonar su vejez. El sacerdote recoge sarmientos y los extiende sobre el altar; el fénix llega volando, y se pone en el fuego ardiente. Allí se quema por su propia voluntad, y pronto está convertido en polvo. Cuando ha ardido el sarmiento y también el ave, el sacerdote se acerca al altar: jamás veréis cosa semejante. Encuentra el sarmiento quemado, a la vez que el pájaro; y allí encuentra un gusanillo completamente blanco y muy menudo. Al segundo día, vuelve: tiene forma de pájaro; cuando regresa al tercer día, encuentra de mayor tamaño al pájaro: está completamente crecido y formado, y canta al clérigo: «Vale», es decir, «Dios te guarde». Luego, regresa al bosque del que antes viniera, antes de quemarse. Sabed, pues, que tal es su suerte: muere por su voluntad, y de la muerte vuelve a la vida; oíd lo que esto significa.
Este pájaro representa a Jesús, hijo de María, pues tuvo el poder de morir a su albedrío, y de la muerte regresó a la vida, y esto representa el fénix: para salvar a su pueblo, quiso sacrificarse en la cruz. El fénix tiene dos alas, y también eso tiene su sentido: por esas alas has de entender las dos leyes, la vieja y la nueva, que es muy santa y hermosa; esto es lo que Dios vino a cumplir, para curar a su pueblo.

La bernacha

El árbol del que nacen aves, y caen cuando están maduras: Nos dice el Fisiólogo que hay un árbol sobre las aguas de cierto mar, que da pájaros semejantes a ocas, pero un poco más pequeños. Y cuando estas aves crecen, quedan colgadas del árbol por el pico hasta que están maduras. Y cuando lo están, caen igual que una pera se desprende del árbol cuando está en sazón. Y al caer, las que van a parar al agua flotan con vida, y se salvan, pues no han de guardarse de la muerte; pero las que caen fuera del agua, en tierra, allí permanecen inmóviles, y mueren, y están perdidas. Esto significa que ningún hombre se regenera, ni  puede ser perfecto, si no ha caído antes en el agua en que es lavado en nombre del bautismo. Y quienes no son lavados en el agua en nombre del bautismo están perdidos, como el ave que cae del árbol a tierra, que está muerta y perdida.

bernacha unicornio

El unicornio

El Fisiólogo relata que el unicornio tiene el atributo siguiente. Es un animal pequeño, como una cabra; pero  muy huidizo, y los cazadores no pueden acercarse a él pues tiene gran astucia. Tiene un cuerno en mitad de la cabeza. Expliquemos ahora cómo se le atrapa. Envían a su encuentro a una pura doncella revestida de una túnica. Y el unicornio salta al regazo de la doncella; ella lo amansa y él la sigue; así lo conduce al palacio del rey.
Vemos así que el unicornio es la figura de nuestra Salvador, el cuerno de salvación alzado para nosotros en la casa de nuestro padre David. Los poderes celestiales ni pudieron realizar la obra por sí solos, pero Él tuvo que hacerse carne y morar en el cuerpo de la verdadera Virgen María.
Existe otro atributo del Unicornio. En los lugares él que vive hay un gran lago, al que todos los animales  acuden para beber. Pero, antes de que se reúnan, llega una serpiente y derrama su veneno sobre las aguas. Y cuando los animales advierten el veneno, no se atreven a beber, sino que se apartan y aguardan al unicornio. Llega éste, entra directamente en el lago y hace la señal de la cruz con su cuerno; entonces, el veneno se hace inofensivo, y todos los animales beben.

El basilisco

A continuación puedo mencionar al Cockatrice o basilisco, pasando así a las serpientes. Éste es el rey de las serpientes; no por su tamaño o su grandeza, sino por su avanzar majestuoso y su talante magnánimo: pues siempre lleva erguidos la cabeza y la mitad de su cuerpo, y tiene una especie de cresta como una corona sobre la cabeza. De espesor, esta criatura alcanza el de la muñeca de un hombre, y su longitud es proporcional al grosor; tiene los ojos rojos, entre una especie de negrura brumosa, como si fuese fuego mezclado con humo. Su veneno es muy caliente y ponzoñoso, capaz de secar y requemar la hierba, como si de fuego se tratase; infecta el aire a su alrededor, de forma que ninguna otra criatura puede vivir a proximidad: en eso se parece a la gorgona [el catoblepas], del que acabo de tratar.
Y entre todas las criaturas vivas, ninguna hay que perezca antes por el veneno del basilisco, que el hombre; pues con su vista lo mata: es decir, que los rayos de los ojos del basilisco corrompen el espíritu visible del hombre, según se afirma. Corrompido éste, todos los demás espíritus vitales que proceden del corazón y del cerebro, se ven corrompidos también, y así el hombre muere. Se dice que su silbido es igualmente malo, ya que destruye árboles, mata pájaros, etc., emponzoñando el aire. La víctima del basilisco también resulta venenosa para quien la toque. Sólo una comadreja puede matarlo (...)

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El dragón

El dragón es la mayor de todas las serpientes, y en realidad de todos los seres vivos que hay en la tierra. Los griegos lo llaman draconta, y esto ha pasado al latín bajo el nombre de draco.
Cuando el dragón sale de la cueva, a menudo se eleva a los cielos, y el aire a su alrededor se vuelve ardiente. Tiene cresta, boca pequeña y un estrecho gaznate a través del cual toma aliento o saca la lengua. Por otra parte, su fuerza no está en los dientes, sino en la cola, y hace daño con sus golpes más que con sus picaduras. Así, es inofensivo en lo que atañe al veneno. Pero dicen que no necesita veneno para matar, ya que, si se enrosca en torno a alguien, lo mata de esa forma. Ni siquiera el elefante se ve protegido contra él por el tamaño de su cuerpo, pues el dragón, que yace al acecho junto a los caminos por donde suelen transitar los elefantes, enlaza sus patas con un nudo, merced a su cola, y los mata por asfixia. Nace en Etiopía y en la India, en lugares donde el calor es perpetuo. El dragón no mata a hombre alguno, sino que lo devora lamiéndolo con su lengua.
El demonio, que es el más enorme de todos los reptiles, es como este dragón. A menudo sale de su guarida lanzándose al espacio, y el aire en torno a él se inflama, pues el demonio, al elevarse de las regiones inferiores, se convierte en un ángel de luz y engaña a los necios con falsas esperanzas de gloria y de goce terrenal. Se dice que tiene una cresta o corona, porque es el Rey de la Soberbia, y su fuerza no está en los dientes, sino en la cola, porque engaña a los que atrae hacia él con artimañas, destruyendo su fortaleza. Yace escondido junto a los senderos por los que pasean, porque su camino al Paraíso está obstaculizado por los nudos de sus pecados, y él los estrangula hasta matarlos. Pues si alguien queda preso en las redes del crimen, muere, y va sin duda al infierno.

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El Carmina Burana
Los textos proceden de:

Luis Antonio de Villena, Dados, amor y clérigos, Madrid, Cupsa, 1978 y

Carmina Burana. Antología, Madrid, Alianza Editorial, 2006.

LICET EGER CUM EGROTIS

(GUALTERIO DE CHÁT1LLON)

Aunque enfermo entre enfermos
y desconocido entre desconocidos,
haré la vez de afiladora piedra,
usurpando el deber del sacerdote.
¡Llorad, hijas de Sión!
Los jefes de la Iglesia
de imitar a Cristo
están hoy muy lejos.
Si en su vida sin dineros
un sacerdote o un levita
quiere conseguir lo que desea
basta que siga un camino conocido.
Utilicen las artes
de Simón el Mago,
y se les dará lo pedido
como a otro Guejazi.
Yace el orden clerical
más postrado que los laicos,
la Esposa de Cristo se hace venal
y la pueden tener ya todos.
Se venden los altares,
se vende la Eucaristía,
aunque sean nada
las gracias adquiridas.
Los dones de Dios no se compran,
sin dinero deben darse,
por eso el que los compra o vende
se mancha con la lepra del Asirio.
El que así busca beneficios,
sirve a los ídolos,
el templo del Espíritu Santo
no se honra de tal modo.
El que procede según esas mañas,
se dice pastor en vano,
ni puede ser buen rector
el que se abandona a la avaricia.
Esta es, en efecto,
hija de la sanguijuela,
a la que la curia venal
trata de esposa.
En los días de la juventud
temen los años de la vejez,
y si la fortuna les abandona
no desaparecerá el esplendor del cutis.
Así par a lograr ese fin
se van a los extremos,
y les engaña el vicio
bajo capa de virtud.
Y para y a decir lo menos amable,
ponen el santo Crisma en venta:
reverdecen los corazones de los viejos
y nada refrena su afán lujurioso.
Viejos y decrépitos,
como muchachos nuevos
sorben el veneno
del néctar prohibido.
Total que nadie vive puro,
el muro de la castidad se hunde,
todos se encomiendan a Epicuro
y nadie piensa que ha de morir.
Gratos son los banquetes,
y con oro o dineros
se abre cualquier puerta
el aspirante a pontífice.

Licet eger cum egrotis,
et ignotas cum ignotis,
fungar lamen vice cotis,
ius usurpans sacerdotis.
Flete, Sion filie!
Presides ecclesie
imitantur hodie
Christum a remotis.
Si privata degens vita
vel sacerdos vel levita
sibi dari vult petita,
hac incedit via trita:
previa fie pactio
Simonis officio,
cui succedit datio,
sic fit Giezita.
lacet ordo clericalis
in respectu laicalis,
sponsa Christi fit mercalis,
generosa generalis;
veneunt altana,
venit eucharistia,
cum sit nugatoria
gratiavenalis.
Donum Dei non donatur,
nisi gratis conferatur;
quod qui vendit vel mercatur,
lepra Syri vulneratur.
Quem sic ambit ambitus,
idolorum servitus,
templo sancti Spiritus
non conpaginatur.
Si quis tenet hunc tenorem,
frustra dicit se pastorem,
nec se regit ut rectorem,
renum mersus in ardorem.
Hec est enim alia
sanguisuge filia,
quam venalis curia
duxit in uxorem.
In diebus iuventutí
s timent annos senectutis,
ne fortuna destitutis
desit eis splendor cutis,
et dum querunt médium,
vergunt in contrarium;
fallit enim vitium
specie virtutis.
Ut iam loquar inamenum,
sanctum chrisma datur venum,
iuvenantur corda senum,
nec refrenat motus renum.
Senes et decrepiti,
quasi modo geniti,
nec taris illiciti
hauriunt venenum.
Ergo nemo vivit punís,
castitatis perit muñís,
commendatur Epicurus,
nec spectatur monturas.
Grata sunt convivía;
auro vel pecunia
cuneta facit pervia
pontifex futurus.

IN TERRA SUMMUS REX EST HOC TEMPERE NUMMUS

En la tierra rey supremo es hoy en día Dinero.
A Dinero admiran los reyes y de él esclavos se vuelven.
A Dinero auxilia la venal curia pontificia.
Dinero en las celdas de los abades levanta sus reales.
A Dinero venera la turba de los priores negros.
Dinero se convierte en juez de los grandes concilios.
Dinero la guerra hace, y no le faltará la paz, si le place.
Dinero pleitos pone, cuando a hundir a los ricos se dispone.
Al menesteroso desde el cieno levanta hasta la abundancia Dinero.
Dinero todo lo compra y lo vende, da y lo dado quita.
A Dinero se rinde honores, Dinero amenaza tras las adulaciones.
Dinero es embustero, Dinero raramente se tiene por verdadero.
Dinero a perjuros y condenados hace desgraciados.
Dinero es el dios de los avariciosos y la esperanza de lo codiciosos.
Dinero al desvarío lleva de las mujeres los amoríos.
Dinero a las mujeres que se venden las hace emperatrices.
Dinero hace saqueadores a los propios nobles.
Dinero tiene más ladrones que el cielo constelaciones
Si Dinero intercede, rápidamente todas las dificultades ceden.
Si Dinero sobrepuja, el señor con el juez la sentencia promulgan:
«Dinero bromeaba, el cordero blanco tomaba».
Dinero, rey supremo, dijo: «negro es mi cordero»
Dinero tiene de intercesores a prelados servidores
Si Dinero habla, eso está claro, el pobre calla;
Dinero las penas quita y los sufrimientos alivia.
Dinero mata los corazones de los sabios, los ojos ciega.
Dinero, como bien es sabido, al tonto vuelve instruido.
Dinero médicos tiene, amigos falsos adquiere.
La mesa de Dinero está llena de espléndidos manjares
Dinero pescados de renombre come condimentados.
Vino de Francia Dinero bebe y vino marino.
Dinero renombrados vestidos lleva y costeados.
A Dinero dan brillo exterior los vestidos.
Dinero las gemas luce que la India le produce.
Dinero cree agradable que todo el mundo le haga reverencia.
Dinero invade y las que quiere entrega ciudades
Dinero es adorado, porque hace milagros:
a los enfermos los cura; corta, quema y allana las trabas;
lo vil hace caro, lo dulce vuelve amargo
y hace oír al sordo y saltar al cojo.
Acerca de Dinero algunas cosas diré mayores que las anteriores.
He visto a Dinero cantando, la misa celebrando;
Dinero cantaba, Dinero las respuestas daba:
He visto que lloraba mientras el sermón largaba,
y por lo bajo reía, mientras al pueblo mentía.
A nadie se honra sin Dinero, nadie es querido.
A quien su linaje difama, Dinero ¡buen hombre es! proclama.
A todos es claro que dinero reina en todos lados.
Pero puesto que la gloria de dinero podría acabarse presto,
La Sabiduría es la única de esta escuela que no quiere ser.

UTAR CONTRA VITIA CARMINE REBELLI

Contra los vicios un poema de protesta compondré.
Miel por delante ponen unos; hiel ponen por debajo de la miel;
un pecho de hierro hay debajo de una piel dorada
y con pieles de león se viste la asnada.

Su rostro debate enfrentándose a su alma,
miel de su boca fluye, su mente está llena de hiel,
no es meloso todo, lo que es a modo de miel,
la apariencia de su pecho es distinta de la de su piel.

El pecado con los hechos, la virtud de palabra,
de color blanco cubren la negrura de su alma,
cuando duele la cabeza todos los miembros lo pagan,
y con la raíz acuerda en sabor la rama.

Roma es la cabeza del mundo, pero nada en ella hay pulcro,
lo que cuelga de esta cabeza todo es inmundo;
pues el primer vicio arrastra al segundo y a fondo
huele lo que está en el fondo.

 Roma abarca a todos y a las cosas de todos,
la corte romana no es sino un foro;
las leyes de los senadores allí se venden,
y lo contrario la abundancia de dinero resuelve.

En este consistorio si alguien una causa lleva
suya o de otro esto primero lea:
si no da dinero, Roma todo lo niega;
quien más dinero da, mejor alega.

Los romanos tienen un título entre los decretos:
oír a los que piden con las manos llenas.
Dad o no se os dará; piden cuando pides;
en la medida en que siembras, con la misma cosechas.

Regalo y petición corren con paso igual;
con regalos actuarás si quieres ser eficaz;
A Tulio no temas aunque quisiera hablar:
el dinero goza de una elocuencia singular.

Al dinero no hay en esta curia quien no se consagre:
bien parece su cruz, su redondez y su brillo bien parece;
y si todo parece bien y a los romanos bien parece
cuando el dinero habla, también toda ley enmudece.

Si con un regalo importante bien «alimentas» la mano,
de nada serviría que alguien te echara en cara a Justiniano,
o los cánones de los santos, pues como algo vano
dejan de lado estas pajas y se embolsan el grano.

Únicamente la avaricia en Roma hila la Parca:
perdona al que da regalos, con el parco no es parca,
dinero en vez de Dios y en vez de Marcos, marcos de
plata, y menos concurrido está el altar que el arca.

Cuando al Papa acudas ten por seguro:
para el pobre no hay sitio, sólo el rico es de su observancia,
y si el regalo servido no es de substancia,
responde: «estas flautas para mí no me son de importancia».

El Papa, si en materia entramos, el nombre recibe por su «realidad»:
todo lo que los demás tienen, él solo se lo quiere papear,
o si la palabra en francés quieres apocopar,
¡paga! ¡paga!, dice la palabra, si quieres acertar.

La puerta quiere, el certificado quiere, la bula quiere,
el Papa quiere, incluso el cardenal quiere,
todos quieren, y si das, si a alguno algo falta,
el mar entero está salado, toda causa se pierde.

Regalas a unos, regalas a otros, añades regalos a los regalados,
y aunque hayas regalado mucho, buscan más que mucho;
¡Venid a Roma, oh vosotras bolsas hinchadas,
en Roma hay una medicina para las bolsas empachadas!

Saquean todos la bolsa paulatinamente;
grande, mayor, máximo botín se obtiene gradualmente.
¿Para qué ir de una en una? Las cogeré juntamente:
todos la bolsa estrangulan y ella expira instantáneamente.

Sin embargo, la bolsa imita al hígado de Ticio;
su contenido huye, para volver; muere, para renacer.
Y de esta manera en Roma los tesoros se saquean,
para, cuando todo se haya dado, todo se restablezca.

Vuelven de la curia con la cabeza cornuda;
las profundidades tiene Júpiter, Plutón las alturas,
nobleza alcanza a la fiera bruta,
como al estiércol la gema o al lodo la pintura.

Los ricos a los ricos dan, para ganar más,  
los regalos en proporción se dan.
Célebre es esta ley, que hicieron anotar:
«yo te daré a ti, si tú me das».

OMITTAMUS STUDIA

Dejemos los estudios,
es dulce la desidia,
y gocemos los placeres
de la juventud tierna;
que es propio de la vejez,
entender en cosas serias.
Veloz pasa el tiempo
consagrado al estudio.
Voluptuosidad sugiere
la juventud tierna.
Huye la primavera de la edad,
se apresura nuestro invierno,
la salud sufre daños,
y los cuidados torturan,
se enfría la sangre, el corazón se embota,
disminuyen los goces,
y la vejez nos aterra
con su multitud de males.
¡Imitemos a los dioses!
Es muy buen consejo,
y busquemos en los ocios
los amores más tiernos;
sigamos nuestro deseo,
que es propio de la juventud,
y a las plazas vayamos
donde se reúnen las doncellas.
Allí de las que son fáciles
hay cantidad evidente,
allí brilla la danzarina
con la lascivia de sus miembros,
mientras las muchachas se mueven
con gestos lascivos
mirando me quedo, y viendo,
de mí mismo me olvido.

Omittamus studia,
dulce est desipere,
et carpamus dulcía
 iuventutis tenere,
res est apta senectud
 seriis intendere.
Velox etas preterit
 studio detenta.
Lascivire suggerit
teñera iuventa.
Ver etatis labitur,
hiemps nostra properat,
vita dampnum patitur,
cura carnem macerat,
sanguis aret, hebet pectus,
 minuuntur gaudia,
nos deterret iam senectus
 morborum familia.
Imitemur superos!
digna est sententia,
et amoris teneros
iamvenanturotia;
voto nostro serviamus,
mos iste est iuvenum,
ad plateas descendamus
et choreas virgimim.
Ibi que fit facilis est videndi copia,
ibi fulget mobilis
 membrorum lascivia,
dum puelle se movendo

IN TABERNA QUANDO SUMUS

Cuando en la taberna estamos,
no nos cuidamos de la tumba,
sino que nos lanzamos al juego
y nos afanamos en él.
Qué se haga en la taberna,
donde la moneda es copero,
tema es diana de averiguar:
escuchad ahora lo que digo.
Unos juegan, otros beben,
otros viven sin decencia.
De los que atienden al juego
hay quien acaba desnudo,
otros se visten allí
y otros de saco se cubren.
Nadie teme allí a la muerte
y echan sus suertes por Baco.
Primero por quien paga el vino:
de esta ronda los libres beben.
Una vez beben por los cautivos,
luego tres veces por los vivos,
cuatro por todos los cristianos,
cinco por los fieles difuntos,
seis por las hermanas ligeras,
siete por los caballeros enantes,
ocho por los hermanos extraviados,
nueve por los monjes vagabundos,
diez por los navegantes,
once por los pendencieros.
doce por los penitentes,
trece por los peregrinos.
Sea por el papa o por el rey
todos beben sin medida.
Bebe el dueño, bebe la dueña,
bebe el caballero y el clérigo,
bebe él y bebe ella,
bebe el siervo con la criada,
bebe el rápido, bebe el perezoso,
bebe el blanco, bebe el negro,
bebe el constante y el voluble.
bebe el rústico, bebe el sabio.
bebe el pobre y el enfermo,
bebe el desterrado y el ignoto,
bebe el niño, bebe el viejo,
bebe el prelado y el decano,
bebe la hermana y el hermano,
bebe la vieja y la madre,
bebe ésta y bebe aquél.
beben ciento, beben mil.
Poco seiscientas monedas
duran, cuando sin medida
ni límite todos beben,
aunque beban alegremente.
Todo el mundo nos despoja:
en la miseria acabaremos.
Malditos quienes nos despojan:
no se cuenten entre los justos.
(Trad. Luis Alberto de Cuenca)

In taberna quando sumus,
non curamus quid sit humus,
sed ad ludum properamus,
cui semper insudamus.
Quid agatur in taberna,
ubi nummus est pincerna,
hoc est opus ut queratur:
si quid loquar audiatur.
Quídam ludunt, quídam bibunt,
quídam indiscrete vivunt.
Sed in ludo qui morantur,
ex his quídam denudantur,
quídam ibi vestiuntur,
quídam saccis induuntur.
Ibi nullus timet mortem,
sed pro Bacho mittunt sortem.
Primum pro nummata vini:
ex hac bibunt libertini.
Semel bibunt pro captívis,
post hec bibunt ter pro vivís,
quater pro christianis cunctis,
quinquies pro fidelibus defunctis,
sexies pro sororibus vanis,
septíes pro militibus silvanis,
octies pro fratribus perversis,
novies pro monachis dispersis,
decies pro navigantibus,
undecies pro discordantibus,
duodecies pro penitentíbus,
tredecies pro iter agentibus.
Tam pro papa quam pro rege
bibunt omnes sine lege.
Bibit hera, bibit herus,
bibit miles, bibit clerus,
bibit ule, bibit illa,
bibit servus cum ancilla,
bibit velox, bibit piger,
bibit albus, bibit niger,
bibit constans, bibit vagus,
bibit rudis, bibit magus,
bibit pauper et egrotus,
bibit exul et ignotus,
bibit puer, bibit canus,
bibit presul et decanus,
bibit sóror, bibit frater,
bibit anus, bibit mater,
bibit ista, bibit ille,
bibunt centum, bibunt mille.
Parum sexcente nummate
durant, cum immoderate
bibunt omnes sine meta,
quanwis bibant mente leta.
Sic nos rodunt omnes gentes,
et sie erimus egentes.
Qui nos rodunt confundantur
et cum iustis non scribantur

O FORTUNA

¡Oh fortuna!
Como la luna
de estado cambiante,
siempre creciente
o menguante.
Vida detestable,
la que ahora endurece
y luego restablece
en su juego la agudeza de la mente;
la pobreza,
el poder
como la nieve los disuelve.

Destino cruel y vano,
rueda tú que giras,
situación mala,
salud vana,
siempre inestable,
ensombrecida
y velada,
contra mí también te encaminas;
ahora la espalda desnuda
llevo por burla
de tu inquina.

De mi salud
y mi virtud
el destino ahora me es adverso;
mis deseos
y mis carencias
siempre están en su dependencia.
Ahora y
sin demora
las cuerdas ya afinad,
pues el azar abate
al fuerte,
¡todos conmigo llorad!

fortuna

LINGUA MENDAX ET DOLOSA

Lengua mendaz y dolosa,
lengua procaz, venenosa,
lengua que ser arrancada merece
y que en el fuego la quemen.

Que me dice traicionero
y no enamorado sincero,
que a la que amaba he abandonado,
y que con otra me he marchado.

Por testigo pongo a dios, por testigo pongo a los dioses:
¡no soy deudor de este reproche!
por testigo pongo a los dioses, por testigo pongo a dios:
¡de este reproche no soy deudor!

Por ello por las nueve musas lo juro,
o por Júpiter, lo que es más duro,
quien por Dánae se convirtió en oro,
por Europa en toro.

Lo juro por Febo, lo juro por Marte,
quienes del Amor conocen el arte;
también por ti, Cupido, lo juro,
de cuyo arco yo me asusto.

 Lo juro por tu arco con sus flechas,
que a menudo contra mí sueltas:
¡sin mala fe, sin engaño
mantener quiero este pacto!

¡Este pacto quiero mantener!
y de ello diremos el porqué:
entre los coros de doncellas
ninguna otra cosa vi tan bella.

Así figuras entre ellas
como en el oro la perla.
Brazos, pecho y vientre
conformados están adecuadamente.

Frente y cuello, labios, barbilla,
del amor son la comida;
de sus cabellos me he enamorado
porque los tenía dorados.

Así, hasta que la noche sea día,
hasta que el sufrimiento sea mejoría,
hasta que el agua sea fuego,
hasta que el bosque quede sin maderos,

y hasta que el mar quede sin velas
y hasta que el parto quede sin flechas
siempre para mí serás querida:
si a mi fe no falto, no me seas tú fementida.

 
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Lapidario, Alfonso X
El texto procede de:

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01604185103474960770035/index.htm

Prólogo

Aristóteles, que fue más cumplido de los otros filósofos, y el que más naturalmente mostró todas las cosas por razón verdadera, y las hizo entender cumplidamente según son, dijo que todas las cosas que son sólo velos se mueven y se enderezan por el movimiento de los cuerpos celestiales, por la virtud que han de ellos, según lo ordenó Dios, que es la primera virtud y donde la han todas las otras.
Y mostró que todas las cosas del mundo son como trabadas, y reciben virtud unas de otras; las más viles, de las más nobles. Y esta virtud parece en unas más manifiesta, así como en las animalias y en las plantas; y en otras más escondida, así como en las piedras y en los metales.
Y de éstas hicieron los sabios libros en que dijeron de los cuerpos celestiales que no son compuestos de los cuatro elementos; y eso mismo de los otros que de ellos se componen, así como de animalias, que son todas las cosas vivas que han alma de sentir y de mover. Y otrosí de las plantas que son de los frutos que nacen de la tierra, así como árboles y yerbas.
Y hablaron otrosí de las cosas más duras que se hacen de la tierra, así como piedras y metales. Y de cada una de estas hicieron libros. Mas, los que escribieron de las piedras, así como Aristóteles, que hizo un libro en que nombró setecientas de ellas, dijo de cada una de qué color era y de qué grandeza, y qué virtud había, y en qué lugar la hallaban. Y así hicieron otros muchos sabios que en estas cosas tangieron.
Mas entre aquellos hubo y algunos que se metieron más a saber el hecho de ellas. Y tuvieron que no les abundaba de conocer su color y su grandeza, y su virtud, si no conociesen cuáles eran los cuerpos celestiales con que habían atamiento, de que reciben la virtud porque se enderezaban a hacer sus obras, según el enderezamiento de los estados de los cuerpos de suso, en toda obra de bien o de mal.
Y entre todos los sabios que se más de esto trabajaron, fue uno que hubo nombre Abolays. Y como quiere que él tenía la ley de los moros, era hombre que amaba mucho los gentiles, y señaladamente los de tierra de Caldea, porque de allí fueran sus abuelos. Y porque él sabía hablar aquel lenguaje y leyola su letra, págase mucho de buscarlos sus libros y de estudiar por ellos; porque oyera decir que en aquella tierra fueran los mayores sabios que en otras del mundo.
Mas, por las grandes guerras y las otras muchas ocasiones que y acaecieron, muriera la gente, y ficaron los saberes como perdidos; así que muy poco se hallaba de ello. Y este Abolays había un su amigo que él buscaba estos libros y se los hacía haber.
Y entre aquellos que buscó, halló éste, que habla de trescientas sesenta piedras, según los grados de los signos que son en el cielo ochavo. Y dijo de cada una de cuál color y cuál nombre, y qué virtud ha, y en qué lugar es hallada, y de la estrella de la figura que es en el grado de aquel signo donde ella recibe fuerza y virtud. Y esto según el sol corre en todo el año por los grados de las figuras de los doce signos, que se hacen por todos trescientos sesenta, que son todos figurados de estrellas menudas, y otras figuras muchas que están en el ochavo cielo, que son figuradas otrosí de estrellas; las unas a parte de Septentrión, que es a la estrella que llaman Trasmontana, y las otras a parte de mediodía, que son de ellas dentro en los signos, y las otras de fuera de ellos, así que se hacen por todas con los signos, cuarenta y ocho.
(…)

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Las Siete partidas, Alfonso X

Texto procede de

http://www.dominiopublico.gov.br/pesquisa/DetalheObraForm.do?select_action=&co_obra=5106

TÍTULO 31 De los estudios en que se aprenden los saberes y de los maestros y de los escolares

Estudio es ayuntamiento de maestros y escolares, que es hecho en algún lugar con voluntad y con entendimiento de aprender los saberes, y hay dos maneras de él: la una es la que dicen estudio general, en que hay maestros de las artes, así como de gramática y de lógica y de retórica y de aritmética y de geometría y de música y de astronomía, y otrosí en que hay maestros de decretos y señores de leyes; y este estudio debe ser establecido por mandato del papa o del emperador o del rey. La segunda manera es la que dicen estudio particular, que quiere tanto decir como cuando algún maestro amuestra en alguna villa apartadamente a pocos escolares; y tal como este puede mandar hacer prelado o concejo de algún lugar.

[…]Ley 2: De buen aire y de salidas debe ser la villa donde quieran establecer el estudio, porque los maestros que muestran los saberes y los escolares que los aprenden vivan sanos, y en él puedan holgar y recibir placer a la tarde cuando se levantaren cansados del estudio; y otrosí debe ser abundada de pan y de vino, y de buenas posadas en que puedan morar y pasar su tiempo sin gran costa. Y otrosí decimos que los ciudadanos de aquel lugar donde fuere hecho el estudio deben mucho honrar y guardar a los maestros y a los escolares, y todas sus cosas; y los mensajeros que vinieren a ellos de sus lugares no les debe ninguno peindrar ni embargar por deudas que sus padres debiesen ni los otros de las tierras de donde fuere hecho el estudio deben mucho honrar y guardar a los maestros y a los escolares, y todas sus cosas, y los mensajeros que vinieren a ellos de sus lugares no les debe ninguno peindrar ni embargar por deudas que sus padres debiesen ni  los otros de las tierras de donde ellos fuesen naturales, y aun si decimos que por enemistad ni por malquerencia que algún hombre tuviese contra los escolares o a sus padres, no les deben hacer deshonra, ni tuerto, ni fuerza. Y por eso mandamos que los maestros y escolares y sus mensajeros y todas sus cosas sean seguros y atreguados, viniendo a los estudios o estando en ellos o yéndose para sus tierras; y esta seguridad les otorgamos por todos los lugares de nuestro señorío; y cualquiera que contra esto hiciese, tomándoles por fuerza o robándoles lo suyo, débeselo pechar cuatro doblado, y si lo hiriere, o lo deshonrase o lo matare, debe ser escarmentado crudamente como hombre que quebranta nuestra tregua y nuestra seguridad. Y si por ventura los jueces ante quienes fuese hecha esta querella fuesen negligentes en hacerles derecho así como sobredicho es, débenlo pechar de lo suyo y ser echados de los oficios por infamados; y si maliciosamente se movieren contra los escolares, no queriendo hacer justicia de los que los deshonrasen o hiriesen o matasen, entonces los oficiales que esto hiciesen deben ser escarmentados por albedrío del rey.

 Ley 3: Para ser el estudio general cumplido, cuantas son las ciencias, tantos deben ser los maestros que las muestren, así que cada una de ellas tenga allí un maestro, a lo menos; pero si de todas las ciencias no pudiesen tener maestros, abunda que los haya de gramática y de lógica y de retórica y de leyes y de decretos. Y los salarios de los maestros deben ser establecidos por el rey, señalando ciertamente a cada uno cuánto haya según la ciencia que mostrare y según que fuere sabedor de ella; y aquel salario que hubiere de haber cada uno de ellos, débenselo pagar en tres veces: la primera parte le deben dar luego que comenzare el estudio; y la segunda, por la Pascua de Resurrección; y la tercera, por la fiesta de san Juan Bautista.

 Ley 4: Bien y lealmente deben los maestros mostrar sus saberes a los escolares leyéndoles los libros y haciéndoselos entender lo mejor que ellos pudieren; y desde que comenzaren a leer, deben continuar el estudio siempre hasta que hayan acabado los libros que comenzaron; y en cuanto fueren sanos, no deben mandar a otros que lean en su lugar de ellos, fuera de si alguno de ellos mandare a otro leer alguna vez por hacerle honra y no por razón de excusarse él del trabajo de leer. Y si por ventura alguno de los maestros enfermase después que hubiese comenzado el estudio, de manera que la enfermedad fuese tan grande o tan larga que no pudiese leer en ninguna manera, mandamos que le den el salario también como si leyese todo el año; y si acaeciese que muriese de la enfermedad, sus herederos deben percibir el salario tanto como sí hubiese leído todo el año.

 Ley 6: Ayuntamientos y cofradías de muchos hombres defendieron los antiguos que no se hiciesen las villas ni en los reinos, porque de ellas se levanta siempre más mal que bien, pero tenemos por derecho que los maestros y los escolares puedan hacer esto en el estudio general, porque ellos se ayuntan con intención de hacer bien, y son extraños y de lugares repartidos, por lo que conviene que se ayuden todos en derecho cuando les fuere menester en las cosas que fueren en provecho de sus estudios o amparo de sí mismos y de lo suyo. Otrosí pueden establecer por sí mismos un principal sobre todos, al que llaman en latín rector, que quiere tanto decir como regidor del estudio, al que obedezcan en las cosas que fueren convenibles y adecuadas y a derechas. Y el rector debe aconsejar y apremiar a los escolares que no levanten bandos ni peleas con los hombres de los lugares donde hicieren los estudios, ni entre sí mismos. Y que se guarden en todas maneras que no hagan deshonra ni tuerto a ninguno y prohibirles que anden de noche, mas que queden sosegados en sus posadas y se esfuercen en estudiar y en aprender y en hacer vida honesta y buena, pues los estudios para eso fueron establecidos, y no para andar de noche ni de día armados, esforzándose en pelear o en hacer otras locuras o maldades en daño de sí y en estorbo de los lugares donde viven; y sin contra esto viniesen, entonces nuestro juez los debe castigar y enderezar de manera que se aparten del mal y hagan bien.

[…]Ley 8: La ciencia de las leyes es como fuente de justicia, y aprovéchase de ella el mundo más que las otras ciencias; y por ello los emperadores que hicieron las leyes otorgaron privilegio a los maestros de ellos de cuatro maneras: la primera es que luego que son maestros tienen honra de maestros y de caballeros, y llámanlos señores de leyes, la segunda es que cada vez que el maestro de derecho venga ante algún juez que esté juzgando, débese levantar a él, y saludarle y recibirle que se siente con él, y si el juez contra esto hiciese, pónele la ley por pena que le peche tres libras de oro; la tercera es que los potreros de los emperadores y de los reyes y de los príncipes no les deben tener puerta cerrada ni impedirles que entren ante ellos cuando menester les fuere, fuera de las sazones que estuviesen en grandes secretos, y aun entonces débenselo decir cómo están tales maestros a la puerta, y preguntarles si los manda acoger o no; la cuarta es que los que son sutiles y entendidos, y que saben bien mostrar este saber, y son bien razonados y de buenas maneras, y que han estado veinte años en escuelas de las leyes, deben recibir honra de condes. Y pues que las leyes y los emperadores los quisieron tanto honrar, conveniente es que los reyes los deban mantener en aquella misma honra; y por ello tenemos por bien que los maestros sobredichos tengan en todo nuestro señorío las honras que antes dijimos, así como la ley antigua lo mandó. Otrosí decimos que los maestros sobredichos y los otros que muestran sus saberes en los estudios o en la tierra donde moran de nuestro señorío, que deben ser exentos de tributo, y no son obligados a ir en hueste ni en cabalgada, ni a tomar otro oficio sin su placer.

 Ley 9: Discípulo debe antes ser el escolar que quisiere tener honra de maestro; y cuando hubiere bien aprendido el saber, debe venir ante los principales de los estudios que tienen poder de otorgarle licencia para esto; y deben considerar en secreto antes que se la otorguen si aquel que se la demanda es hombre de buena fama y de buenas maneras. Otrosí le deben dar algunas lecciones de los libros de aquella ciencia, y buena manera y tiene suelta la lengua para mostrarla, y responde bien a las cuestiones y a las preguntas que le hicieren, débenle después otorgar públicamente honra para ser maestro, tomando la jura de él que muestre bien y lealmente su ciencia, y que no dio ni prometió dar ninguna cosa a aquellos que le otorgan la licencia, ni a otros por ellos para que le otorgasen poder ser maestros.

 Ley 10: La universidad de los escolares debe tener un mensajero que llaman en latín bidellus, y su oficio de este tal es andar por las escuelas pregonando las fiestas por mandato del principal del estudio; y si acaeciese que algunos quisieren vender libros o comprarlos, débenselo decir, y entonces debe él andar pregonando y diciendo que quién quiere tales libros, que vaya a tal estación en que son puestos; y después que supiere cuáles quieren vender y cuáles comprar, debe traer la trujamanía entre ellos bien y lealmente. Otrosí pregone este bedel cómo los escolares se junten en un lugar para ver y ordenar algunas cosas de su provecho comunalmente, o para hacer examinar a los escolares que quieren ser maestros.

Ley 11. Estacionarios es menester que haya en cada estudio general para ser cumplido, y que tenga en sus estaciones libros buenos y legibles y verdaderos, de texto y de glosa, que los alquilen los escolares para ejemplarios, para hacer por ellos libros de nuevo o para enmendar los que tuvieren escritos; y tal tienda o estación como esta no la debe ninguno tener sin otorgamiento del rector del estudio; y el rector, antes que le dé licencia para esto, debe hacer examinar primeramente los libros de aquel que quiere tener la estación para saber si son buenos y legibles y verdaderos; y al que hallase que no tenía tales libros, no le debe consentir que sea estacionario, ni los alquile a los escolares, a menos de no ser bien enmendados primeramente. Otrosí debe apreciar el rector, con consejo de los del estudio, cuánto debe recibir el estacionario por cada cuaderno que prestare a los escolares para escribir o para enmendar sus libros; y debe otrosí recibir buenos fiadores de él, que guardará bien y lealmente todos los libros que a él fueren dados para vender, y que no hará engaño.

TÍTULO 31 De los estudios en que se aprenden los saberes y de los maestros y de los escolares
 
Boccaccio, Decameron siglo XIV
Texto procede de

http://www.cervantesvirtual.com/historia/textos/medieval/baja_edad_media.shtml#4_1_2 

La peste en Florencia

     Digo, pues, que los años de la fructífera Encarnación del Hijo de Dios hayan llegado al número 1348, cuando en la egregia ciudad de Florencia, nobilísima entre todas las de Italia, apareció la mortífera peste, nacida años antes en los países orientales, que, fuera por la influencia de los cuerpos celestes o porque nuestras iniquidades nos acarreaban la justa irapestede Dios para enmienda nuestra, se extendió de un lugar a otro y llegó en poco tiempo a Europa. De nada valieron las humanas previsiones y los esfuerzos en la limpieza de la ciudad por los encargados de ello, ni tampoco que se prohibiera la entrada a los enfermos que llegaban de fuera ni los buenos consejos para el cuidado de la salud, como ineficaces fueron las humildes rogativas, las procesiones y otras prácticas devotas. Casi al principio de la primavera del citado año, la mortífera peste hizo su aparición de una forma que yo llamaría prodigiosa, y no como lo hiciera en Oriente, donde una simple hemorragia en la nariz era indicio de muerte inevitable. Al iniciarse la enfermedad, lo mismo al varón que a la hembra, formábaseles hinchazones en la ingle o en los sobacos, alcanzando algunas el tamaño de una manzana o de un huevo. Poco después, los temibles bubones se manifestaban también en otras partes del cuerpo, al mismo tiempo que aparecían manchas negras o lívidas en brazos, muslos y aún en otros lugares del cuerpo, en unos grandes y escasas y en otros abundantes y pequeñas. Y lo mismo que el bubón había sido y era indicio de muerte, lo eran también estas manchas.
Ni consejo de médico, ni virtud de medicina era eficaces para curar la enfermedad; de modo que, o por no permitirlo la índole de mal o por la ignorancia de los curanderos -de los cuales, sin contar los médicos inteligentes, había considerable número, tanto en hombres como mujeres sin noción alguna de medicina-, no conocieran de qué se trataba y, por consiguiente, no lo estudiaron debidamente, no solo eran pocos los que sanaban sino que casi todos, al tercer día de aparecer la nefastas manchas, fallecían, a veces sin fiebre ni otros síntomas. Y fue mayor la intensidad de esta peste, por cuanto se contagiaba con rapidez, de enfermos a sanos, cual se extiende el fuego a las casas inmediatas a él. Más adelante aún, no solo el frecuentar a los enfermos trasmitía a los sanos la enfermedad u ocasión de común muerte, sino que incluso el tocar las ropas u otros objetos que aquellos hubiesen tocado, o de que se hubiesen servido, era motivo de contagio. Sorprendente es lo que os voy a contar ahora, que si los ojos de muchos y los míos no lo hubieran visto, apenas me atrevería a creerlo ni a escribirlo; tan grande era la fuerza contagiosa de esta peste, que solo pasaba de hombre a hombre, sino que llegaba aún a los animales, tan ajenos a la especie humana.
Como he dicho ya, yo mismo fui testigo con mis propios ojos, entre otras ocasiones, un día en que, tras haber sido arrojados a la vía pública los andrajos de un hombre muerto a consecuencia de la peste, se acercaron a ellos dos cerdos que los husmearon y luego los desgarraron con los dientes, y a las pocas horas cayeron muertos entre horribles contorsiones (...)
Ante el considerable número de cadáveres, no bastando la tierra sacra para enterrarlos, y mayormente queriendo dar a cada uno lugar propio, según en la antigüedad era costumbre, como los cementerios de las iglesias estaban llenos, abrían grandes fosas donde se enterraban a centenares los que iban trayendo, y los ponían en ellas a la manera que se colocan las mercancías en las naves, en hileras; después echaban tierra por encima hasta llenar la fosa.

G. BOCCACCIO, El Decamerón, Madrid, 1984, Jornada primera (introducción), pp. 11-12 y 16.

Descripción de los efectos de la peste Antonin Artaud, El teatro y su doble.

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Alfonso Martínez de Toledo,Arcipreste de Talavera o Corbacho. Siglo XV.

Texto procede de

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/mcp/01473958655714017554480

/p0000002.htm#I_59_

Capítulo II 

De la complexión del hombre sanguino

Primeramente digo que hay algunos hombres que son sanguinos, con muy poquita mezcla de otra calidad y complexión ni predominación en grande cantidad de otro accidente. Este tal en sí comprehende la correspondencia del aire, que es húmedo y caliente; este tal es alegre hombre, placentero, riente y jugante, y sabedor, danzador y bailador, y de sus carnes ligero, franco y hombre de muchas carnes y de toda alegría es amigo, de todo enojo enemigo, y ríe de grado y toma placer con toda cosa alegre y bien hecha. Es fresco en la cara, en color bermejo y hermoso, sobejo, honesto y mesurado; este tal es misericordioso y justiciero; que ama justicia y mesura, mas no por sus manos hacerla ni ejecutarla; antes es tanta la piedad que en su corazón reina, que no le place ver ejecución de ninguno que viva, antes ha duelo de cualquier animal irracional que vea morir o penar. Duélele el mal hecho, pésale el mal obrar; plácele bien hacer y verlo hacer. Suma: que el sanguino, si de otra calidad contraria no es sobrado, dicho es bienaventurado. Y son de su predominación estos tres signos: Géminis, Libra, Acuario: su reinar de estos tres signos, lo demás es en poniente.

Capítulo VII

De la cualidad del sanguino

Dígote de las calidades y maneras de los susodichos hombres y mujeres. Mas de mujeres aquí no se trata, como de suso se ha dicho algún poquito -y tan poco que no es más que el grano del mijo en la boca de un asno- para acusación y corrección: harto al que quisiere puede aprovechar. Mas pues de los hombres, de sus vicios y tachas, no se discutió de alto sino como gato que pasa por ascuas por ende ahora diré aquí de sus vicios y tachas (así de mí como de los otros) habido por fundamiento las complexiones de ellos, cómo y cuáles son ni qué predominaciones tienen. Primeramente prosigo los que son sanguinos: qué tachas tienen, qué males y qué vicios, qué virtudes o buenas calidades. Pues digo primeramente que el hombre sanguino es muy alegre, franco y riente y placentero; pero aunque estas bondades de sí el sanguino tenga, pero mal haciendo y mal usando convierte o trasmuda sus buenas en malas condiciones; que, como quiere que es alegre y placentero, es mucho enamorado y su corazón arde como fuego, y ama a diestro y a siniestro; y cuantas ve, tantas ama y quiere, y con todas mucho alegre, alegando por sí lo que dice el profeta David en el Salmo: «Señor, delectásteme en la hechura de tus manos». Por ende, Señor, si amo, amo y quiero la mujer que es hermosa, que es hechura de tus manos, pues, Señor, el profeta lo manda, yo, Señor, ni por esto no debo pecar. Amigo, a esto te respondo que el tal deleite es para Dios alabar, mas no para pecar. Si tú en la mujer te deleitas, no pecas por esta vía diciendo: «Señor, bendicho seas Tú que cosa tan hermosa formaste». Si esta es tu delectación, buena es, así de la mujer como de las otras cosas todas por Dios criadas; mas si por verla hermosa luego la codicias para con ella pecar, no es este tal deleite, mas pecado, y de este tal no habló el profeta. Otros dicen: « ¿Para qué, pues, Dios crio hombre y mujer y les dio estímulos carnales, pues no los han de ejecutar?». Esto hallarás reprobado por el Papa en las Clementinas, en la postrimera Clementina, De los herejes, en el seteno error que tenían los bigardos y bigardas en Alemania, do define el Papa ser mortal pecado, salvo con propia mujer suya y no toda hora. Tenían estos que el acto de lujuria no era mortal pecado por ser naturalmente inclinado a él, y más por el autor ser cálidamente de ello tentado, a lo cual todos los doctores santos son contrarios. Dígote que los hizo a los tales para generación por cópula matrimonial; dioles estímulos para haber galardón por ello a aquellos que se quisieren refrenar; pues galardón sin trabajo no se puede alcanzar. Por ende, quien gloria y holganza para siempre quisiere, sufra por Dios y por su amor algún tanto; padezca, aunque Él por tu padecer no ha más ni menos de aquello que ab aeterno tenía y había, pero quiere el buen corazón y la buena voluntad, y no locos amores de mujeres ni de hombres. Y como las mujeres se paguen de hombres alegres y amadores y enamorados, mas con condición que no amen a otra sino a ella; que para ella nació en el mundo y le crio su madre, etc. Y de necia no se les entiende, mas alléganse las mujeres a ellos, y estos, con sus placenterías, solaces, burlas y juegos, traen muchas engañadas, burladas, escarnecidas, a perder. ¡Guay de la triste desaventurada que los cree! Que, como el amor de ellos sea en muchas derramado por ser de muchas queridos, no pueden amor firme haber, sino ¡vaya el río so la puente mientras el agua corriere! Son gualladores y del mundo burladores; hoy aquí, cras allí; si Marina no me place, Catalina, pues sí hace. Esto procuran: ser alegres, rientes, francos, placenteros y de hermosos gestos y cuerpos, tañedores, cantadores, y en todos sus hechos julíos; y con la vanagloria de la fama buena que su noble calidad demuestra, enloquécense, y no es en su poder una sola amar, por ser aún queridos de muchas. Y por mejor mujer se tiene la que le usurpa o puede haber para sí, o puede quitar de otra que el tal ama con pura envidia; que no ha cosa de que más arreada se tenga la mujer que de alcanzar marido o amigo que de tal calidad sea; siquiera sea difamada del pueblo todo y de sus parientes vituperada. ¡Oh de la loca desaventurada que tiene firmeza con todo hombre; que muchos hay que templados de otra no podrían de no decirle! Y así se pierden muchas, y aun andan por mal cabo, y pierden sus buenos casamientos, sus honras y estados por creer a aquel que, desde que su voluntad cumplida de ella haya, no se dará por ella más que por cosa olvidada. Créele lo que le promete y jura diciendo: «Yo te daré; yo te haré; yo te conteceré». Y ya lo jura con engaño en su corazón, diciendo: «¡Oh, si me creyese, cómo la burlaría!». Pues si le creen, duelo tienen doblado para mientra que vivieren; que deshonrarlas ha quien cobro después no les dará sino irse a otra a plantarla por reverdir; aunque la haya sacado de su tierra o llevado a tierra ajena, o de casa de su marido, o de su padre o madre, o de poder de su primo o hermano, y demás aunque preñada o parida de él sea, no guarda nada de lo jurado y prometido. En tanto que te digo que si algunas por servicio de Dios pasasen tanto mal, tanta hambre y sed, tanto frío y tantas pasiones, enojos y vergüenzas y pobrezas, y aun la mitad menos -así en irse con ellos como en seguirlos, o creer de ligero consejo de ellos, como en los dolores del parto, hijos de ellos pariendo, criando, y malas noches y días, y malas horas con ellos pasando- creo que irían recias como vira o saeta a la gloria de Paraíso sin detenimiento ninguno. ¡Quién puede pensar a cuántos males, peligros y daños se pone la mujer después de errada, o en el tiempo que comete los tales yerros a cuántos denuedos -y la muerte al ojo- y no cura sino cerrar y pasar y viva la locura! Por cierto con su marido, o su padre, o parientes no lo sufriera tal pasar, antes se degollara. Y por salir de so el mandado de su padre o madre, marido o parientes, vanse y creen aquellos que no solamente las mandan, mas la arrean como a bestias: «¡Arre acá! ¡Arre acullá!», después que el amor pasado -que dura cuando más un año, y es ya mucho si tanto dura- y de allí adelante ¡vía andar a vara! Y todo esto por amor de aquel que en verdad no pierde sueño ni comer por ella -basta que lo perdió al comienzo cuando propuso de cautivarla y engañarla, no curando que por él perdiese marido ni casamiento, ni honra, pero después feneció su amor al cumplimiento de su voluntad; y la que entonce tibiamente le ama, continuando el uso de amor con él, creció en amor como fuego con estopas -en tanto que ella crece en amor, y pierde el comer, beber y dormir y folgar, por el contrario de lo de primero que mientras más iba, él más ardía y ella menos sentía. Estos tales son hombres muy alegres, placenteros y mucho rientes de voluntad: de una pajarilla que vaya volando se reirán hasta saltarles las lágrimas de los ojos. No tienen gesto ni risa infingida; todos hombres alegres aman; todos juegos les placen, especialmente cantar, tañer, bailar, danzar, hacer trobas, cartas de amores; gasajosos en decir, alegres en participar, verdaderos en lo que prometen, entremetidos en toda proeza: esto si la crianza se lo da, que el rústico aldeano, hombre forano, aunque de la tal calidad sea, el no uso de gentileza no le ayuda a ser tal como el curial; pero su calidad presta está a todo gasajado y bondad, salvo que en amar juegan con la brida como muleta nueva. Por ende, créame la que quisiere, y ame a Dios primeramente. Ame a su breve tiempo, ese poco que ha de durar, que no le despienda en locuras, pues ha de dar cuenta de él, y aun de toda palabra ociosa. Ame a su fama y honra. Ame a sus parientes do viene. Ame a sí más que no a otro, y no crea de ligero ni vuelva sus ojos a son de pandero. Sea contenta con honestidad y buen renombre y buena fama, comiendo y paciendo las yerbas, y con sólo pan y agua, estando entre dos paredes; que más vale a ella mil veces que no ufanas y locuras y pompas y vanaglorias, siendo deshonradas y vituperadas, y mal traídas locamente amando. Y no curen de creer locos amadores por mucho que sean bailadores, lozanos ni cantadores: que todos son burladores, honestad de matrimonio salva.

 

Capítulo III 

De la calidad del hombre colérico

Hay otros hombres de calidad coléricos; estos son calientes y secos, por cuanto el elemento del fuego es su correspondiente, que es caliente y seco. Estos tales súbito son irados muy de recio, sin templanza alguna. Son muy soberbios, fuertes y de mala complexión arrebatada, pero dura breve tiempo; pero el tiempo que dura son muy peligrosos. Son hombres muy sueltos en hablar, osados en toda plaza, animosos de corazón, ligeros por sus cuerpos; mucho sabios, sutiles e ingeniosos; muy solícitos y despachados; a todo perezoso aborrecen; son hombres para mucho. Estos aman justicia y no todavía son buenos para mandarla, mejores para ejecutarla; así son como carniceros crueles, vindicativos, al tiempo de su cólera, arrepentidos de que les pasa. Son de color blanquinosa en la cara. Y son de sus predominaciones estos tres signos: Aries, Leo y Sagitario: ardientes como fuego. Reinan estos tres signos en levante, y son muy fuertes hombres y los demás a perder.

 

Capítulo IV 

De la calidad del hombre flemático

Hay otros que son flemáticos, húmedos, fríos de su naturaleza de agua. Estos tales son tibios, ni buenos para acá, ni malos para allá, sino a manera de perezosos y negligentes, que tanto se les da por lo que va como por lo que viene; dormidores, pesados, más flojos que madeja, ni bien son para reír ni bien son para llorar; fríos, invernizos, de poco hablar, solitarios, medio mudos, hechos a machamartillo, sospechosos, no entrometidos, flacos de saber, ligeros de seso, judíos de corazón y mucho más de hechos. Son de su predominación tres signos: Cáncer, Escorpio, Piscis. Reinan estos tres signos a la parte de la trasmontana. La color tienen como de abuhados.

 

 Capítulo V 

De la calidad del hombre malencónico

Hay otros hombres que son malencónicos: a estos corresponde la tierra, que es el cuarto elemento, la cual es fría y seca. Estos tales son hombres muy irados, sin tiento ni mesura. Son muy escasos en superlativo grado; son incomportables donde quiera que usan, mucho riñosos y con todos rifadores. No tienen templanza en cosa que hagan, sino dar con la cabeza a la pared. Son muy inicuos, maldicientes, tristes, suspirantes, pensativos; huyen de todo lugar de alegría; no les place ver hombre que tome solaz con un papelote. Son sañudos, y luego las puñadas en la mano, porfiados, mentirosos, engañosos; e innumerables otras tachas y males tienen. Son podridos, gargajosos, ceñudos y crueles sin mesura en sus hechos. Esto todo susodicho se entiende de las complexiones de cada una de las dichas calidades en él más predominantes. Empero, si otra complexión mejor ayudase a la mala en cantidad mayor que ella, hará a la persona perder la propia y allegarle a la que le ayuda, y será demudado en la mejor complexión. Y por el contrario eso mismo. Ejemplo: el flemático puede ser tanto de la sangre ayudado que le hará ser muy mejor que flemático; y esto es de todas las complexiones. Y por el contrario también, aunque, como dije, el hombre de todas cuatro es complexionado; pero la que más reina, aquella le tira a su calidad en mucho o en poco, en bien o en mal, según su reinar. Son de sus predominaciones tres signos: Tauro, Virgo y Capricornio. Reinan estos tres signos al mediodía. Color tienen de cetrinos.

 

Capítulo VI

De cómo los signos señorean las partes del cuerpo

Pues ahora has oído que son cuatro complexiones en los hombres -y lo que te digo en este caso en los hombres entiende de las mujeres: hombre sanguino, hombre colérico, hombre flemático, hombre malencónico. Y aunque cada cuerpo sea compuesto de estas cuatro complexiones y no sin alguna de ellas, pero la que más al cuerpo señorea, de aquella es llamado complexionado principalmente, y así se dice de las otras complexiones en la sustancia donde habitan corpórea. Tienes más: los cuatro elementos que corresponden a estas calidades: el fuego al colérico, el agua al flemático, el aire al sanguino, la tierra al malencónico. Tienes más: que de doce signos que son, cada tres de ellos son predominantes a cada elemento y complexión: Aries, Leo, Sagitario son de los coléricos, respondientes al elemento del fuego; Cáncer, Escorpio, Piscis, al flemático, correspondientes al elemento del agua; Géminis, Libra, Acuario, son del sanguíneo, correspondientes al elemento del aire; Tauro, Virgo, Capricornio son del melancónico, correspondientes al elemento de la tierra. Ved aquí las complexiones de los cuerpos humanos. Ítem, Aries es masculino, y señorea la cabeza de la criatura; es su planeta Mercurio. Tauro, femenino, señorea el cuello; es su planeta Venus. Géminis, masculino, señorea los brazos; es su planeta Mercurio. Cáncer, femenino, señorea los pechos; es su planeta la Luna. Leo es masculino, señorea el corazón; es su planeta el Sol. Virgo es femenino, señorea el vientre y el estómago; es su planeta Mercurio. Libra es masculino, señorea el ombligo; es su planeta Venus. Escorpio es femenino, señorea las partes vergonzosas; es su planeta Marte. Sagitario es masculino, señorea los muslos y la espina del lomo; su planeta es Júpiter. Capricornio es femenino, señorea las rodillas; la su planeta es Saturno. Piscis es femenino, señorea los pies; la su planeta es Júpiter. Ahora tienes que son de los doce signos, los seis masculinos, los seis femeninos, según ya de alto dije. Pues ahora, para venir a mi propósito, aunque si se hubiesen de decir las naturales señales de las personas que de sí dan y muestran quién es y el cielo que las tiene -que son como hombres crespos o bermejos, o canudos en mocedad; que tienen la cabeza redonda o luenga, muchas rúas en la fruente, o remolinos o grandes entradas en ellas; cejijuntos, romos, camusos, o grandes narices y luengas, o delgadas y agudas; ojos hondos, chicos, las pestañas apartadas, los ojos bermejos y pintados; la boca grande, ceceoso, tartamudo, los dientes ahelgados o dentudos; la barba partida, la cara redonda y ancha; las orejas grandes y colgadas, las quijadas grandes y salidas afuera, mozo de barbas; el cuello gordo y corto; tuerto del todo o bizco del un ojo, o de ambos señalado; lisiado, las espaldas anchas, corcobado, gibado de ambas partes o de una no más; el cuerpo peloso y todo velloso o sin pelos, todo liso; las ancas salidas afuera, las piernas tuertas, las manos y pies galindos; el hablar suave, los hechos arrebatados, el gesto asegurado, el corazón movido, mentirosos, soberbios; otras muchas tachas -e cada una qué significa o demuestra, sería de tener tiempo. De esta materia largamente hallarás en el libro De Secretis secretorum que hizo Aristóteles a Alejandro, casi a la fin. Allí leerás maravillosas cosas de las señales de las personas, y cómo a veces mienten por el gran juicio cuando los rige; mas por cuanto esta regla se halla no ser continua ni verdadera, no la prosigo aquí. Y porque cuando esto algunos leyeren no se turben los unos con los otros diciendo: «Pues tú tienes tal señal y yo tengo tal; pues Fulano tiene tal, síguese, pues, que es tal y el otro es tal», por esto lo dejo. Y demás que algunos se hallan bermejos y son buenos, y así de las otras señales. Esto a las veces hace la discreción y seso de los que tales señales tienen, que se refrenan y saben guardarse de errar y caer en aquello que su señal demuestra, y saberse encubrir las tachas con mucha sabieza. Por ende, todo esto dejado, vengamos al propósito y conclusión.

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