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Marqués de Santillana___________ Juan de Mena_______________Jorge Manrique ____________Juan del Enzina
Poesía Culta

Guillem de Cabestany siglo XIII

http://es.wikipedia.org/wiki/Guillem_de_Cabestany
Texto y traducción: Locus Amoenus, edición de Carlos Alvar y Jenaro Talens, Galaxia Gutemberg-Círculo de lectores, 2009

LA DULCE Cuita
que a menudo me da Amor
me hace decir, señora,
de vos, versos agradables.
Pensando contemplo
vuestro querido y gentil cuerpo
que yo deseo
más de lo que doy a entender.
Y aunque pierdo el camino
por vos, yo no reniego
de vos, pues os suplico
con leal benevolencia.
Señora a la que su beldad engalana,
muchas veces me olvido de mí mismo
cuando os suplico y os alabo.

Que siempre me deteste
el amor que prohíbe que seáis mía
si alguna vez desvío
mi corazón hacia otro afecto.
Me quitasteis la risa
y dado pesadumbre:
ningún grave martirio
sufre hombre alguno más que yo;
porque a vos, que yo anhelo,
más que a todas las demás,
dejo de amar, ignoro,
rechazo en apariencia:
cuanto hago por temor
como hecho en buena fe
aceptadlo, incluso cuando no os veo.

En el recuerdo
tengo el rostro y la sonrisa dulce,
vuestra valía
y el bello cuerpo terso y blanco;
si en mi fe
fuese tan fiel a Dios,
entraría sin duda
vivo en el paraíso;
pues que sin vacilar
me he rendido a vos de corazón
que gozo no me da ninguna otra;
pues no me acostaría con ninguna
de las más señoriales, ni sería
su amante si yo no tuviera
vuestros saludos en compensación.

Todo el día el deseo
me ilusiona, ya que tanto me agrada
la condición de vos
a quien me siento sometido.
Creo que me vence
vuestro amor, pues antes de que os viese
ya tenía intención
de amaros y serviros;

y así he quedado, solo,
con vos y sin ayuda
y he perdido favores:
¡los tenga quien los quiera!
Yo prefiero esperaros,
o un sin acuerdo previo,
pues gozo me habéis dado.

Antes de que el dolor
se incendie sobre el corazón
descienda sobre vos
piedad y Amor, señora:
que el gozo os rinda a mí
y aleje lloros y suspiros
y que ni la nobleza ni el poder
para mí os vuelva prohibida;
pues olvido todo bien
si no me vale la piedad con vos.
¡Ay, criatura dulce y bella,
qué favor habría sido
si la primera vez que os requerí
me hubieseis amado, o no:
sabría a qué atenerme!

No encuentro armas
contra vuestros poderes;
tenedme tal piedad
como os sea honorable.
Que no me escuche Dios
entre los que le ruegan
si deseo la renta
de los reyes mayores
porque con vos me valga
piedad y buena fe;
separarme no puedo
de vos, en quien he puesto
mi amor; si lo aceptáis
besando y os agrada,
no quisiera ser libre.

Nunca nada que os plazca,
señora franca y cortés
me será tan vedado
que no busque el hacerlo
sin que recuerde nada más.

Raimon, la hermosura y el bien
que hay en mi señora
gentilmente me ha atado y hecho preso.

ARRIBA
Marqués de Santillana siglo XV

http://es.wikipedia.org/wiki/Conde_del_Real_de_Manzanares

Textos:

 

Recuérdate de mi vida

   Recuérdate de mi vida,  
pues que viste  
mi partir e despedida  
ser tan triste.  

Recuérdate que padesco 
e padescí  
las penas que non meresco,  
desque oí  
la respuesta non debida  
que me diste, 
por lo cual mi despedida  
fue tan triste.  

Pero non cuides, señora,  
que por esto  
te fue nin te sea agora 
menos presto,  
que de llaga non fengida  
me feriste,  
así que mi despedida  
fue tan triste.

 

Señora, cual soy venido

     Señora, cual soy venido  
tal me parto:  
de cuidados, más que farto,  
dolorido.  
¿Quién non se farta de males   
e de vida desplaciente,  
e las penas desiguales  
sufre callando pasciente,  
si non yo, que sin sentido  
me dirán 
los que mis males sabrán,  
e perdido?  

Habed ya de mí dolor;  
que los dolores de muerte  
me cercan en derredor   
e me facen guerra fuerte.  
Tomadme'n vuestro partido  
como quiera,  
porque viviendo non muera  
aborrido.   
Pero al fin faced, señora,  
como querredes, que yo  
non seré punto nin hora  
sinon vuestro, cuyo so.  
Sin favor o favorido 
me tenedes,  
muerto, si tal me querredes,  
o guarido.

   

Si tú deseas a mí

  Si tú deseas a mí,  
yo non lo sé,  
pero yo deseo a ti  
en buena fe,  

     e non a ninguna más,    
así lo ten:  
nin es nin será jamás  
otra mi bien.  
En tan buen hora te vi  
e te fablé 
que del todo te me di  
en buena fe.  

Yo soy tuyo, non lo dubdes  
sin fallir  
e, non pienses ál nin cuides,    
sin mentir.  
Después que te conoscí,  
me cativé  
e seso e saber perdí  
en buena fe.    

     A ti amo e amaré  
toda sazón  
e siempre te serviré  
con grand razón,  
pues la mejor escogí 
de cuantas sé,  
e non finjo nin fengí  
en buena fe.

Por una gentil floresta
de lindas flores y rosas,
vide tres damas hermosas
que de amores han recuesta.

Yo con voluntad muy presta
me llegué a conocellas;
comenzó la una de ellas
esta canción tan honesta:

Aguardan a mí:
nunca tales guardas vi.


Por mirar su hermosura
de estas tres gentiles damas,
yo cubríme con las ramas,
metíme so la verdura.

La otra con gran tristura
comenzó de suspirar
y decir este cantar mas
con muy honesta mesura4:

La niña que amores ha,
sola, ¿cómo dormirá?

Por no hacer turbanza
no quise ir más adelante
a las que con ordenanza
cantaban tan consonante.

La otra con buen semblante
dijo: Señoras de estado,
pues las dos habéis cantado,
a mí conviene que cante:

     Dejadlo a villano pene;
véngueme Dios delle.

Desque ya hubieron cantado
estas señoras que digo,
yo salí desconsolado
como hombre sin abrigo.

Ellas dijeron: Amigo,
no sois vos el que buscamos;
cantad, pues que cantamos.

     Suspirando iba la niña
y no por mí,
que yo bien se lo entendí.

 

 

Serranilla VII

La vaquera de la Finojosa

   Moza tan fermosa  
non vi en la frontera,  
com'una vaquera  
de la Finojosa.  
Faciendo la vía    
del Calatraveño  
a Santa María,  
vencido del sueño,  
por tierra fraguosa  
perdí la carrera,    
do vi la vaquera  
de la Finojosa.  
En un verde prado  
de rosas e flores,  
guardando ganado   
con otros pastores,  
la vi tan graciosa,  
que apenas creyera  
que fuese vaquera  
de la Finojosa.    
Non creo las rosas  
de la primavera  
sean tan fermosas  
nin de tal manera;  
fablando sin glosa,    
si antes supiera  
de aquella vaquera  
de la Finojosa;  
non tanto mirara  
su mucha beldad,    
porque me dejara  
en mi libertad.  
Mas dije: «Donosa  
-por saber quién era-,  
¿dónde es la vaquera    
de la Finojosa?»  
Bien como riendo,  
dijo: «Bien vengades,  
que ya bien entiendo  
lo que demandades;    
non es deseosa  
de amar, nin lo espera,  
aquesa vaquera  
de la Finojosa».   

Serranilla II

La vaquera de Morana

 
En toda la su montana  
de Trasmoz a Beratón  
non vi tan gentil serrana.  
Partiendo de Conejares,  
allá suso en la montaña, 
cerca de la Travesaña,  
camino de Trasobares,  
encontré moza lozana  
poco más acá de Añón,  
riberas d'una fontana.    
Traía saya apretada,  
muy bien fecha en la cintura;  
a guisa de Estremadura,  
cinta e collera labrada.  
Dije: «Dios te salve, hermana; 
aunque vengas d'Aragón,  
d'esta serás castellana».  
Respondiome: «Caballero,  
non penséis que me tenedes,  
ca primero probaredes 
este mi dardo pedrero;  
ca después d'esta semana  
fago bodas con Antón,  
vaquerizo de Morana».  

ARRIBA

Juan de Mena, Razonamiento con la muerte. Siglo XV 

(…)

Muerte que a todos convidas,

¿dime qué son tus manjares?

Son tristezas y pesares,

llantos, voces doloridas;

en posadas mal guarnidas

entran sordos, ciegos, mudos,

donde olvidan los sesudos

fueros, leyes y partidas. [...]

 

Los que son tus convidados,

Muerte, ¿dime lo que hacen?

So la tierra dura yacen

para siempre sepultados,

desnudos todos, robados,

 caídos son en pobreza;

no les vale la riqueza,

ni tesoros mal ganados [...]

 

De todo cuanto ganaron

 en aquesta vida estrecha,

no les vale ni aprovecha

salvo sólo el bien que obraron;

que si tierra conquistaron,

 o por fuerza o por maña,

cuantos de ellos hubo saña

poco les aprovecharon.

 

Según esto, tú mataste

 a Adán el nuestro padre

, pues a Eva nuestra madre,

Muerte, no le perdonaste;

Alixandre derribaste

de la silla poderosa;

en la casa tenebrosa

al rey Dario encarcelaste [...]

 

Sí, los griegos y troyanos,

Muerte, a todos venciste,

y tú sola dispusiste

los pontífices romanos,

 de los príncipes cristianos

 no perdonas a ninguno,

antes tomas uno a uno

cuantos puedes con tus manos.

 

Padre Santo, emperadores,

cardenales, arzobispos,

patriarcas y obispos,

reyes, duques y señores,

los maestros y priores,

los sabios colegiales,

tú los haces ser iguales

con los simples labradores[...]

 

 No aprovechan  los saberes,

ni las artes, ni las mañas,

ni proezas, nin hazañas,

 grandes pompas, ni poderes,

grandes casas, nin haberes,

 pues que todo ha de quedar,

salvo el solo bien obrar,

Muerte, cuando tú vinieres.

 

Y Jesús glorificado,

que te dio tan gran poder

y te vino a obedecer

en la cruz crucificado,

 me libre que, condenado,

yo no vaya en la partida36

cuando parta de esta vida,

mi mal mundo acabado.

 

         Finida

Quien oyere mi tratado

 a obrar bien se convida,

pues la Muerte non olvida

a ninguno, mal pecado.

 
ARRIBA
Jorge Manrique siglo XV

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01048307218929381870035/index.htm

Castillo de amor

Hame tan bien defendido,  
señora, vuestra memoria   
de mudanza,   
que jamás, nunca, ha podido   
alcanzar de mi victoria   
olvidanza:   
porque estáis apoderada   
vos de toda mi firmeza   
en tal son,   
que no puede ser tomada   
a fuerza mi fortaleza   
ni a traición.   

La fortaleza nombrada   
está en los altos alcores   
de una cuesta,   
sobre una peña tajada,   
maciza toda de amores,   
muy bien puesta:   
y tiene dos baluartes   
hacia el cabo que ha sentido   
el olvidar,     
y cerca a las otras partes,   
un río mucho crecido,   
que es membrar.   

El muro tiene de amor,   
las almenas de lealtad,   
la barrera   
cual nunca tuvo amador,   
ni menos la voluntad   
de tal manera;   
la puerta de un tal deseo,   
que aunque esté del todo entrada   
y encendida,   
si presupongo que os veo,   
luego la tengo cobrada   
y socorrida.   

Las cavas están cavadas   
en medio de un corazón   
muy leal,   
y después todas chapadas   
de servicios y afición   
muy desigual;   
de una fe firme la puente   
levadiza, con cadena   
de razón,   
razón que nunca consiente   
pasar hermosura ajena   
ni afición.   


Las ventanas son muy bellas,   
y son de la condición   
que dirá aquí:   
que no pueda mirar de ellas   
sin ver a vos en visión   
delante mí;   
mas no visión que me espante,   
pero póneme tal miedo,   
que no oso   
deciros nada delante,   
pensando ser tal denuedo   
peligroso.     

Mi pensamiento -que está   
en una torre muy alta,   
que es verdad-   
sed cierta que no hará,   
señora, ninguna falta   
ni fealdad;   
que ninguna hermosura   
ni buen gesto,   
no puede tener en nada   
pensando en vuestra figura   
que siempre tiene pensada   
para esto.   

 



Otra torre, que es ventura,   
está del todo caída   
a todas partes,   
porque vuestra hermosura   
la ha muy recio combatida   
con mil artes,   
con jamás no querer bien,   
antes matar y herir   
y desamar   
un tal servidor, a quien   
siempre debiera guarir   
y defensar.   


Tiene muchas provisiones   
que son cuidados y males   
y dolores,   
angustias, fuertes pasiones,   
y penas muy desiguales   
y temores,   
que no pueden fallecer   
aunque estuviese cercado   
dos mil años,   
ni menos entrar placer   
a do hay tanto cuidado   
y tantos daños.   


En la torre de homenaje   
está puesto toda hora   
un estandarte,   
que muestra por vasallaje   
el nombre de su señora   
a cada parte;   
que comienza como más   
el nombre y como valer   
el apellido,   
a la cual nunca jamás    
yo podré desconocer   
aunque perdido.   

FIN
A tal postura os salgo   
con muy firme juramento   
y fuerte jura,   
como vasallo hidalgo   
que por pesar ni tormento   
ni tristura,   
a otro no lo entregar   
aunque la muerte esperase   
por vivir,   
ni aunque lo venga a cercar   
el Dios de amor, y llegase   
a lo pedir. 

   Diciendo qué cosa es amor

         
Es amor fuerza tan fuerte  
que fuerza toda razón;   
una fuerza de tal suerte,   
que todo seso convierte   
en su fuerza y afición;   
una porfía forzosa   
que no se puede vencer,   
cuya fuerza porfiosa   
hacemos más poderosa   
queriéndonos defender.   


Es placer en que hay dolores.   
dolor en que hay alegría,   
un pesar en que hay dulzores,   
un esfuerzo en que hay temores,   
temor en que hay osadía;   
un placer en que hay enojos,   
una gloria en que hay pasión,   
una fe en que hay antojos,   
fuerza que hacen los ojos   
al seso y al corazón.   

Es una cautividad   
sin parecer las prisiones,   
un robo de libertad,   
un forzar de voluntad   
donde no valen razones;   
una sospecha celosa   
causada por el querer,   
una rabia deseosa   
que no sabe qué es la cosa   
que desea tanto ver.   

Es un modo de locura   
con las mudanzas que hace   
una vez pone tristura,   
otra vez causa holgura   
como lo quiere y le place;   
un deseo que al ausente   
trabaja pena y fatiga;   
un recelo que al presente   
hace callar lo que siente,   
temiendo pena que diga.   

Todas estas propiedades   
tiene el verdadero amor;   
el falso, mil falsedades,   
mil mentiras, mil maldades,   
como fingido traidor;   
el toque para tocar   
cuál amor es bien forjado,   
es sufrir el desarmar,   
que no puede comportar   
el falso sobredorado. 

Otras suyas en que pone el nombre de una dama; y comienza y acaba en las letras primeras de todas las coplas [y versos], y dice:


¡Guay de aquél que nunca atiende   
galardón por su servir!   
¡Guay de quien jamás entiende   
guarecer ya ni morir!   
¡Guay de quien ha de sufrir   
grandes males sin gemido!   
¡Guay de quien ha perdido   
gran parte de su vivir!   

Verdadero amor y pena   
vuestra belleza me dio,   
Ventura no me fue buena,   
Voluntad me cautivó;   
veros sólo me tornó   
vuestro, sin más defenderme;   
Virtud pudiera valerme,   
valerme, mas no valió.   


Y estos males que he contado,   
yo soy el que los espera;   
yo soy el desesperado,   
yo soy el que desespera,   
yo soy el que presto muera,   
y no viva, pues no vivo;   
yo soy el que está cautivo   
y no piensa verse fuera.   



¡Oh, si aquestas mis pasiones,   
oh, si la pena en que está,   
oh, si mis fuertes pasiones   
osase descubrir yo!   
¡Oh, si quien a mí las dio   
oyese la queja de ellas!   
¡Oh, qué terribles querellas   
oiría que ella causó!   



Mostrara una triste vida   
muerta ya por su ocasión;   
mostrara una gran herida   
mortal en el corazón;   
mostrara una sinrazón   
mayor de cuantas he oído:   
matar un hombre vencido,   
metido ya en la prisión.   


Agora que soy ya suelto,   
agora veo que muero;   
agora fuese yo vuelto   
aunque muriese primero   
aunque muriese primero   
a lo menos moriría   
a manos de quien podría   
acabar el bien que espero.

CABO
Rabia terrible me aqueja,   
rabia mortal me destruye,   
rabia que jamás me deja,   
rabia que nunca concluye;   
remedio siempre me huye,   
reparo se me desvía,   
revuelve por otra vía   
revuelta y siempre rehúye.   

Canción6
Cada vez que mi memoria


Cada vez que mi memoria   
vuestra beldad representa,   
mi penar se torna gloria.   
mis servicios en victoria,   
mi morir, vida contenta.   


Y queda mi corazón   
bien satisfecho en serviros;   
el pago de sus suspiros   
halo por buen galardón;   
porque vista la memoria   
en que a vos os representa,   
su penar se torna gloria,   
sus servicios en victoria,   
su morir, vida contenta. 

 


Glosa
Mote: «Siempre amar y amor seguir»

«Ni miento ni me arrepiento»

Quiero, pues quiere Razón   
de quien no puedo huir,   
con fe de noble pasión,   
pasión que pone afición,   
siempre amar y amor seguir.   

Siempre amar, pues que se paga   
-según muestra amar Amor-   
con amor, porque la llaga   
-bien amando- del dolor   
se sane y quede mayor.   
Tal que con tal intención   
quiero sin merced pedir,   
pues que lo quiere Razón.   
con fe de noble pasión,   
siempre amar y amor seguir.   

Ni miento ni me arrepiento,

ni digo ni me desdigo,

ni estoy triste ni contento,

ni reclamo ni consiento,

ni fío, ni desconfío:

ni bien vivo, ni bien muero,

ni soy ajeno, ni mío,

ni me venzo, ni porfío,

ni espero, ni desespero.

 

Conmigo solo contiendo

en una fuerte contienda,

y no me hallo quien me entienda,

ni yo tampoco me entiendo.

Entiendo y sé lo que quiero,

mas no entiendo lo que quiera

quien quiere siempre que muera

sin querer creer que muero

   
   
  ARRIBA
Coplas a la muerte de su padre
I  

Recuerde el alma dormida,   
avive el seso y despierte   
contemplando   
cómo se pasa la vida,   
cómo se viene la muerte   
tan callando,   
cuán presto se va el placer,   
cómo, después de acordado,   
da dolor;   
cómo, a nuestro parecer,   
cualquiera tiempo pasado   
fue mejor. 

Fugacidad de la vida
Recuerde: Despierte, es decir, recuerde su naturaleza espiritual y no mundana
 
 
 
 
 
II  

Pues si vemos lo presente                    
cómo en un punto se es ido                 
y acabado,                   
si juzgamos sabiamente,                     
daremos lo no venido               
por pasado.                 
No se engañe nadie, no,                       
pensando que ha de durar                   
lo que espera               
mas que duró lo que vio,                     
pues que todo ha de pasar                   
por tal manera.           

Reflexión: la experiencia nos dice que igual que todo ha pasado fugazmente hasta ahora, seguirá ocurriendo lo mismo.
 
 
El presente y el futuro son pronto pasado.
 
 
III  

Nuestras vidas son los ríos                  
que van a dar en la mar,                     
que es el morir,                       
allí van los señoríos                
derechos a se acabar               
y consumir;                 
allí los ríos caudales,             
allí los otros medianos             
y más chicos,              
y llegados, son iguales             
los que viven por sus manos                
y los ricos.                  

Metáfora, también procedente de los clásicos.

La vida es un río
La muerte es el mar
Encierra el sentido del fluir constante del tiempo.
Poder igualatorio de la muerte
 
IV  

Dejo las invocaciones              

de los famosos poetas              

y oradores;                  

no curo de sus ficciones,                     

que traen yerbas secretas                   

sus sabores;                

Aquel sólo invoco yo                 

de verdad,                   

que en este mundo viviendo                 

el mundo no conoció                

su deidad.
Se aparta de las invocaciones de los poetas, es decir pedir inspiración a las musas, él la pide a Dios.
V  

Este mundo es el camino                     

para el otro, que es morada                 

sin pesar;                    

mas cumple tener buen tino                

para andar esta jornada                      

sin errar.                    

Partimos cuando nacemos                   

andamos mientras vivimos,                 

y llegamos                   

al tiempo que fenecemos;                    

así que cuando morimos                      

descansamos.              
Una nueva metáfora sobre la vida:
El mundo (la vida del hombre en la tierra) es el camino
El otro, el cielo, es la morada.
Por tanto, hay que caminar correctamente para llegar.
Vida humana: Igual que la de un peregrino.
Nacimiento = Partida
Vida = Andar el camino
Muerte = descanso
VI  

Este mundo bueno fue             

si bien usásemos dél               

como debemos,                        

porque, según nuestra fe,                    

es para ganar aquél                

que atendemos.                       

Aun aquel Hijo de Dios,                       

para subirnos al cielo,             

descendió                    

a nacer acá entre nos,             

y a morir en este suelo            

do murió.

Comienzan una serie de reflexiones y consejos sobre cómo debe el hombre entender su vida en la tierra, desde el punto de vista de la religión (teocentrismo)
VII  

Si fuese en nuestro poder                    

hacer la cara hermosa             

corporal,                     

como podemos hacer               

el alma tan gloriosa,                

angelical,                    

 ¡qué diligencia tan viva                      

tuviéramos toda hora,             

y tan presta,               

en componer la cautiva,                      

dejándonos la señora               

descompuesta!            

Hay que preocuparse más de cuidar el alma que la belleza física.
VIII  

Ved de cuán poco valor

son las cosas tras que andamos

y corremos,

que, en este mundo traidor

aun primero que miramos

las perdemos:

de ellas deshace la edad,

de ellas casos desastrados

que acaecen,

de ellas, por su calidad,

en los más altos estados

desfallecen.

Invita a reflexionar al lector: Ved: imperativo.
 
Lo terrenal vale poco, lo destruye:
la edad, paso del tiempo.
El destino
 
IX  

Decidme: La hermosura,                     

la gentil frescura y tez             

de la cara,                   

la color y la blancura,             

cuando viene la vejez,              

¿cuál se para?             

Las mañas y ligereza               

y la fuerza corporal                 

de juventud,                

todo se torna graveza               

cuando llega al arrabal                       

de senectud.
Decidme: imperativo.

Comienza con situaciones concretas sometidas al paso del tiempo:

La Belleza

X  

Pues la sangre de los godos,                

y el linaje y la nobleza             

tan crecida,                 

¡por cuántas vías y modos                   

se pierde su gran alteza                      

en esta vida!               

Unos, por poco valer,               

¡por cuán bajos y abatidos                   

que los tienen!;                       

otros que, por no tener,                       

con oficios no debidos              

se mantienen.              
El linaje
 
se pierde
 
por falta de apoyo de los poderosos
por falta de dinero
XI  

Los estados y riqueza,             

que nos dejen a deshora                      

¿quién lo duda?                       

no les pidamos firmeza,                       

pues son de una señora                       

que se muda.              

Que bienes son de Fortuna                  

que revuelven con su rueda                 

presurosa,                   

la cual no puede ser una                     

ni estar estable ni queda                     

en una cosa.    
La posición social
 
 
el destino
 
 
XII  

Pero digo que acompañen                    

y lleguen hasta la huesa                     

con su dueño:              

por eso no nos engañen,                      

pues se va la vida apriesa                   

como sueño;                

 y los deleites de acá               

son, en que nos deleitamos,                 

temporales,                 

y los tormentos de allá,                       

que por ellos esperamos,                     

eternales.                     
Aunque el hombre llegue a la muerte con riquezas, las perderá al morir.
 
 
 
Los tormentos del infierno, eternos.
XIII  

Los placeres y dulzores                        

de esta vida trabajada             

que tenemos,               

no son sino corredores,                       

y la muerte, la celada              

en que caemos.                       

 No mirando a nuestro daño,               

corremos a rienda suelta                     

sin parar;                    

desque vemos el engaño                      

y queremos dar la vuelta,                    

no hay lugar.               

La Muerte espera oculta
 
 
 
 
 
 
XIV  

Esos reyes poderosos               

que vemos por escrituras                    

ya pasadas,                 

con casos tristes, llorosos,                   

fueron sus buenas venturas                

trastornadas;              

así que no hay cosa fuerte,                  

que a papas y emperadores                 

y prelados,                  

así los trata la Muerte             

como a los pobres pastores                  

de ganados.                 

Poder igualatorio de la Muerte.

Reyes del pasado

XV  

Dejemos a los troyanos,                       

que sus males no los vimos,                

ni sus glorias;             

dejemos a los romanos,                       

aunque oímos y leímos            

sus historias;              

no curemos de saber              

lo de aquel siglo pasado                       

qué fue de ello;                        

vengamos a lo de ayer,            

que también es olvidado                      

como aquello.              
Lo que ocurrió hace poco está tan olvidado como los tiempos más remotos.
XVI  

¿Qué se hizo el Rey Don Juan?                     

Los Infantes de Aragón            

¿qué se hicieron?                    

¿Qué fue de tanto galán,                     

qué de tanta invención                        

que trajeron?              

 ¿Fueron sino devaneos,                      

qué fueron sino verduras                     

de las eras,                 

las justas y los torneos,                       

paramentos, bordaduras                     

y cimeras?

Comienza el Ubi sunt?

Pasa a hechos y personajes del presente o inmediatamente anteriores.
Don Juan: rey Juan II (1405-1454)
Infantes: hijos del rey de Aragón Fernando I (1380-1416)
Actividades propias del mundo de las cortes.
 
 
XVII  

 ¿Qué se hicieron las damas,               

sus tocados y vestidos,            

sus olores?                  

¿Qué se hicieron las llamas                 

de los fuegos encendidos                     

de amadores?              

¿Qué se hizo aquel trovar,                   

las músicas acordadas            

que tañían?                 

¿Qué se hizo aquel danzar,                  

aquellas ropas chapadas                     

que traían?                 

 
XVIII  

Pues el otro, su heredero,                    

Don Enrique, ¡qué poderes                  

alcanzaba!                  

¡Cuán blando, cuán halaguero             

el mundo con sus placeres                  

se le daba!                  

Mas verás cuán enemigo,                    

cuán contrario, cuán cruel                  

se le mostró;               

habiéndole sido amigo,            

¡cuán poco duro con él             

lo que le dio!               

Enrique IV (1425-1474) sucesor de Juan II
 
 
 
Estuvo inmerso en problemas de sucesión al trono.
 
XIX  

Las dádivas desmedidas,                     

los edificios reales                   

llenos de oro,               

las vajillas tan fabridas,                      

los enriques y reales               

del tesoro;                   

los jaeces, los caballos            

de sus gentes y atavíos                        

tan sobrados,              

¿dónde iremos a buscallos?                 

¿qué fueron sino rocíos                       

de los prados?             
Las riquezas
XX  

Pues su hermano el inocente,              

que en su vida sucesor                        

le hicieron,

¡qué corte tan excelente                      

tuvo y cuánto gran señor                     

le siguieron!                

Mas, como fuese mortal,                      

metiole la Muerte luego                       

en su fragua.               

¡Oh, juicio divinal,                  

cuando más ardía el fuego,                  

echaste agua!              

Alude a hechos históricos en los que se vio implicada su familia
contraria a Enrique IV.
 
 
 
 
 
XXI  

 Pues aquel gran Condestable,             

maestre que conocimos                       

tan privado,                

no cumple que de él se habla,              

mas sólo cómo lo vimos                       

degollado.                    

Sus infinitos tesoros,               

sus villas y sus lugares,                      

su mandar,                 

¿qué le fueron sino lloros?                   

¿Qué fueron sino pesares                    

al dejar?                     
Don Álvaro de Luna, en quien deposita su confianza el rey Juan II, Persona muy poderosa.
 
murió decapitado públicamente en el cadalso.
 
 
XXII  

Y los otros dos hermanos,                    

maestres tan prosperados                   

como reyes,                 

que a los grandes y medianos              

trajeron tan sojuzgados                       

a sus leyes;                 

aquella prosperidad                 

que en tan alto fue subida                   

y ensalzada,                

¿qué fue sino claridad             

que cuando más encendida                 

fue matada?                

Otra vez enemigos de su familia, los hermanos:
Don Juan Pacheco, maestre de Santiago y marqués de Villena, y don Pedro Girón, maestre de Calatrava.
 
 
 
 
 
XXIII  

Tantos duques excelentes,                   

tantos marqueses y condes                  

y varones                    

como vimos tan potentes,                    

di, Muerte, ¿do los escondes                

y traspones?                

Y las sus claras hazañas                     

que hicieron en las guerras                 

y en las paces,            

cuando tú, cruda, te ensañas,             

con tu fuerza las aterras                     

y deshaces.     
 
 
Se dirige a la Muerte indignado.
 
 
 
XXIV  

 Las huestes innumerables,                 

los pendones, estandartes                   

y banderas,                 

los castillos impugnables,                   

los muros y baluartes              

y barreras,                  

la cava honda, chapada,                      

o cualquier otro reparo,                       

¿qué aprovecha?                     

Cuando tú vienes airada,                    

todo lo pasas de claro              

con tu flecha.  

Mundo desaparecido de la nobleza guerrera.
XXV Comienza la parte dedicada a don Rodrigo:

Aquel de buenos abrigo,                      

amado por virtuoso                  

de la gente,                 

el maestre Don Rodrigo                       

Manrique, tanto famoso                      

y tan valiente;             

sus hechos grandes y claros                

no cumple que los alabe,                     

pues los vieron,                       

ni los quiero hacer caros                     

pues que el mundo todo sabe               

cuáles fueron.             
Elogio de don Rodrigo.
 
 
 
 
 
 
XXVI  

Amigos de sus amigos,             

¡qué señor para criados                       

y parientes!                 

¡Qué enemigo de enemigos!                  

¡Qué maestro de esforzados                 

y valientes!                 

¡Qué seso para discretos!                    

¡Qué gracia para donosos!                   

¡Qué razón!                 

¡Qué benigno a los sujetos!                  

¡A los bravos y dañosos,                      

qué león!                     
Las virtudes que nombra son las de un caballero medieval de finales de la Edad Media.
Valentía en la guerra.
 
inteligencia, ingenio, discrección, generosidad.
 
 
XXVII  

 En ventura Octaviano;                       

Julio César en vencer              

y batallar;                   

en la virtud, Africano;             

Aníbal en el saber                   

y trabajar;                   

en la bondad, un Trajano;                   

Tito en liberalidad                   

con alegría,                 

en su brazo, Aureliano;                       

Marco Atilio en la verdad                     

que prometía
Característico de la retórica medieval: alude a una serie de personajes clásicos con la cualidad que representa cada uno.
XXVIII  

Antonio Pío en clemencia;                    

Marco Aurelio en igualdad                   

del semblante;             

Adriano en elocuencia,            

Teodosio en humanidad                       

y buen talante;                        

Aurelio Alejandro fue               

en disciplina y rigor                

de la guerra;               

un Constantino en la fe,                      

Camilo en el gran amor                       

de su tierra.    
 
XIX  

No dejó grandes tesoros,                      

ni alcanzó muchas riquezas                

ni vajillas;                   

mas hizo guerra a los moros,               

ganando sus fortalezas                        

y sus villas;                 

y en las lides que venció,                     

cuántos moros y caballos                    

se perdieron;               

y en este oficio ganó                

las rentas y los vasallos                      

que le dieron.  
Destaca los valores importantes de su padre en contraposición con el amor al lujo de los personajes nombrados en el Ubi sunt? de quienes subrayaba sus posesiones.
Don Rodrigo destaca como buen caballero, su oficio era la guerra y allí ganó sus bienes.
 
 
XXX  

Pues por su honra y estado,                 

en otros tiempos pasados,                   

¿cómo se hubo?                       

Quedando desamparado,                     

con hermanos y criados                       

se sostuvo.                  

Después que hechos famosos               

hizo en esta misma guerra                  

que hacía,                   

hizo tratos tan honrosos                      

que le dieron aun más tierra               

que tenía.        
Empieza a dar datos concretos de la vida de don Rodrigo donde se muestran las virtudes antes mencionadas.
Es partidario de los infantes de Aragón y enemigo de Juan II y de don Álvaro de Luna. Estuvo inmerso en todos los conflictos anteriores a la llegada al trono de Isabel la católica.
 
 
 
XXXI  

Estas sus viejas historias                               

que con su brazo pintó                        

en juventud,                           

con otras nuevas victorias                               

ahora las renovó                                 

en senectud.                           

Por su grande habilidad,                                 

por méritos y ancianía                        

bien gastada,                          

alcanzó la dignidad                             

de la gran Caballería                           

de la Espada.  
 
 
 
 
 
Gran maestre de la Orden de Santiago
 
XXXII  

Y sus villas y sus tierras                     

ocupadas de tiranos                

las halló;                     

mas por cercos y por guerras               

y por fuerza de sus manos                   

las cobró.                    

Pues nuestro rey natural,                    

si de las obras que obró                       

fue servido,                 

dígalo el de Portugal                

y en Castilla quien siguió                    

su partido.                  

 
XXXIII  

Después de puesta la vida                   

tantas veces por su ley                        

al tablero;                   

después de tan bien servida                

la corona de su rey                  

verdadero;                   

después de tanta hazaña                     

a que no puede bastar             

cuenta cierta,              

en la su villa de Ocaña                        

vino la Muerte a llamar                       

a su puerta     

Resume todas las cualidades anteriores, su vida hasta llegar el momento de la Muerte, que llega en su busca.

Tablero: se refiere al ajedrez.

XXXIV  

diciendo: -«Buen caballero                   

dejad el mundo engañoso                    

y su halago;                

vuestro corazón de acero                     

muestre su esfuerzo famoso                 

en este trago;              

y pues de vida y salud             

hicisteis tan poca cuenta                    

por la fama,                

esfuércese la virtud                 

para sufrir esta afrenta                       

que os llama.              

Como en las Danzas de la muerte, se dirige a él. No intenta asustarlo, sino que le invita de una forma natural. Vuelve a nombrar sus cualidades.
 
Se preocupó más de su honor que de su vida y salud.
 
 
XXXV  

 «No se os haga tan amarga                 

la batalla temerosa                 

que esperáis,               

pues otra vida más larga                     

de la fama gloriosa                  

acá dejáis,                  

(aunque esta vida de honor                 

tampoco no es eternal             

ni verdadera);              

mas, con todo, es muy mejor               

que la otra temporal                

perecedera.
Vida terrenal: perecedera.
Vida de la fama: el recuerdo y ejemplo que su vida , dirigida por el honor, deja a los que quedan. Perdurará.
 
Vida eterna: La que le espera.
 
 
XXXVI  

«El vivir que es perdurable                  

no se gana con estados                        

mundanales,               

ni con vida delectable              

donde moran los pecados                     

infernales;                  

mas los buenos religiosos                    

gánanlo con oraciones             

y con lloros;                

los caballeros famosos,                        

con trabajos y aflicciones                    

contra moros.              
Formas de ganar la vida eterna:
 
 
Los religiosos (oradores) con oraciones.
Los nobles(defensores), defendiendo su religión.
XXXXVII  

«Y pues vos, claro varón,                     

tanta sangre derramasteis                  

de paganos,                 

esperad el galardón                 

que en este mundo ganasteis               

por las manos;            

 y con esta confianza,              

-y con la fe tan entera             

que tenéis,                  

partid con buena esperanza,                

que esta otra vida tercera                    

ganaréis.»
La Muerte tranquiliza a don Rodrigo porque ha hecho lo que debía hacer como noble.
XXXVIII  

  -«No tengamos tiempo ya                   

en esta vida mezquina             

por tal modo,               

que mi voluntad está               

conforme con la divina            

para todo;                   

y consiento en mi morir                       

con voluntad placentera,                     

clara y pura,               

que querer hombre vivir                      

cuando Dios quiere que muera,                       

es locura.                    

Responde don Rodrigo conforme con la voluntad de Dios, se enfrenta a la muerte tranquilo.
XXXIX  

Tú, que, por nuestra maldad,              

tomaste forma servil                

y bajo nombre;            

tú, que a tu divinidad              

juntaste cosa tan vil                

como es el hombre;                  

tú, que tan grandes tormentos             

sufriste sin resistencia                        

en tu persona,             

no por mis merecimientos,                  

mas por tu sola clemencia                   

me perdona.»               
Se encomienda a Cristo.
XL  

Así, con tal entender,              

todos sentidos humanos                      

conservados,               

cercado de su mujer                

y de sus hijos y hermanos                   

y criados,                    

dio el alma a quien se la dio                

(el cual la dio en el cielo

en su gloria),   

que aunque la vida perdió,                  

dejonos harto consuelo                        

su memoria.                

Vuelve a tomar la palabra el poeta con un sentimiento de tranquilidad ante la muerte de su padre que va con Dios y les deja su memoria (fama)
ARRIBA
Juan del Enzina siglo XV
Canciones

Del amor viene el cuidado

y del cuidado el penar,

de la pena el suspirar

del leal enamorado.

 

Quel suspiro no es pasión,

mas descanso del tormento

do descansa el pensamiento

del cuidoso coraçón.

 

Y la pena del penado

que pena por bien amar

se muestra en el suspirar

del leal enamorado.

Desque triste me partí

sin veros a la partida,

se partió luego mi vida

donde nunca más la vi.

 

Partió mi vida en partir

con una pasión tan fuerte

que aunque venga ya la muerte

será dulce de sufrir.

 

Si sentís lo que sentí

sentiréis en mi partida

que partió luego mi vida

donde nunca más la vi.

   

Querría no desearos    

y desear no quereros,

mas, si me aparto de veros,     

tanto me pena dejaros

que me olvido de olvidaros.

 

Si os demando galardón

en pago de mis servicios,

daisme vos por beneficios

pena, dolor y pasión,

por más desconsolación.

 

Y no puedo desamaros

aunque me aparto de veros,

que si pienso en no quereros

tanto me pena dejaros                         

que me olvido de olvidaros.

Muchas veces he acordado

de olvidar a vos, mi dios,

y en acordarme de vos

hállome desacordado.

 

He procurado olvidaros

por acordarme de mí;

cuando pienso en cómo os vi

pienso más en más amaros.

 

Y con este tal cuidado,

cuidoso por vos, mi dios,

en acordarme de vos

hállome desacordado.

   

Si la fe y el galardón

por un peso se pesase,

cierto soy que no faltase

gran remedio a mi pasión.

 

Mi pasión es muy crecida

y mi fe de fe muy llena,

que, según la fe, la pena

se da por una medida.

 

Y si la fe y la afición

a galardón se pesase

cierto soy que no faltase

gran remedio a mi pasión.

No quiero mostrar quereros

porque no toméis favor

para más encareceros,

pues que no temo perderos

por falta de fe ni amor.

 

Deseo siempre serviros,

procuro de no enojaros,

querría merced pediros

y no quiero descubriros

cuánto peno por amaros.

 

Que si doy a conoceros

mi deseoso dolor

será más encareceros,

mas yo no temo perderos

por falta de fe ni amor.

Villancicos

Vivirá tanto mi vida

cuanto vos seáis servida.

 

Tanto serviros deseo,

quel desear me atormenta,

y no sé si sois contenta

de la vida que poseo;

que no quiero tener vida

sin que vos seáis servida.

 

Y si vos queréis que muera,

la vida no la codicio,

pues en haceros servicio

es mi gloria verdadera;

que la muerte será vida

si con ella sois servida.

 

 

Fin

 

Y aunque mis servicios sean

pequeños para con vos,

mirad, señora, por Dios,

cuánto serviros desean;

que no tengo yo más vida

de cuanto seáis servida.

Floreció tanto mi mal,

sin medida,

que hizo secar mi vida.

 

Floreció mi desventura

y secóse mi esperanza;

floreció mi gran tristura

con mucha desconfianza;

hizo mi bien tal mudanza,

sin medida,

que hizo secar mi vida.

 

Hase mi vida secado,

con sobra de pensamiento;

ha florecido el cuidado,

las pasiones y el tormento;

fue tanto mi perdimiento,

sin medida,

que hizo secar mi vida.

 

 

Fin

 

Secóse todo mi bien,

con el mal que floreció;

no sé cúyo soy ni quién,

que el placer me despidió;

tanto mi pena creció,

sin medida,

que hizo secar mi vida.

   

Más quiero morir por veros

que vivir sin conoceros.

 

Es tan firme mi esparanza,

que jamás hace mudanza,

teniendo tal confianza

de ganarme por quereros.

 

Mucho gana el que es perdido

por merecer tan crecido

y es vitoria ser vencido

sin jamás poder venceros.

 

 

Fin

 

Aunque sienta gran tormento,

gran tristeza y pensamiento,

yo seré de ello contento,

por ser dichoso de veros.

 
   

Ninguno cierre las puertas

si Amor viniere a llamar,

que no le ha de aprovechar.

 

Al Amor obedezcamos

con muy presta voluntad;

pues es de necesidad,

de fuerza virtud hagamos.

Al Amor no resistamos,

nadie cierre a su llamar

que no le ha de aprovechar.

 

Amor amansa al más fuerte

y al más flaco fortalece;

al que menos le obedece

más le aqueja con su muerte.

A su buena o mala suerte

ninguno debe apuntar

que no le ha de aprovechar.

 

Amor muda los estados,

las vidas y condiciones;

conforma los corazones

de los bien enamorados.

Resistir a sus cuidados

nadie debe procurar

que no le ha de aprovechar.

Aquél fuerte del Amor

que se pinta niño y ciego

hace al pastor palaciego

y al palaciego pastor.

Contra su pena y dolor

ninguno debe lidiar

que no le ha de aprovechar.

 

El qu'es Amor verdadero

despierta al enamorado,

hace al medroso esforzado

y muy pulido al grosero.

Quien es de Amor prisionero

no salga de su mandar

que no le ha de aprovechar.

 

Fin.

 

El Amor con su poder

tiene tal jurisdicción

que cativa el corazón

sin poderse defender.

Nadie se debe asconder

si Amor viniere a llamar,

que no le ha de aprovechar.

   

¡No te tardes que me muero

    Carcelero,

no te tardes que me muero!

 

   Apresura tu venida

porque no pierda la vida

que la fe no está perdida.

    Carcelero,

¡no te tardes que me muero!

 

   Sácame de esta cadena,

que recibo muy gran pena

pues tu tardar me condena.

    Carcelero,

¡no te tardes que me muero!

 

   La primera vez que me viste,

sin lo sentir me venciste;

suéltame pues me prendiste.

    Carcelero,

¡no te tardes que me muero!

 

   La llave para soltarme

he de ser galardonarme,

prometiendo no olvidarme.

    Carcelero,

¡no te tardes que me muero!

Paguen mis ojos, pues vieron

a quien más que a sí quisieron.

 

Vieron una tal beldad,

que de grado y voluntad

mi querer y libertad

cautivaron y prendieron.

 

Cautivaron mi querer

en poder de tal poder,

que les es forzado ser

más tristes que nunca fueron.

 

 

Fin

 

Más tristes serán, si viven,

que si moros los cautiven,

porque de mirar se esquiven

a quien nunca conocieron
 

Si amor pone las escalas

al muro del corazón,

¡no ay ninguna defensión!

 

Si amor quiere dar combate

con su poder y firmeza,

no ay fuerza ni fortaleza

que no tome o desbarate,

o que no hiera o no mate

al que no se da a presión,

¡no ay ninguna defensión!

 

Sin partidos, con partidos,

con sus tratos o sin trato,

gana y vence en poco rato

la razón y los sentidos;

los sentidos ya vencidos,

sojuzgada la razón,

¡no ay ninguna defensión!

 

Con halagos y temores,

con su fuerza y su poder,

de los que han de defender

hace más sus servidores;

pues las guardas son traidores

y cometen traïción,

¡no ay ninguna defensión!

 

Nunca jamás desconfía;

de los más sus enemigos

hace mayores amigos;

siempre vence su porfía,

da placer y da alegría,

y, si quiere dar pasión,

¡no ay ninguna defensión!

 

Son sus fuerzas tan forzosas

que fuerzan lo más que fuerte,

puede dar vida y dar muerte,

puede dar penas penosas;

a sus fuerzas poderosas,

si pone fe y afición,

¡no ay ninguna defensión!

 

Fin

No ay quién salga de sus manos,

discretos y no discretos,

a todos tiene sujetos:

judíos, moros, cristianos;

sobre todos los humanos

tiene gran jurisdicción,

Romances

Yo me estaba reposando,

durmiendo, como solía,

recordé, triste, llorando

con gran pena que sentía.

 

Levantéme, muy sin tiento,

de la cama en que dormía,

cercado de pensamiento,

que valer no me podía.

 

Mi pasión era tan fuerte

que de mí yo no sabía,

conmigo estaba la muerte

por tenerme compañía.

 

Lo que más me fatigaba

no era porque moría,

mas era porque dejaba

de servir a quien servía.

 

Servía yo una señora

que más que a mí la quería

y ella fue la causadora

de mi mal sin mejoría.

 

La medianoche pasada,

ya que era cerca del día,

salíme de mi posada

por ver si descansaría.

Fui para donde morava

aquella que más quería

por quien yo triste penaba,

mas ella no parecía.

 

Andando todo turbado

con las ansias que tenía,

vi venir a mi cuidado

dando voces, y decía:

 

"Si dormís, linda señora,

recordad, por cortesía,

pues que fuiste causadora

de la desventura mía.

 

Remediad mi gran tristura,

satisfaced mi porfía,

porque si falta ventura

del todo me perderla."

 

Y con mis ojos llorosos

un triste llanto hacía

con suspiros congojosos

y nadie no parecía.

 

En estas cuitas estando,

como vi que esclarecía,

a mi casa, suspirando,

me volví, sin alegría.

   

Mi libertad en sosiego,

mi corazón descuidado,

sus muros y fortaleza

amores me la han cercado.

 

Razón y seso y cordura,

que tenía a mi mandado,

hicieron trato con ellos,

¡malamente me han burlado!

 

Y la fe, que era el alcaide,

las llaves les ha entregado;

combatieron por los ojos,

diéronse luego de grado,

 

entraron a escala vista,

con su vista han escalado,

subieron dos mil suspiros,

subió pasión y cuidado

diciendo: "¡Amores, amores!"

su pendón han levantado.

 

Cuando quise defenderme

ya estaba todo tomado;

hube de darme a presión

de grado, siendo forçado.

 

Agora, triste cativo,

de mí estoy enajenado,

cuando pienso libertarme

hállome más cativado.

 

No tiene ningún concierto

la ley del enamorado;

del amor y su poder

no ay quién pueda ser librado.

   
   
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