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EL REY DON PEDRO EL CRUEL

AUGURIOS DEL REY DON PEDRO

 

Por los campos de Jerez   

 a caza va el rey don Pedro;   

 en llegando a una laguna,   

 allí quiso ver un vuelo.   

 Vido volar una garza,     

 disparóle un sacre nuevo,   

 remontárale un neblí,   

 a sus pies cayera muerto.   

 A sus pies cayó el neblí,   

 túvolo por mal agüero.     

 Tanto volaba la garza,   

 parece llegar al cielo.   

 Por donde la garza sube   

 vio bajar un bulto negro;   

 mientras más se acerca el bulto,     

 más temor le va poniendo,   

 con el abajarse tanto,   

 parece llegar al suelo,   

 delante de su caballo,   

 a cinco pasos de trecho;     

 De él salió un pastorcico,   

 sale llorando y gimiendo,   

 la cabeza desgreñada,   

 revuelto trae el cabello,   

 con los pies llenos de abrojos     

 y el cuerpo lleno de vello;   

 en su mano una culebra,   

 y en la otra un puñal sangriento;   

 en el hombro una mortaja,    

 una calavera al cuello;     

 a su lado, de traílla,   

 traía un perro negro,   

 los aullidos que daba   

 a todos ponían gran miedo;   

 y a grandes voces decía:  

 -Morirás, el rey don Pedro,   

 que mataste sin justicia   

 los mejores de tu reino:   

 mataste tu propio hermano,   

 el Maestre, sin consejo,    

 y desterraste a tu madre,   

 a Dios darás cuenta de ello.   

 Tienes presa a doña Blanca,   

 enojaste a Dios por ello,   

 que si tornas a quererla  

 darte ha Dios un heredero,   

 y si no, por cierto sepas   

 te vendrá desmán por ello;   

 serán malas las tus hijas   

 por tu culpa y mal gobierno,  

 y tu hermano don Enrique   

 te habrá de heredar el reino;   

 morirás a puñaladas,   

 tu casa será el infierno.   

 Todo esto recontado,  

despareció el bulto negro. 

Ha llegado hasta hoy impreso en dos pliegos sueltos y aparece en la Silva de Romances, (Zaragoza, 1550-51)

silva de romances
 

MUERTE DE DOÑA BLANCA

ARRIBA

—Doña María de Padilla,  

 no os me mostredes triste, no   

 que si me casé dos veces   

 hícelo por vuestro amor,   

 y por hacer menosprecio  

 a doña Blanca de Borbón.   

 Envió luego a Sidonia   

 que me labren un pendón,   

 será de color de sangre,   

 de lágrimas su labor;     

 tal pendón, doña María,   

 se hace por vuestro amor.   

 Fue a llamar a Alonso Ortiz,   

 que es un honrado varón,   

 para que fuese a Medina     

 a dar fin a la labor.   

 Respondiera Alonso Ortiz:   

 -Eso, señor, no haré yo,   

 que quien mata a su señora   

 es aleve a su señor.     

 El rey no le dijo nada,   

 en su cámara se entró   

 enviara dos maceros,   

 los cuales él escogió.   

 Estos fueron a la reina,     

 halláronla en oración.   

 La reina como los vido   

 casi muerta se cayó,   

 mas después en sí tornada,   

 con esfuerzo les habló:     

 -Ya sé a qué venis, amigos,   

 que mi alma lo sintió;   

 y pues lo que está ordenado   

 no se puede excusar, no.   

 Di, Castilla, ¿qué te hice?   

 No por cierto, no traición.   

 ¡Oh Francia mi dulce tierra!   

 ¡Oh mi casa de Borbón!   

 Hoy cumplo dieciéis años   

 en los cuales muero yo;     

 el rey no me ha conocido,   

 con las vírgenes me voy.   

 Doña María de Padilla,   

 esto te perdono yo;   

 por quitarte de cuidado     

 lo hace el rey mi señor.   

 Los maceros le dan priesa,   

 ella pide confesión:   

 perdónalos a ellos,   

 y puesta en contemplación    

 danle golpes con las mazas:   

 así la triste murió. 

Doña Blanca de Borbón es la esposa de don Pedro I, murió mientras estaba presa por orden de su marido, el rey. Doña María de Padilla es la amante del rey.
Hay tres versiones antiguas de este romance: En el Cancionero de romances y en la Silva de romances, de 1550
 

EL REY DON ALFONSO V DE ARAGÓN

ARRIBA
LA CONQUISTA DE NÁPOLES  

Miraba de CampoViejo  

 el rey de Aragón un día,   

 miraba la mar de España   

 cómo menguaba y crecía;   

 miraba naos y galeras,    

 unas van y otras venían:   

 unas venían de armada,   

 otras de mercadería;   

 unas van la vía de Flandes,   

 otras la de Lombardía;    

 esas que vienen de guerra   

 ¡oh, cuán bien le parecían!   

 Miraba la gran ciudad   

 que Nápoles se decía,   

 miraba los tres castillos    

 que la gran ciudad tenía:   

 Castel Novo y Capuana,   

 Santelmo, que relucía,   

 aqueste relumbra entre ellos   

 como el sol de mediodía.     

 Lloraba de los sus ojos,   

 de la su boca decía:   

 -¡Oh ciudad, cuánto me cuestas   

 por la gran desdicha mía!   

 Cuéstasme duques y condes,     

 hombres de muy gran valía,   

 cuéstasme un tal hermano,   

 que por hijo le tenía;   

 de esotra gente menuda   

 cuento ni par no tenía;     

 cuéstame ventidós años,   

 los mejores de mi vida,   

 que en ti me nacieron barbas,   

 y en ti las encanecía. 

Se refiere a la conquista de Nápoles en 1432, parece que el romance surge muy próximo a los hechos.
 
Aparece en Cancioneros de siglo XVI y hay una versión en la tradición oral catalana y en Andalucía.
 
REYES CATÓLICOS ARRIBA
MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN  

Nueva triste, nueva triste

que sona por toda España,

que ese príncipe don Juan

está malo en Salamanca.

Malo está de calentura,

que otro mal no se le halla;

íbalo a ver el duque,

ese duque de Calabria.

—¿Qué dicen de mí, ay, duque?

¿qué dicen por Salamanca?

 —Que está malo vuestra alteza,

mas que su mal que no es nada

—Ansí plegué al Dios del cielo

y a la Virgen coronada

 Si d'esta no muero, duque,

 duque, no perderéis nada

Estas palabras diciendo

siete dolores entraban;

los seis le miran el pulso,   

dicen que su mal no es nada

el postrero que lo mira   

es el doctor de la Parra.

Hincó rodilla en el suelo,   

mirándole está la cara.

—Cómo me miras, dotor,   

cómo me miras de gana.

—Confiésese vuestra alteza,   

mande ordenar bien su alma.

Tres horas tiene de vida,   

la una que se le acaba.—

Estas palabras estando   

el rey su padre llegaba.

—¿Qué es aqueso, hijo mío,  

mi heredero de España?

O tenéis sudor de vida   

o se os arranca el alma.

Si vos morís, mi hijo,   

¿qué hará aquel que tanto os ama?—

Estas palabras diciendo   

ya caye que se desmaya.

El suceso histórico es la muerte del heredero de los Reyes Católicos, ocurrió en Salamanca en octubre de 1497.
Se conservó en la tradición oral de Castilla, Asturias, Galicia, Portugal, Canarias y de los sefardíes de Oriente y Marruecos. Aparecen algunos versos en obras de los Siglo de oro: la comedia La serrana de la Vera de Luis Vélez de Guevara. Hay una copia en un manuscrito del siglo XVI.
 
 

Fronterizos

ARRIBA

TOMA DE ANTEQUERA

Narran la toma de Antequera por los cristianos en 1410.

ROMANCE DEL ALCAIDE DE ANTEQUERA

Narra la toma de Antequera por los cristianos en 1410.

Se conserva en Cancioneros de siglo XVI, y algunos versos en la tradición oral de los sefardíes orientales.

De Antequera partió el moro,   

 tres horas antes del día,   

 con cartas en la su mano   

 en que socorro pedía.   

 Escritas iban con sangre,    

 mas no por falta de tinta.   

 El moro que las llevaba   

 ciento y veinte años había;   

 la barba llevaba blanca   

 la calva le relucía;    

 toca llevaba tocada,   

 muy grande precio valía,   

 la mora que la labrara   

 por su amiga la tenía;   

 alhaleme en su cabeza    

 con borlas de seda fina.   

 Caballero en una yegua,   

 que caballo no quería.   

 Sólo con un pajecico   

 que le tenga en compañía,    

 no por falta de escuderos,   

 que en su casa hartos había.   

 Siete celadas le ponen   

 de mucha caballería,   

 mas la yegua era ligera,    

 de entre todos se salía.   

 Por los campos de Archidonia   

 a grandes voces se decía:   

 -¡Oh, gran rey, si tú supieses   

 mi triste mensajería,    

 mesarías tus cabellos   

 y la tu barba vellida!   

 El rey que venir lo vido   

 a recibir lo salía   

 con trescientos de a caballo,    

 la flor de la morería.   

 Bien seas venido, el moro,   

 buena sea tu venida.   

 -Alá te mantenga, rey,   

 con toda tu compañía.  

 -Dime, ¿qué nuevas me traes   

 de Antequera esa mi villa?   

 -Yo te las diré, buen rey,   

 si tú me otorgas la vida.   

 -La vida te es otorgada,  

 si traición en ti no había.   

 -¡Nunca Alá lo permitiese   

 hacer tan gran villanía!   

 Mas sepa tu real alteza   

 Lo que ya saber debía,  

 que esa villa de Antequera   

 en gran aprieto de veía;   

 que el infante don Fernando   

 cercada te la tenía.   

 sin cesar noche ni día;  

 Manjar que tus moros comen:   

 cueros de vaca cocida.   

 Buen rey, si no la socorres   

 muy presto se perdería-   

 El rey, cuando aquesto oyera,    

 de pesar se amortecía;   

 Haciendo gran sentimiento   

 muchas lágrimas vertía;   

 Rasgaba sus vestiduras,   

 con gran dolor que sentía; 

 Ninguno le consolaba,   

 porque no lo permitía.   

 Mas después, en sí tornando,   

 a grandes voces decía:   

 -Tóquense mis añafiles,    

 trompetas de plata fina;   

 júntense mis caballeros   

 cuantos en mi reino había,   

 vayan con mis dos hermanos   

 A Archidonia, esa mi villa,    

 en socorro de Antequera,   

 llave de mi señoría.   

 Y así con este mandado   

 se juntó gran morería:   

 ochenta mil peones fueron  

 el socorro que venía,   

 cinco mil de a caballo,   

 los mejores que tenía.   

 Así en la Boca del Asna   

 este real sentado había  

 A vista del Infante,   

 el cual ya se apercibía   

 confiando en la victoria   

 que de ellos Dios les daría,   

 sus gentes bien ordenadas:  

 de San Juan era aquel día,   

 cuando se dio la batalla,   

 fue la villa combatida   

 con lombardas y pertrechos,   

 y con una gran bastida,    

 con que le ganan las torres   

 de donde era defendida.   

 

 Después dieron el castillo   

 los moros a pleitesía,   

 que libres con sus haciendas  

 el infante los ponía   

 En la villa de Archidonia,   

 lo cual todo se cumplía;   

 Y así se ganó Antequera   

 a loor de Santa María. 

 

Se conserva en Cancioneros de siglo XVI, y algunos versos en la tradición oral de los sefardíes orientales.

PÉRDIDA DE ANTEQUERA

ARRIBA

La mañana de San Juan 

al tiempo que alboreaba

gran fiesta hacen los moros 

por la Vega de Granada. 

Revolviendo sus caballos 

y jugando de las lanzas, 

ricos pendones en ellas 

broslados por sus amadas, 

ricas marlotas vestidas 

tejidas de oro y grana. 

El moro que amores tiene 

señales de ello mostraba, 

y el que no tenía amores 

allí no escaramuzaba

Las damas moras los miran 

de las torres del Alhambra, 

también se los mira el rey 

de dentro de la Alcazaba. 

Dando voces vino un moro

con la cara ensangrentada: 

-Con tu licencia, el rey, 

te daré una nueva mala: 

el infante don Fernando 

tiene a Antequera ganada; 

muchos moros deja muertos, 

yo soy quien mejor librara; 

siete lanzadas yo traigo, 

el cuerpo todo me pasan; 

los que conmigo escaparon 

en Archidona quedaban- 

Con la tal nueva el rey 

la cara se le demudaba; 

manda juntar sus trompetas 

que toquen todas el arma, 

manda juntar a los suyos, 

hace muy gran cabalgada, 

y a las puertas de Alcalá, 

que la real se llamaba, 

los cristianos y los moros 

una escaramuza traban.

Los cristianos eran muchos, 

mas llevaban orden mala; 

los moros, que son de guerra, 

dádoles han mala carga, 

de ellos matan, de ellos prenden, 

de ellos toman en celada. 

Con la victoria, los moros 

van la vuelta de Granada; 

a grandes voces decían: 

—¡La victoria ya es cobrada! 

Ha pervivido en la tradición oral de Castilla, Cataluña y sefardí.

Es el mismo tema que el anterior, pero desde el punto de vista morisco, el final da la victoria a los moros, aunque no ocurrió así.

ABENÁMAR ARRIBA

—¡Abenámar, Abenámar,   

 moro de la morería,   

 el día que tú naciste   

 grandes señales había!   

 Estaba la mar en calma,    

 la luna estaba crecida:   

 moro que en tal signo nace:   

 no debe decir mentira.   

 Allí respondiera el moro,   

 bien oiréis lo que decía:  

 —Yo te la diré, señor,   

 aunque me cueste la vida,   

 porque soy hijo de un moro   

 y una cristiana cautiva;   

 siendo yo niño y muchacho  

 mi madre me lo decía:   

 que mentira no dijese,   

 que era grande villanía;   

 por tanto pregunta, rey,   

 que la verdad te diría.  

 —Yo te agradezco, Abenámar,   

 aquesa tu cortesía.   

 ¿Qué castillos son aquéllos?   

 ¡Altos son y relucían!   

—El Alhambra era, señor,    

 y la otra la mezquita,   

 los otros los Alixares,   

 labrados a maravilla.   

 El moro que los labraba   

 cien doblas ganaba al día,    

 y el día que no los labra,   

 otras tantas se perdía.   

 El otro es Generalife,   

 huerta que par no tenía.   

 El otro Torres Bermejas,   

 castillo de gran valía.   

 Allí habló el rey don Juan,   

 bien oiréis lo que decía:   

 —Si tú quisieses, Granada,   

 contigo me casaría;  

 darete en arras y dote   

 a Córdoba y a Sevilla.   

 -Casada soy, rey don Juan,   

 casada soy, que no viuda;   

 el moro que a mí me tiene  

 muy grande bien me quería.   

Se sitúa en el reinado de Juan II de Castilla y la injerencia castellana en el reino musulman de Granada.
Hay tres versiones : la que incluyó Gines Pérez de Hita en sus Guerras civiles de Granada y en Cancioneros del siglo XVI.
  ARRIBA

CERCO DE ÁLORA

El suceso histórico es la muerte del Adelantado Mayor de Andalucía, don Diego de Rivera, en el cerco de la villa de Álora, en 1434.

ÁLORA, LA BIEN CERCADA

Álora, la bien cercada,   

 tú que estás a par del río,   

 cercote el adelantado   

 una mañana en domingo,   

 con peones y hombres de armas  

 hecho la había un portillo.   

 Viérades moros y moras   

 que iban huyendo al castillo;   

 las moras llevaban ropa,   

 los moros, harina y trigo.    

 Por encima del adarve   

 su pendón llevan tendido.   

 Allá detras de una almena   

 quedádose ha un morillo   

 con una ballesta armada  

 y en ella puesta un cuadrillo.   

 Y en altas voces decía   

 que la gente lo ha oído:   

 —¡Treguas, tregua, adelantado,   

 que tuyo se da el castillo!    

 Alzó la visera arriba,   

 para ver quién lo había dicho,   

 apuntáralo a la frente,   

 salido le ha al colodrillo.   

 Tómale Pablo de rienda,  

 de la mano Jacobillo,   

 que eran dos esclavos suyos   

 que había criado de chicos.   

 Llévanle a los maestros,   

 por ver si le dan guarido.  

 A las primeras palabras   

 por testamento les dijo   

 que él a dios se encomendaba   

 y el alma se le ha salido.   

Nos ha llegado en pliegos sueltos.

  ARRIBA
PÉRDIDA DE ALHAMA
El episodio es la toma de Alhama por los cristianos el 28 de febrero de 1482, al inicio de la guerra de Granada.

Paseábase el rey moro   

 por la ciudad de Granada,   

 desde la puerta de Elvira   

 hasta la de Vivarambla   

 —¡Ay de mi Alhama!  

 Cartas le fueron venidas   

 que Alhama era ganada.   

 Las cartas echó en el fuego,   

 y al mensajero matara.   

 —¡Ay de mi Alhama!     

 Descabalga de una mula   

 y en un caballo cabalga,   

 por el Zacatín arriba   

 subido se había al Alhambra.   

—¡Ay de mi Alhama!    

 Como en el Alhambra estuvo,   

 al mismo punto mandaba   

 que se toquen sus trompetas,   

 sus añafiles de plata.   

 —¡Ay de mi Alhama!    

 Y que las cajas de guerra   

 apriesa toquen el arma,   

 porque lo oigan sus moros,   

 los de la Vega y Granada.   

—¡Ay de mi Alhama!    

 Los moros, que el son oyeron,   

 que al sangriento Marte llama,   

 uno a uno y dos a dos   

 juntado se ha gran batalla.   

 —¡Ay de mi Alhama!    

 Allí habló un moro viejo,   

 de esta manera hablara:   

 -¿Para qué nos llamas, rey?   

 ¿Para qué es esta llamada?   

 —¡Ay de mi Alhama!    

 —Habéis de saber, amigos,   

 una nueva desdichada:   

 que cristianos de braveza   

 ya nos han ganado Alhama.   

 —¡Ay de mi Alhama!  

Allí habló un alfaquí,   

 de barba crecida y cana:   

—Bien se te emplea, buen rey,   

 buen rey, bien se te empleara   

—¡Ay de mi Alhama!  

 —Mataste los Bencerrajes,   

 que eran la flor de Granada;   

 cogiste los tornadizos   

 de Córdoba la nombrada.   

 —¡Ay de mi Alhama!  

 Por eso mereces, rey,   

 una pena muy doblada:   

 que te pierdas tú y el reino,   

 y aquí se pierda Granada.   

 —¡Ay de mi Alhama! 

Fue muy conocido en los Siglos de Oro, aparece en Cancioneros, en las Guerras civiles de Granada y en libros de música.

Este romance tiene un estribillo:

— ¡Ay de mi Alhama!

Los músicos cortesanos de finales del siglo XV solían añadir un estribillo cada cierto número de versos para adaptarlo a la melodía musical. Toman esta técnica de la lírica.

 

ARRIBA

Épicos nacionales

ROMANCES DEL REY DON RODRIGO

Según la leyenda, la invasión musulmana de la Península fue provocada por una ofensa de don Rodrigo al conde don Julián: sedujo a su hija Florinda y don Julián, gobernador de Ceuta, como venganza dejó pasar a los moros hacia la península. Florinda fue llamada desde entonces La Cava, significa prostituta. El rey fue vencido y su reino destruido con lo que pagó su pecado.
Son romances de origen erudito y la mayoría proceden de la Crónica Sarracina de Pedro del Corral del siglo XV. Se han transmitido en Cancioneros y pliegos sueltos. La Penitencia de don Rodrigo se conserva en la tradición oral.
VISIÓN DE DON RODRIGO  

Los vientos eran contrarios,

la luna estaba crecida,

los peces daban gemidos

por el mal tiempo que hacía,

cuando el buen rey don Rodrigo

junto a la Cava dormía,

dentro de una rica tienda

de oro bien guarnecida.

Trescientas cuerdas de plata

que la tienda sostenían;

dentro había cien doncellas

vestidas a maravilla:

las cincuenta están tañendo

con muy extraña armonía.

las cincuenta están cantando

con muy dulce melodía.

Allí habló una doncella

que Fortuna se decía:

-Si duermes, rey don Rodrigo,

despierta por cortesía.

y verás tus malos hados,

tu peor postrimería,

y verás tus gentes muertas,

y tu batalla rompida,

y tus villas y ciudades

destruidas en un día,

tus castillos fortalezas

otro señor los regía.

Si me pides quién lo ha hecho,

yo muy bien te lo diría:

ese conde don Julián

por amores de su hija,

porque se la deshonraste

y más de ella no tenía

juramento viene echando

que te ha de costar la vida.

Despertó muy congojado

con aquella voz que oía;

con cara triste y penosa

de esta suerte respondía:

-Mercedes a ti, Fortuna,

de esta tu mensajería.

Estando en esto ha llegado

uno que nueva traía

cómo el conde don Julián

las tierras le destruía.

                  

PENITENCIA DE DON RODRIGO ARRIBA

Después que el rey don Rodrigo
a España perdido había,
íbase desesperado
por donde más le placía.
Métese por las montañas,
las más espesas que vía,
porque no le hallen los moros
que en su seguimiento iban.
Topado ha con un pastor
que su ganado traía,
díjole: -Dime, buen hombre,
lo que preguntarte quería:
si hay por aquí poblado
o alguna casería
donde pueda descansar,
que gran fatiga traía.
El pastor respondió luego
que en balde la buscaría,
porque en todo aquel desierto
sola una ermita había,
donde estaba un ermitaño
que hacía muy santa vida.
El rey fue alegre de esto
por allí acabar su vida;
pidió al hombre que le diese
de comer, si algo tenía.
El pastor sacó un zurrón,
que siempre en él pan traía;
diole de él y de un tasajo
que acaso allí echado había;
el pan era muy moreno,
al rey muy mal le sabía,
las lágrimas se le salen,
detener no las podía,
acordándose en su tiempo
los manjares que comía.
Después que hubo descansado
por la ermita le pedía;
el pastor le enseñó luego
por donde no erraría;
el rey le dio una cadena
y un anillo que traía,
joyas son de gran valor,
que el rey en mucho tenía.
Comenzando a caminar,
ya cerca el sol se ponía,
llegado es a la ermita
que el pastor dicho le había.
Él, dando gracias a Dios,
luego a rezar se metía;
después que hubo rezado
para el ermitaño se iba,
hombre es de autoridad
que bien se le parecía.
Preguntóle el ermitaño
cómo allí fue su venida;
el rey, los ojos llorosos,
aquesto le respondía:
-El desdichado Rodrigo
yo soy, que rey ser solía;
véngome a hacer penitencia
contigo en tu compañía;
no recibas pesadumbre,
por Dios y Santa María.
El ermitaño se espanta,
por consolarlo decía:
-Vos cierto habéis elegido
camino cual convenía
para vuestra salvación,
que Dios os perdonaría.
El ermitaño ruega a Dios
por si le revelaría
la penitencia que diese
al rey, que le convenía.
Fuele luego revelado
de parte de Dios un día
que le meta en una tumba
con una culebra viva;
y esto tome en penitencia
por el mal que hecho había.
El ermitaño al rey
muy alegre se volvía,
contóselo todo al rey
como pasado le había.
El rey, de esto muy gozoso,
luego en obra lo ponía:
métese como Dios manda
para allí acabar su vida.
El ermitaño muy santo
mírale al tercero día,
dice: -¿Cómo os va, buen rey?
¿Vaos bien con la compañía?
-Hasta ahora no me ha tocado,
porque Dios no lo quería;
ruega por mí, el ermitaño,
porque acabe bien mi vida.
El ermitaño lloraba,
gran compasión le tenía,
comenzóle a consolar
y esforzar cuanto podía.
Después vuelve el ermitaño
a ver si ya muerto había;
halló que estaba rezando
y que gemía y plañía;
preguntóle cómo estaba.
-Dios es en la ayuda mía,
respondió el buen rey Rodrigo,
la culebra me comía;
cómeme ya por la parte
que todo lo merecía,
por donde fue el principio
de la mi muy gran desdicha.
El ermitaño lo esfuerza,
el buen rey allí moría.
Aquí acabó el rey Rodrigo,
al cielo derecho se iba.

 

ROMANCES DE BERNARDO EL CARPIO

ARRIBA
Ver el tema de épica  

ENTREVISTA DE BERNARDO CON EL REY

 

Con cartas sus mensajeros
el rey al Carpio envió:
Bernardo, como es discreto,  
de traición se receló:
las cartas echó en el suelo  
y al mensajero habló:
—Mensajero eres, amigo,  
no mereces culpa, no,
mas al rey que acá te envía   
dígasle tú esta razón:
que no le estimo yo a él  
ni aun a cuantos con él son;
mas por ver lo que me quiere  
todavía allá iré yo.
Y mandó juntar los suyos,  
de esta suerte les habló:
—Cuatrocientos sois, los míos,  
los que comedes mi pan:
los ciento irán al Carpio  
para el Carpio guardar,
los ciento por los caminos,  
que a nadie dejen pasar;
doscientos iréis conmigo  
para con el rey hablar;
si mala me la dijere,  
peor se la he de tornar.
Por sus jornadas contadas  
a la corte fue a llegar:
—Dios os mantenga, buen rey,  
y a cuantos con vos están.
—Mal vengades vos, Bernardo,  
traidor, hijo de mal padre,
dite yo el Carpio en tenencia,  
tú tómaslo en heredad.
—Mentides, el rey, mentides,  
que no dices la verdad,
que si yo fuese traidor,  
a vos os cabría en parte;
acordáseos debía  
de aquella del Encinal,
cuando gentes extranjeras  
allí os trataron tan mal,
que os mataron el caballo 
y aun a vos querían matar;
Bernardo, como traidor,  
de entre ellos os fue a sacar.
Allí me diste el Carpio  
de juro y de heredad,
prometísteme a mi padre,  
no me guardaste verdad.
—Prendedlo, mis caballeros,  
que igualado se me ha.
—Aquí, aquí los mis doscientos,  
los que comedes mi pan,
que hoy era venido el día  
que honra habemos de ganar.
El rey, de que aquesto viera,  
de esta suerte fue a hablar:
—¿Qué ha sido aquesto, Bernardo;  
que así enojado te has?
¿Lo que hombre dice de burla  
de veras vas a tomar?
Yo te dó el Carpio, Bernardo,  
de juro y de heredad.
—Aquestas burlas, el rey  
no son burlas de burlar;
llamásteme de traidor,  
traidor, hijo de mal padre:
el Carpio yo no lo quiero,  
bien lo podéis vos guardar,
que cuando yo lo quisiere, 
muy bien lo sabré ganar.

Muy difundido en Cancioneros del XVI y llega hasta el siglo XVIII.

 

ARRIBA

ROMANCES DE FERNÁN GONZÁLEZ

Tema de épica:Poema de Fernán González.
 
CRIANZA DE FERNÁN GONZÁLEZ  

En Castilla no había rey,

ni menos emperador,

sino un infante niño,

(niño) y de poco valor;

andábanlo por hurtar

caballeros de Aragón.

Hurtado le ha un carbonero

de los que hacen carbón.

No le muestra a cortar leña,

ni menos hacer carbón,

muéstrale a jugar las cañas

y muéstrale justador,

también a jugar los dados

y las tablas muy mejor.

—Vámonos, dice, mi ayo,

a mis tierras de Aragón;

a mí me alzarán por rey

y a vos por gobernador.

 

 

LAS CORTES DE LEÓN ARRIBA

-Buen conde Fernán González,
el rey envía por vos,
que vayades a las cortes
que se hacían en León;
que si vos allá vais, conde,
daros han buen galardón:
daros ha a Palenzuela
y a Palencia la mayor,
daros ha a las nueve villas,
con ellas a Carrión,
daros ha a Torquemada,
la torre de Mormojón.
Buen conde, si allá no ides
daros hían por traidor.
Allí respondiera el conde
y dijera esta razón:
-Mensajero eres, amigo,
no mereces culpa, no;
yo no he miedo al rey,
ni a cuantos con él son.
Villas y castillos tengo,
todos a mi mandar son;
de ellos me dejó mi padre,
de ellos me ganara yo;
los que me dejó el mi padre
poblélos de ricos hombres,
las que me ganara yo
poblélas de labradores;
quien no tenía más que un buey
dábale otro, que eran dos,
al que casaba su hija
dole yo muy rico don;
cada día que amanece
por mí hacen oración,
no la hacían por el rey,
que no lo merece, non,
él les puso muchos pechos
y quitáraselos yo.

Se incluyó en varios pliegos sueltos, en Cancioneros y una versión en la obra del siglo XVII Comedia de la libertad de Castilla y en la de Lope de Vega El conde Fernán González.

 

ARRIBA

ROMANCES DE LOS INFANTES DE LARA

 
  Tema de épica

A cazar va don Rodrigo,

y aun don Rodrigo de Lara,

con la grande siesta que hace

arrimádose ha a una haya,

maldiciendo a Mudarrillo,

hijo de la renegada,

que si a las manos le hubiese

que le sacaría el alma.

El señor estando en esto,

Mudarrillo que asomaba:

-Dios te salve, caballero,

debajo la verde haya.

-Así haga a ti, escudero,

buena sea tu llegada.

-Dígasme tú, el caballero,

¿cómo era la tu gracia?

-A mí me dicen don Rodrigo,

y aun don Rodrigo de Lara,

cuñado de Gonzalo Gustos,

hermano de doña Sancha;

por sobrinos me los hube

los siete infantes de Salas;

espero aquí a Mudarrillo,

hijo de la renegada;

si delante lo tuviese,

yo le sacaría el alma.

-Si a ti te dicen don Rodrigo,

y aun don Rodrigo de Lara,

a mí Mudarra González,

hijo de la renegada;

de Gonzalo Gustos hijo

y anado de doña Sancha;

por hermanos me los hube

los siete infantes de Salas.

Tú los vendiste, traidor,

en el val de Arabiana,

mas si Dios a mí me ayuda,

aquí dejarás el alma.

-Espéresme, don Gonzalo,

iré a tomar las mis armas.

-El espera que tú diste

a los infantes de Lara.

Aquí morirás, traidor,

enemigo de doña Sancha.

  Ha llegado en dos pliegos sueltos y en Cancioneros. 

 

  ARRIBA
ROMANCES DEL CID Tema del Cid
JURA DE SANTA GADEA  

En Santa Águeda de Burgos,   

 do juran los hijosdalgo,   

 le tomaban jura a Alfonso   

 por la muerte de su hermano.   

 Tomábasela el buen Cid,  

 ese buen Cid castellano,   

 sobre un cerrojo de fierro   

 y una ballesta de palo,   

 y con unos evangelios   

 y un crucifijo en la mano.    

 Las palabras son tan fuertes,   

 que al buen rey ponen espanto:   

 -Villanos te maten, Alfonso,   

 villanos, que no hidalgos,   

 de las Asturias de Oviedo,    

 que no sean castellanos;   

 mátente con aguijadas,   

 no con lanzas ni con dardos;   

 con cuchillos cachicuernos,   

 no con puñales dorados;  

 abarcas traigan calzadas,   

 que no zapatos con lazo;   

 capas traigan aguaderas,   

 no de contray ni frisado;   

 con camisones de estopa,    

 no de holanda, ni labrados;   

 cabalguen en sendas burras,   

 que no en mulas ni en caballos;   

 frenos traigan de cordel,   

 que no cueros fogueados.  

 Mátente por las aradas,   

 que no en villas ni en poblado;   

 sáquente el corazón   

 por el siniestro costado,   

 si no dices la verdad    

 de lo que eres preguntado,   

 sobre si fuiste o no   

 en la muerte de tu hermano.   

 Las juras eran tan fuertes   

 que el rey no las ha otorgado.  

 Allí habló un caballero   

 que del rey es más privado:   

 -Haced la jura, buen rey,   

 no tengáis de eso cuidado,   

 que nunca fue rey traidor,    

 ni papa descomulgado.   

 Jurado había el buen rey   

 que en tal nunca fue hallado;   

 pero también dijo presto,   

 malamente y enojado:    

 -¡Muy mal me conjuras, Cid!   

 ¡Cid, muy mal me has conjurado!   

 Porque hoy le tomas la jura,   

 a quien has de besar la mano.   

 Vete de mis tierras, Cid,  

 mal caballero probado,   

 y no vengas más a ellas   

 dende este día en un año.   

 -Pláceme, dijo el buen Cid,   

 pláceme, dijo, de grado,    

 por ser la primera cosa   

 que mandas en tu reinado.   

 Por un año me destierras,    

 yo me destierro por cuatro.   

 Ya se partía el buen Cid,  

 a su destierro de grado   

 con trescientos caballeros,   

 todos eran hijosdalgo;   

 todos son hombres mancebos,   

 ninguno no había cano;    

 todos llevan lanza en puño   

 con el fierro acicalado,   

 y llevan sendas adargas   

 con borlas de colorado.   

 Mas no le faltó al buen Cid  

 adonde asentar su campo.

En este romance se narra el suceso que dio lugar al destierro del Cid por el rey Alfonso VI:Los castellanos hacen jurar al rey leonés Alfonso que no tomó parte en la muerte de su hermano Sancho de quien va a heredar Castilla.
DESTIERRO DEL CID ARRIBA

—¿Ande habéis estado, el Sidi,   

que en Corte no habéis entrado? 

La barba traéis velluda,   

el cabello ciezo y cano. 

—Yo he estado en las batallas   

con los moros guerreando. 

—Viñas y castillos, el Sidi,   

me han dicho que habéis ganado; 

partirlas con el conde Alarcos   

que aunque es pobre, es buen fidalgo. 

—Partirlas vos, mi señor rey,   

que lo habéis heredado, 

que los que yo me tenía   

sangre real me han costado: 

sangre de condes y duques,   

señores de grande estado. 

Por no besar tu rodilla   

me tenían menospreciado; 

 mi padre te las besaba   

le tenías encharzado. 

Si como estaba yo en diez años   

tuviera yo quince años, 

la cabeza entre los hombros   

al suelo te la hubiera echado.-- 

Unos miran a los otros:   

nadie que fuera osado 

sino era el conde Alarcos   

que por su mal le ha buscado. 

 Sacó espada de su cinto  

 y al pie del rey la ha echado. 

—Aína, mis caballeros, 

desterradme a este Sidi   

de mis tierras por un año. 

—Si me destierras por un año,  

 yo me destierro por cuatro. 

Irme he de tus tierras brutas   

de bárbaro y soldado, 

irme he yo a las de mi padre   

de duque y de fidalgo; 

irme he de tus tierras brutas,   

brutas y de malos paños; 

irme he yo a las de mi padre   

de sedas y de brocados. 

Trescientas tiendas que tenía   

todas a mí me han dado; 

la más chiquita de ellas   

tiene el Cristo retratado; 

en la cabeza de Cristo  

hay un rubí esmerado 

que si la aprecian los moros   

vale más que tu reinado. 

—Aína, mis caballeros,   

aína, mis hijos de algo: 

que un hombre tan valiente   

no salga de mi reinado.—

 

Sólo se conserva en la tradición oral sefardí de Marruecos, algún fragmento en la isla de Madeira y en Macedonia; en Andalucía y en textos de los Siglos de Oro.

ROMANCE DEL CID Y LOS CONDES DE CARRIÓN

ARRIBA

Tres cortes armara el rey,
todas tres a una sazón:
las unas armara en Burgos,
las otras armó en León,
las otras armó en Toledo,
donde los hidalgos son,
para cumplir de justicia
al chico con el mayor.
Treinta días da de plazo,
treinta días, que más non,
y el que a la postre viniese
que lo diesen por traidor.
Veintinueve son pasados,
los condes llegados son;
treinta días son pasados,
y el buen Cid no viene, non.
Allí hablaran los condes:
-Señor, dadlo por traidor.
Respondiérales el rey:
-Eso non faría, non,
que el buen Cid es caballero
de batallas vencedor,
pues que en todas las mis cortes
no lo habría otro mejor.
Ellos en aquesto estando,
el buen Cid allí asomó
con trescientos caballeros,
todos hijosdalgo son,
todos vestidos de un paño,
de un paño y de una color,
si no fuera el buen Cid,
que traía un albornoz.
-Manténgaos Dios, el rey,
y a vosotros, sálveos Dios,
que no hablo yo a los condes,
que mis enemigos son.

 

          Aparece en Cancioneros y en varios pliegos.

 
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Épicos no nacionales

Carolingios

ROMANCES DE RONCESVALLES

Tema de épica

ROMANCE DE DOÑA ALDA

 

 En París está doña Alda,   

 la esposa de don Roldán.   

 trescientas damas con ella   

 para la acompañar:   

 todas visten un vestido,  

 todas calzan un calzar,   

 todas comen a una mesa,   

 todas comían de un pan,   

 si no era sola doña Alda   

 que era la mayoral;  

 las ciento hilaban oro,   

 las ciento tejen cendal,   

 las ciento instrumentos tañen   

 para doña Alda holgar.   

 Al son de los instrumentos    

 doña Alda adormido se ha,   

 ensoñado había un sueño,   

 un sueño de gran pesar.   

 Recordó despavorida   

 y con un pavor muy grande,    

 los gritos daba tan grandes   

 que se oían en la ciudad.   

 Allí hablaron sus doncellas,   

 bien oiréis lo que dirán:   

—¿Qué es aquesto, mi señora?    

 ¿quién es el que os hizo mal?   

—Un sueño soñé, doncellas,   

 que me ha dado gran pesar:   

 que me veía en un monte   

 en un desierto lugar;    

 bajo los montes muy altos   

 un azor vide volar;   

 tras dél viene una aguililla   

 que lo afincaba muy mal.   

 El azor, con grande cuita,    

 metióse so mi brial,   

 el aguililla, con grande ira,   

 de allí lo iba a sacar;   

 con las uñas lo despluma,   

 con el pico lo deshace.  

 Allí habló su camarera,   

 bien oiréis lo que dirá:   

 —Aquese sueño, señora,   

 bien os lo entiendo soltar:   

 el azor es vuestro esposo    

 que viene de allende el mar,   

 el águila sedes vos,   

 con la cual ha de casar,   

 y aquel monte es la iglesia   

 donde os han de velar.    

—Si así es, mi camarera,   

 bien te lo entiendo pagar.   

 Otro día de mañana   

 cartas de fuera le traen;   

 tintas venían de dentro,  

 de fuera escritas con sangre,   

 que su Roldán era muerto   

 en la caza de Roncesvalles.   

Doña Alda recibe la noticia de la muerte de Roldán.

Ha llegado en Cancioneros y una versión oral de los sefardíes de Marruecos.

ROMANCES DE MONTESINOS ARRIBA
ROSAFLORIDA
Basados en la Canción de gesta francesa Chanson de Aïol cuyo protagonista en la tradición española fue llamado Montesinos.

En Castilla está un castillo,

que se llama Rocafrida;

al castillo llaman Roca,

y a la fonte llaman Frida.

El pie tenía de oro

y almenas de plata fina;

entre almena y almena

está una piedra zafira;

tanto relumbra de noche

como el sol a mediodía.

Dentro estaba una doncella

que llaman Rosaflorida;

siete condes la demandan,

tres duques de Lombardía;

a todos les desdeñaba,

tanta es su lozanía.

Enamoróse de Montesinos

de oídas, que no de vista.

Una noche estando así,

gritos da Rosaflorida;

oyérala un camarero,

que en su cámara dormía.

—«¿Qu'es aquesto, mi señora?

¿Qu'es esto, Rosaflorida?

»O tenedes mal de amores,

 o estáis loca sandía».

—«Ni yo tengo mal de amores,

ni estoy loca sandía,

»mas llevásesme estas cartas

a Francia la bien guarnida;

»diéseslas a Montesinos,

la cosa que yo más quería;

»dile que me venga a ver

para la Pascua Florida;

»darle he siete castillos

los mejores que hay en Castilla;

»y si de mí más quisiere

yo mucho más le daría:

»darle he yo este mi cuerpo,

el más lindo que hay en Castilla,

»si no es el de mi hermana,

que de fuego sea ardida».

Ha pervivido en Cancioneros y en la tradición oral en Canarias, Cataluña, Santander y sefardíes de Marruecos.

Ciclo Bretón

ARRIBA

Nunca fuera caballero

de damas tan bien servido

como fuera Lanzarote

cuando de Bretaña vino:

que dueñas curaban dél,                                    

doncellas del su rocino,

esa dueña Quintañona

ésa le escanciaba el vino,

la linda reina Ginebra

se lo acostaba consigo;                                    

y estando al mejor sabor

que sueño no había dormido,

la reina toda turbada

un pleito ha conmovido:

—Lanzarote, Lanzarote,                                    

si antes hubieras venido

no hablara el orgulloso

las palabras que había dicho,

que a pesar de vos, señor,

se acostaría conmigo.                                     

Ya se arma Lanzarote

de gran pesar conmovido,

despídese de su amiga,

pregunta por el camino;

topó con el orgulloso                                         

debajo de un verde pino,

combátense de las lanzas,

a las hachas han venido;

desmaya el orgulloso,

ya cae en tierra tendido,                                     

cortárale la cabeza

sin hacer ningún partido;

vuélvese para su amiga

donde fue bien recibido.

 

Episodio de los amores de Lanzarote y la reina Ginebra. Conservado en Cancioneros, pliegos sueltos. Aparece en el Quijote.

 

ARRIBA

Novelescos

EL INFANTE ARNALDOS

 

¡Quién hubiera tal ventura

sobre las aguas del mar

como hubo el infante Arnaldos

la mañana de San Juan!

Andando a buscar la caza

para su falcón cebar,

vio venir una galera

que a tierra quiere llegar;

las velas trae de sedas,

la ejarcia de oro torzal,

áncoras tiene de plata,

tablas de fino coral.

Marinero que la guía,

diciendo viene un cantar,

que la mar ponía en calma,

los vientos hace amainar;

los peces que andan al hondo,

arriba los hace andar;

las aves que van volando,

al mástil vienen posar.

Allí habló el infante Arnaldos,

bien oiréis lo que dirá:

—Por tu vida, el marinero,

dígasme ora ese cantar.

Respondióle el marinero,

tal respuesta le fue a dar:

—Yo no canto mi canción

sino a quién conmigo va.

 

Ha llegado a través de Cancioneros y versiones más largas en la tradición oral sefardí de Marruecos.

EL CONDE OLINOS ARRIBA

Conde Olinos por amores

es niño y bajó a la mar,

fue a dar agua a su cabaIlo

la mañana de San Juan.

Desde las torres más altas

la reina le oyó cantar:

-Mira, niña, cómo canta

la sirenita del mar.

-No es la sirenita, madre,

que ésa tiene otro cantar:

es la voz del conde Niño

que por mí llorando está.

-Si es la voz del conde Niño

yo le mandaré matar,

que para casar contigo

le falta sangre reaI.

-No le mande matar, madre,

no lo mande usted matar,

que si lo manda matar, madre,

juntos nos han de enterrar.

-Guardias mandaba la reina

al conde Niño buscar,

que le maten a lanzadas

y su cuerpo echen al mar.

Él murió a la media noche

y ella a los gallos cantar;

ella, como hija de reyes,

la entierran en el altar

y él, como hijo de condes,

tres pasitos más atrás.

de ella nació una rosa

y de él un tulipán;

la madre, llena de envidia,

ambos los mandó cortar.

De ella nació una paloma,

de él un fuerte gavilán,

Juntos vuelan por el cielo,

juntos vuelan par a par.

Está muy extendido en la tradición oral en castellano, portugués y la sefardí de Oriente y Marruecos.

Versiones

Página con audio: cantado

LA BELLA EN MISA

ARRIBA

Mañanita de San Juan,

mañanita de primor,

cuando damas y galanes

van a oír misa mayor.

Allá va la mi señora,

entre todas la mejor;

viste saya sobre saya,

mantellín de tornasol,

camisa con oro y perlas

bordada en el cabezón.

En la su boca muy linda

lleva un poco de dulzor;

en la su cara tan blanca,

un poquito de arrebol,

y en los sus ojuelos garzos

Lleva un poco de alcohol;

así entraba por la iglesia

relumbrando como el sol.

Las damas mueren de envidia,

y los galanes de amor.

El que cantaba en el coro,

en el credo se perdió;

el abad que dice misa,

ha trocado la lición;

monacillos que le ayudan,

no aciertan responder, non,

por decir amén, amén,

decían amor, amor.

La hipótesis más aceptada es su origen en una balada griega a través del catalán en el siglo XIV, a raíz de la presencia de Cataluña en Grecia. El conflicto fundamental de la balada es la boda interrumpida por la presencia de la amante.
  ARRIBA

EL ENAMORADO Y LA MUERTE

Una teoría es que este romance procede de Juan del Encina y, a partir de él, Persistió en la tradición oral en diferentes versiones.

Es un romance lírico

Página con comentario y Audio

Un sueño soñaba anoche 

soñito del alma mía,

soñaba con mis amores, 

que en mis brazos los tenía.

Vi entrar señora tan blanca,  

muy más que la nieve fría.

—¿Por dónde has entrado, amor? 

 ¿Cómo has entrado, mi vida?

Las puertas están cerradas,  

ventanas y celosías.

—No soy el amor, amante:  

la Muerte que Dios te envía.

—¡Ay, Muerte tan rigurosa, 

 déjame vivir un día!

—Un día no puede ser,  

una hora tienes de vida.

Muy deprisa se calzaba, 

 más deprisa se vestía;

ya se va para la calle,  

en donde su amor vivía.

—¡Ábreme la puerta, blanca,  

ábreme la puerta, niña!

—¿Cómo te podré yo abrir  

si la ocasión no es venida?

Mi padre no fue al palacio,  

mi madre no está dormida.

—Si no me abres esta noche,  

ya no me abrirás, querida;

la Muerte me está buscando, 

 junto a ti vida sería.

—Vete bajo la ventana  

donde labraba y cosía,

te echaré cordón de seda  

para que subas arriba,

y si el cordón no alcanzare,  

mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe;  

la muerte que allí venía:

—Vamos, el enamorado,  

que la hora ya está cumplida.

ROMANCE DEL PRISIONERO

ARRIBA

Que por mayo era, por mayo,

cuando hace la calor,

cuando los trigos encañan

y están los campos en flor,

cuando canta la calandria

y responde el ruiseñor,

cuando los enamorados

van a servir al amor;

sino yo, triste, cuitado,

que vivo en esta prisión;

que ni sé cuándo es de día

ni cuándo las noches son,

sino por una avecilla

que me cantaba el albor.

Matómela un ballestero;

déle Dios mal galardón.

Otro ejemplo de romance lírico. Se transmite en Cancioneros, se cita en obras como el Amadís de Gaula, el Guzmán de Alfarache y ha pervivido en la tradición oral. Hay varias versiones.             

 

ROMANCE DE LA INFANTINA ARRIBA

A cazar va el caballero,
a cazar como solía,
los perros lleva cansados,
el halcón perdido había;
arrimárase a un roble,
alto es a maravilla,
en una rama más alta,
vido estar una infantina,
cabellos de su cabeza
todo el roble cubrían.
—No te espantes, caballero,
ni tengas tamaña grima.
Fija soy yo del buen rey
y de la reina de Castilla,
siete fadas me fadaron
en brazos de una ama mía,
que andase los siete años
sola en esta montiña.
Hoy se cumplían los siete años,
o mañana en aquel día;
por Dios te ruego, caballero,
llévesme en tu compañía,
si quisieres, por mujer,
si no, sea por amiga.
—Esperáisme vos, señora,
hasta mañana, aquel día,
iré yo tomar consejo
de una madre que tenía.
La niña le respondiera
y estas palabras decía:
—¡Oh, mal haya el caballero
que sola deja la niña!
Él se va a tomar consejo,
y ella queda en la montiña.
Aconsejóle su madre
que la tomase por amiga.
Cuando volvió el caballero
no la hallara en la montiña:
vídola que la llevaban
con muy gran caballería.
El caballero, desque la vido,
en el suelo se caía;
desque en sí hubo tornado,
estas palabras decía:
—Caballero que tal pierde,
muy grande pena merecía:
yo mismo seré el alcalde,
yo me seré la justicia:
que me corten pies y manos
y me arrastren por la villa.

Ha persistido en la tradición oral, sobre todo en los sefardíes de Marruecos. Hay escasos testimonios en los Siglos de Oro.

FONTEFRIDA

ARRIBA

Fontefrida, Fontefrida,

Fontefrida y con amor,

do todas las avecicas

van tomar consolación,

si no es la tortolica

que está viuda y con dolor.

Por ahí fuera pasar

el traidor del ruiseñor,

las palabras que él decía

 llenas son de traición;

—Si tu quisieses, señora,

yo sería tu servidor.

—Vete de ahí, enemigo,

malo, falso, engañador,

que ni poso en ramo verde,

ni en prado que tenga flor,

que si hallo el agua clara,

turbia la bebía yo;

que no quiero haber marido,

porque hijos no haya, no,

no quiero placer con ellos,

ni menos consolación.

Déjame, triste enemigo,

malo, falso, mal traidor,

que no quiero ser tu amiga

ni casar contigo, no

Hay testimonios de este romance desde el siglo XV; pervivió en pliegos sueltos, Cancioneros y algunas versiones orales.

 

BLANCANIÑA

ARRIBA

Blanca sois, señora mía,

 más que el rayo del sol:

¿Si la dormiré esta noche

desarmado y sin pavor?

Que siete años había, siete,

que no me desatino, no.

Más negras tengo mis carnes

que un tiznado carbón.

—Dormilda, señor, dormilda,

desarmado sin temor,

que el conde es ido a la caza

a los montes de León.

—Rabia le mate los perros,

y águilas el su halcón,

y del monte hasta casa,

a él arrastre el morón.

Ellos en aquesto estando,

 su marido que llegó:

—¿Qué hacéis, la Blancaniña,

hija de padre traidor?

—Señor, peino mis cabellos,

péinolos con gran dolor,

que me dejéis a mí sola

y a los montes os vais vos.

—Esa palabra, la niña,

no era sino traición:

¿Cuyo es aquel caballo

que allá abajo relinchó?

—Señor, era de mi padre,

y envióoslo para vos,

—¿Cuyas son aquellas armas

que están en el corredor?

—Señor, eran de mí hermano,

 y hoy os las envió.

—¿Cúya es aquella lanza,

desde aquí la veo yo?

——Tomalda, conde, tomalda,

matadme con ella vos,

que aquesta muerte, buen conde,

bien os la merezco yo.

El mismo asunto :El marido que regresa y sorprende a la mujer con su amante, aparece en abundantes obras medievales de todo el mundo. Hay versiones del romace en los Cancioneros y en la tradición oral catalana, portuguesa, castellana y sefardí.

Versión mejicana en el corrido de la Martina

http://www.youtube.com/watch?v=M3DJBybpUcU

 

 

ROSAFRESCA

ARRIBA

Rosafresca, Rosafresca,

tan garrida y con amor,

cuando yo os tuve en mis brazos

no vos supe servir, no,

y ahora que os serviría

no vos puedo haber, no.

—Vuestra fue la culpa, amigo,

vuestra fue, que mía no:

enviásteme una carta

con un vuestro servidor

y en lugar de recaudar él

dijera otra razón:

que érades casado, amigo,

allá en tierra de León,

que tenéis mujer hermosa

y hijos como una flor.

—Quien vos lo dijo, señora,

no vos dijo verdad, no,

que yo nunca entré en Castilla

ni allá en tierras de León,

sino cuando era pequeño

que no sabía de amor

Fue glosado por poetas del siglo XV e impreso en pliegos sueltos. Aparece en varios Cancioneros en el XVI. También su música.

LA BELLA MALMARIDADA ARRIBA

La bella malmaridada

La bella mal maridada,

de las lindas que yo ví,

véote tan triste, enojada,

la verdad dila tú a mí.

Si has de tomar amores

por otro, no dejes a mí,

que a tu marido, señora,

con otras dueñas lo vi,

besando y retozando,

mucho mal dice de ti;

juraba y perjuraba 

que te había de ferir.

Allí habló la señora,  

 allí habló, y dijo así:

—Sácame tú, el caballero,   

tú sacásesme de aquí;

por las tierras donde fueres   

bien te sabría yo servir:

yo te haría bien la cama  

en que hayamos de dormir,

 yo te guisaré la cena   

como a caballero gentil,

de gallinas y capones   

y otras cosas más de mil;

que a este mi marido  

ya no le puedo sufrir,

que me da muy mala vida   

cual vos bien podéis oír.

Ellos en aquesto estando,   

su marido hélo aquí:

—¿Qué hacéis mala traidora?   

¡Hoy habedes de morir!--

 —¿Y por qué, señor? ¿por qué?,   

que nunca os lo merecí.

Nunca besé a ningún hombre,  

nin hombre me besó a mí.

Las penas que él merecía, 

señor, daldas vos a mí:

con riendas de tu caballo,  

señor, azotes a mí;

con cordones de oro y sirgo  

viva ahorques a mí.

En la huerta del naranjo   

viva entierres tú a mí,

en sepoltura de oro  

y labrada de marfil,

y pongas encima un mote,   

señor, que diga así:

«Aquí está la flor de las flores,  

por amores murió aquí

cualquier que muere de amores   

mándese enterrar aquí

que así hice yo, mezquina,   

que por amar me perdí.

Aparece, solo o glosado, en pliegos sueltos del siglo XVI y en Cancioneros. En el siglo XVII, Lope de Vega lo utilizó en una comedia con el mismo título.

La malmaridada es el mismo tema que aparece en la lírica popular de Castilla.

 

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