titulo.pngSeguro que ya has descubierto la identidad de las mujeres misteriosas. Ahora, da un paso más...

Relaciona cada una de las mujeres con su texto.

  
Utiliza las pistas obtenidas del ejercicio anterior.
[...]Huésped-dijo-almuerza,
bebe y toma fuerza,
caliéntate y paga;
que mal no se haga
hasta la tornada.
"Quien dádivas diere
como yo pidiere
tendrá buena cena,
tendrá cama buena,
sin que pague nada".
-"Pues si eso decís,
¿por qué no pedís
la que daros haya?"
Ella dijo:-"¡ Vaya
aunque no sea dada!
Pues dame una cinta
bermeja, bien tinta
y buena camisa
cosida a mi guisa
con su collarada[...]
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[...]- Los ojos verdes rasgados, las pestañas luengas, las cejas delgadas y alzadas, la nariz mediana, la boca pequeña, los dientes menudos y blancos, los labios colorados y grosezuelos, el torno del rostro poco más luengo que redondo, el pecho alto, la redondez y forma de las pequeñas tetas, ¿quién te la podría figurar? ¡Que se despereza el hombre cuando las mira! La tez lisa, lustrosa, el cuero suyo oscurece la nieve, la color mezclada, cual ella la escogió para sí[...]
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[...]De talle muy apuesta, de gestos amorosa,
alegre, muy lozana, placentera y Hermosa,
cortés y mesurada, zalamera, donosa,
muy graciosa y risueña, amor de toda cosa.
La más noble figura de cuantas tener pud',
viuda, rica moza llena de juventud
y bien acostumbrada: es de Calatayud.
Era vecina mía, ¡mi muerte y mi salud![...]
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C- No lo sé. A las obras creo, que las palabras de balde las venden dondequiera. Pero el amor nunca se paga sino con puro amor, y las obras con las obras. Ya sabes el deudo que hay entre ti y [...], la cual tiene [...] en mi casa. [...] y él son compañeros, sirven a este señor que tú conoces y por quien tanto favor podrás tener. No niegues lo que tan poco hacer te cuesta. Vosotras, parientas; ellos, compañeros: mira cómo viene mejor medido que lo queremos. Aquí viene conmigo, verás si quieres que suba.
A.- ¡Amarga de mí! ¿Si nos ha oído?
.- No, que abajo queda. Quiérole hacer subir. Reciba tanta gracia que lo conozcas, y hables, y muestres buena cara. Y si tal te pareciere, goce él de ti y tú de él, que, aunque él gane mucho, tú no pierdes nada.
A.- Bien tengo, señora, conocimiento cómo todas tus razones, éstas y las pasadas, se enderezan en mi provecho. Pero, ¿cómo quieres que haga tal cosa? Que tengo a quien dar cuenta, como has oído, y, si soy sentida, matarme ha. Tengo vecinas envidiosas. Luego lo dirán. Así que, aunque no haya más mal de perderlo, será más que ganaré en agradar al que me mandas.
C.- Eso que temes yo lo proveí primero, que muy paso entramos.
A.- No lo digo por esta noche, sino por otras muchas.
[...]
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[...]En un verde prado
de rosas e flores,
guardando ganado
con otros pastores,
la vi tan graciosa,
que apenas creyera
que fuese vaquera[...]
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[...]—O tenedes mal de amores,
o estáis loca sandía.
—Ni yo tengo mal de amores,
ni estoy loca sandía,
mas llevásesme estas cartas
a Francia la bien guarnida;
diéseslas a Montesinos,
la cosa que yo más quería;
»dile que me venga a ver
para la Pascua Florida;
darle he siete castillos
los mejores que hay en Castilla;
y si de mí más quisiere
yo mucho más le daría:
darle he yo este mi cuerpo,
el más lindo que hay en Castilla[...]
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[...]así entraba por la iglesia
relumbrando como el sol.
Las damas mueren de envidia,
y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro,
en el credo se perdió;
el abad que dice misa,
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan,
no aciertan responder, non,
por decir amén, amén,
decían amor, amor.
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1.Si la noche hace escura,
y tan corto es el camino,
¿cómo no venís, amigo?

2.Decid vosotras, hermanillas,
¿Cómo refrenaré mi pesar?
sin el amado yo no viviré
y volaré a buscarlo.
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[...]Marchó luego a casa de aquel buen hombre, del que era muy amigo, y le contó cuanto había hablado con su hijo, diciéndole que, como el mancebo estaba dispuesto a casarse con su hija, consintiera en su matrimonio. Cuando el buen hombre oyó hablar así a su amigo, le contestó:
-Por Dios, amigo, si yo autorizara esa boda sería vuestro peor amigo, pues tratándose de vuestro hijo, que es muy bueno, yo pensaría que le hacía grave daño al consentir su perjuicio o su muerte, porque estoy seguro de que, si se casa con mi hija, morirá, o su vida con ella será peor que la misma muerte. Mas no penséis que os digo esto por no aceptar vuestra petición, pues, si la queréis como esposa de vuestro hijo, a mí mucho me contentará entregarla a él o a cualquiera que se la lleve de esta casa.
Su amigo le respondió que le agradecía mucho su advertencia, pero, como su hijo insistía en casarse con ella, le volvía a pedir su consentimiento.
Celebrada la boda, llevaron a la novia a casa de su marido y, como eran moros, siguiendo sus costumbres les prepararon la cena, les pusieron la mesa y los dejaron solos hasta la mañana siguiente. Pero los padres y parientes del novio y de la novia estaban con mucho miedo, pues pensaban que al día siguiente encontrarían al joven muerto o muy mal herido.[...]

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