| Lecturas | ![]() |
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| Libro de Alexandre | |
| Edición de Elena Catena: Libro de Alejandro, Madrid, Castalia, Odres Nuevos, 1985. | |
| EDUCACIÓN DE ALEJANDRO. CLERECÍA | |
ESTROFAS 35-50 […] Al ver a su pupilo estar tan sin color, sabed su maestro sintió un dolor; nunca pesar le vino que fuese a éste peor, pues al ver así al niño, sintió un gran pavor.
Empezó el maestro así a preguntar: Hijo mío, ¿qué os pasa?, ¿quién os dio tal pesar? Si puedo yo saberlo, os lo podré evitar; no me debéis a mí todo eso ocultar.
El muchacho al maestro no le osaba mirar, le debía respeto, nunca en nada objetar. Solicitó licencia para empezar a hablar; se le otorgó de grado, y le mandó empezar.
«Maestro, me educaste, por ti se clerecía; mucho bien tú me has hecho, pagarlo no podría. A ti me dio mi padre, yo siete años tendría, porque entre los maestros grande es tu nombradía.
»De toda clerecía, sé cuanto es menester, fuera de ti, no hay hombre que me pueda vencer; sé que todo eso a ti lo he de agradecer, pues las artes por ti yo las llegué a aprender.
»Entiendo la gramática, sé bien toda natura, escribo y versifico, conozco la figura, de memoria yo sé autores y lectura; mas todo eso lo olvido, ¡tan grande es mi amargura!
»Sé bien los argumentos de lógica formar; los dobles silogismos los sé también quebrar; puedo yo a un contrario poner en mal lugar, pero todo lo olvido, ¡tanto es mi pesar!
«Soy retórico fino, sé hermosamente hablar, adornar mis palabras y a todos contentar; sobre mis adversarios, mis errores echar, mas ahora todo eso lo tengo que olvidar...
»Aprendí medicina, soy médico cabal: sé interpretar el pulso y el líquido orinal. Fuera de ti, maestro, no existe un hombre tal; pero ahora todo eso es para mí igual.
»Sé por arte de música propiamente cantar, sé hacer gustosas notas, las voces concordar, los tonos cómo empiezan, y cómo han de acabar; mas todo eso no puede mi alma contentar.
»Sé de las siete artes todo su argumento; y sé las cualidades de cada elemento; de los signos solares, o de su fundamento, no se me oculta nada, ni siquiera un acento.
»Gracias a ti, maestro, poseo gran sapiencia, no temo de riqueza tener nunca carencia; mas viviré amargado, moriré en penitencia, si de Darío el yugo, no libero yo a Grecia.
»Es indigna de un rey vida tan afrentada; prefiero, por más noble, morir muerte honrada; mas si a ti te parece cosa bien acertada, contra Poro y Darío levantaré mi armada.»
Le gustó a Aristóteles aquella explicación; supo que no había sido en vano su misión. «Oidme, infante -dijo-, un poco de sermón, creo que ha de valeros para toda ocasión.»
Contestó el infante -¡nada oiréis mejor!-, «Yo soy tu escolar, tú eres mi doctor, espero tu consejo como del Salvador; oiré lo que digas, con atención y amor.»
El muchacho al punto se quitó la capilla; se acercó al maestro, a los pies de su silla, dando grandes suspiros, preso de gran mancilla, ¡el rencor que sentía, mostraba en su mejilla! […] |
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| El narrador utiliza recursos propios de la transmisión oral. Se dirige al auditorio. | |
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| Estilo directo | |
| Estilo directo | |
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| Alejandro explica la clerecía que equivale a los estudios medievales: | |
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| Trivium | |
| Método | |
| Quadrivium y Medicina | |
| Siete artes: Trivium y Quadrivium | |
| Maestro-alumno | |
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ESTROFAS 2147-2175 […] Marchaba con el ansia de todo allí acabar, Cuando iban marchando les produjo temor Grande ansia sentían, sus caballos mayor; Los hombres con la sed lamían las espadas, Un tal, llamado Zoilo, halló un pielaguillo, El Rey, cuando esto vio, se empezó a reír, Por esta acción sus gentes tuvieron gran placer, En el camino hallaron muchas malas serpientes, Tuvieron la fortuna de a un buen hombre encontrar, Muchas fieras serpientes guardaban la fontana, Cuando oyeron las gentes de la fuente el poder, La prisa les hacía el miedo olvidar, Como Alejandro era sabedor y letrado, sabía de las sierpes que son de tal manera Ordenó el Rey a todos quitarse los vestidos; El consejo del Réy por Dios le fue enviado; A un río muy amargo consiguieron venir Se alzaban por doquier, en todas las riberas, Por enormes ratones fueron pronto asaltados, También a los caballos hizo el miedo sufrir; Salieron jabalíes de los cañaverales; Aunque, a pesar de todo, pudiéronlos vencer, Después de aquellos puercos, salieron otros bravos: Pasado el mediodía, la tarde fue viniendo. Iban de ruín manera, bestias embravecidas, Al que una vez tan sólo herían los abejones, Como no eran cosas que pudiesen parar, Mandó a todos sus hombres muchas cañas coger, |
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| Sociedad medieval | |
| Animales de Bestiarios | |
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| Lo sabe por los libros | |
| El narrador se refiere a su fuente escrita | |
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EL AVE FÉNIX Y OTRAS MARAVILLAS Halló una avecilla que Fénix es llamada, Cuando se siente vieja, prepara su calera, Fue caminando el Rey sin torcer su camino, Hallaron un palacio en una isla llana, Hallaron un buen hombre que esa casa guardaba, Sólo comía incienso aquel hombre cabal, «Rey -le dijo el fraile-, si te dignas oír, »Dos árboles del monte te voy a ti a mostrar, »El uno es el sol, de su virtud dotado; »Mas si quieres venir a esta romería, Dijo el Rey al buen fraile: «Capellán, bien sabéis Se puso el Rey un traje pobre cual de romero, Entraron en los montes, comenzaron a andar Cuando hubieron llegado a la gran santidad, Alejandro en seguida empezó a pensar Repúsole el árbol esta fiera razón: Habló el de la luna cuando hubo el sol callado: Dijo el Rey al árbol: «Si me vas a ayudar, «Rey -le respondió el árbol-, si fueses sabedor, Alejandro el bueno, un poder sin frontera, [...] |
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VIAJE DE ALEJANDRO AL FONDO DEL MAR Dicen que por saber qué hacen los pescados, Fueron ésos buscados de entre aquellos mejores, Con buen betún la cuba fue calafateada, Mandó que lo dejasen quince días estar Sumergieron la cuba en donde el Rey yacía: Andaba el buen rey en su casa cerrada No vive en el mundo ninguna criatura Entonces vio el Rey en aquellas andadas Tanto allí se acercaban al Rey los pescados Juraba Alejandro, visto lo allí encontrado, Otra acción vio allí en esos pobladores: Dijo el Rey: «La Soberbia vive en todos lugares, »Nació entre ángeles, hizo a muchos caer, »Quien más puede, más hace, no de bien, mas de mal; »Las aves y las bestias, los hombres, los pescados, Si como todo esto, el Rey sabía pensar, Con gusto hubiera el Rey el viaje prolongado, Fueron con su señor contentas las mesnadas; Dejo ahora al Rey en las naves holgar, |
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| Moralización de la historia | |
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ESTROFAS 2497-2518 Hizo cazar dos grifos, que son aves valientes, Mandó hacer una casa de cuero bien sobado, A los grifos tres días los dejó sin comer En pértiga muy larga puso carne espetada Cuando ellos volaban, el Rey mucho se erguía; Les apremiaba el hambre en ellos atrasada, Alzábales la carne cuando quería subir, Tanto pudo el Rey las nubes alcanzar, Veía en cuáles puertos son angostos los mares, Toda África vio, lo bien hecha que estaba, Cuanto vio Alejandro largo es de contar, Lo solemos leer, dícelo la escritura, Asia es el cuerpo, para mí eso es patente, La pierna que desciende del izquierdo costado La diestra pierna es la Europa afamada, La carne es la tierra espesa y pesada, Los huesos son las rocas que levantan collados, Después que fue la Tierra por el Rey bien mirada, La ventura del Rey, que lo quería guiar Tan grande era su fama por el mundo extendida, Se pusieron de acuerdo -y plació al Creador-, Con las parias mandaron ruegos multiplicados, |
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| De nuevo sus fuentes escritas | |
| Macrocosmos y microcosmos | |
SOBERBIA DE ALEJANDRO, ENFADO DE LA NATURALEZA ESTROFAS 2325-2329 La Natura que cría todas las criaturas, Creyó la rica dueña que el Rey la subyugaba En las cosas secretas quiso él entender; Habíale Dios dado reinos con gran poder, Esto dolió al Señor, creador de Natura, […] |
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| Pecado de Alejandro | |
| Libro de Apolonio | ![]() |
| Versión de Pablo Cabañas en El Libro de Apolonio, Madrid, Castalia, Odres Nuevos, 1969. | |
| EL ENIGMA DE ANTÍOCO | |
ESTROFAS 13-33 [...] Bien el enemigo en el rey ha encarnado, que poder no tenía para ver el pecado, mantuvo mala vida, Dios mostrábase airado, pues servicio no hacía con que fuese alegrado.
Por retener su hija, excusó el casamiento, que pudiese con ella cumplir su pensamiento, tuvo así que tramar un mal embaucamiento, mostróselo el diablo, bajo su encubrimiento.
Por quedar sin vergüenza, que no fuese culpado, hacía una pregunta de argumento intrincado: al que lo adivinase la dará con agrado, el que no lo adivine será descabezado.
Tenían muchos hombres las cabezas cortadas, están sobre las puertas de las torres colgadas. Las nuevas de la dama por daño divulgadas para muchos donceles resultaban pesadas.
La verdura del ramo es como la raíz, de carne de mi madre engrueso mi cerviz. Aquél que adivinase este enigma, feliz ése tendría la hija del rey emperatriz.
El rey Apolonio, que en Tiro reinaba, oyó como esta dama en un gran precio estaba, quiso casar con ella porque mucho la amaba; la hora de pedirla ver no la pensaba.
Vino a Antioquía, penetró en el real palacio, saludó a la Corte en general, y al rey pidió la hija por su mujer legal, que la daría en arras a Tiro la ciudad.
La Corte de Antioquía de gran, firme virtud, tuvo general duelo al ver su juventud, decían que no supo guardarse del alud, por mala nigromancia perdió buena salud.
Luego en primer lugar expuso su razón; la Corte le escuchaba, tiene buena dicción; púsole el rey, entonces, la misma condición, por ella le daría cabeza o solución.
Como era Apolonio en letras muy versado, para salvar enigmas estaba adoctrinado; entendió la mentira con el sucio pecado, como si él lo hubiese con los ojos mirado.
Gran arrepentimiento tuvo de haber venido, entendió bien que había en el error caído; pero para no ser por babieca tenido dio a la pregunta buena respuesta en su sentido.
Dijo: «—No debes, rey, tal cosa preguntar, porque a todos nos llena de vergüenza y pesar. Esto, si la verdad no quisieres negar, que hay entre tú y tu hija se debe terminar.
«Tú eres la raíz, tu hija el ramal; tú pereces por ella en pecado mortal, pues hereda la hija toda deuda carnal, la cual tú y su madre teníais comunal.»
Con la resolución, quedó el rey disgustado; lo que siempre buscaba lo había hallado. Lo llevó a la locura motivo del pecado, al cabo lo dispuso como mal censurado.
Aunque por encubrir así su iniquidad, él dijo que Apolonio dijera falsedad; que hacer no lo querría por ninguna heredad, pero todos juzgaban que dijera verdad.
Dijo se dispusiera la cabeza a perder, porque la adivinanza no pudo resolver; aun cuando treinta días le quiso conceder, que por mengua de plazo no pudiese caer.
No quiso Apolonio en la villa quedar; creía que en mal puede la tardanza acabar; triste y desmarrido pensó en navegar; hasta que estuvo en Tiro no quiso descansar.
El pueblo estuvo alegre cuando vio a su señor, todos verle querían, le tenían amor; daban grandes y chicos gracias al Creador, la villa y los pueblos todos alrededor.
Encerróse Apolonio en sus salas privadas, donde tenía escritos e historias comentadas, leyó sus argumentos, las hazañas pasadas, caldeas y latinas, tres veces repasadas.
Por último otra cosa no pudo disponer con la que al rey Antíoco pudiese responder. Cerró sus argumentos, dejóse de leer, en trabajo sin fruto no quiso contender.
Pero que era un inhábil él había creído en no ganar la dama saliendo escarnecido. Cuanto más reflexiona lo que hubo acontecido tanto más se tenía por peor confundido. [...] |
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| Era un hombre culto | |
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ESTROFAS 346-359 «Te encomiendo la hija, te la doy a criar, con su ama Licórides que la sabrá guardar; no quiero los cabellos ni las uñas cortar, hasta que casamiento bueno le pueda dar.
«Hasta que yo esto pueda cumplir y preparar, el reino de Antíoco yo le quiero dejar. Ahora ni en Pentapolin ni en Tiro quiero entrar, iré hasta Egipto donde quiero mientras estar.»
Dejóle la niñuela, una cosa querida, dejóle gran riqueza, de ropa gran partida, entróse en las naves, se inició la salida, durante trece años allá pasó su vida.
Estrangilo de Tarso y su mujer Dionisa, criaron esta niña de muy alta guisa. Diéronle muchos mantos, mucha piel gris y lisa, mucha buena garnacha, mucha buena camisa.
Criaron con regalo ambos a la mozuela, cuando tuvo siete años lleváronla a la escuela; aprendió bien Gramática y a tocar la vihuela aguzó bien cual hierro que aguzan a la muela.
Amábala el pueblo de Tarso la ciudad, pues hacia ellos tuvo el padre gran bondad, si su nombre queréis saber en realidad, dícenle Tarsiana, es, ésta la verdad.
Cuando llega a doce años de la dama la vida sabe todas las artes, es maestra cumplida; que le fuera pareja no hay beldad conocida, por sus buenas maneras toda Tarso es vencida.
No quería su estudio ningún día perder, pues voluntad tenía de poder aprender. Si mucho trabajaba lo hacía con placer, pues preciábase en mucho y algo quiere valer.
Muy cerca de la Tercia deberían estar cuando los escolares venían a almorzar. No quería Tarsiana la costumbre pasar; su lección aprendida, veníase a almorzar.
«Hija- dijo Licórides—, yo me siento pasar a la otra vida y antes te quiero preguntar: ¿Cuál tienes por tu tierra y según tu pensar a quién por padre o madre debes considerar?»
«—Ama —dijo la dama—, si a mi saber se fía, mi tierra es Tarso, yo otra decirte no sabría; Estrangilo es mi padre, su mujer madre mía, así lo tuve siempre y téngolo hoy en día.»
Licórides le dijo: «—Dama por mí criada, óyeme, si eso crees estarás engañada, pues vuestra hacienda es mucho más grande, más granada; por mí tendrás certeza si yo fuere escuchada.
«Pentapolin fue vuestra raíz y vuestro suelo, a Architraste el rey tuviste por abuelo; y su hija Luciana de la que hablaros suelo, ésa fue vuestra madre que dejó tan gran duelo.[...]
ESTROFAS 422-436 Dijo la buena dama un sermón moderado: «Señor, si de ti fuese lo que pido otorgado, otro mester sabía que es más sin pecado, que es más ganancioso y es más honrado.
Si tú me lo otorgas por la tu cortesía, que me ponga en estudio en esa maestría, cuanto tú me pidieses yo tanto te daría; tú tendrías ganancia y yo no pecaría.
De tal modo si quieres que así pudiese ser, que una mayor ganancia tú pudieses tener, por eso me compraste y eso debes hacer, en tu provecho hablo, debésmelo creer.
El sermón de la dama fue tan bien pergeñado que fue el corazón del hombre amansado. Diole poco plazo, un día ha señalado, pero que ella mirase qué había demandado.
Luego al otro día casi de madrugada, levantóse la dama ricamente adornada, tomó una viola buena y bien templada, y salió al mercado a tocar por soldada.
Comenzó unos ritmos y unos sones tales que gran dulzor traían y eran naturales; henchíanse de hombres aprisa los portales, no caben en las plazas, súbense a los poyales.
Cuando con su viola hubo bien agradado, a gusto de los pueblos bastante hubo cantado, tornóles a decir un romance rimado, de ese mismo suceso por que había pasado.
Hizo bien a los pueblos su razón, entender, más puede de cien marcos ese día obtener, fue pagado el traidor con este menester ganaba por ello un soberano haber.
Cogieron a la dama todos muy gran amor, sus sucesos escuchan todos con gran sabor, además como saben que tiene mal señor, ayudábanla todos de voluntad mejor.
El príncipe Antinágora mejor la quería; que si su hija fuese más no la amaría. El día que su voz o su canto no oía un manjar que comiese mal provecho le hacía.
Tan bien supo la dama su cosa preparar que sabía a su amo la ganancia aumentar. Riendo y bromeando con el su buen mirar, súpose, aunque niña, del pecado apartar.
Vivió en esta vida un tiempo prolongado, hasta que Dios quiso, exenta de pecado. Mas dejemos a ella su menester usando, volvamos con el padre que andaba lacerado.
Al cabo de diez años que ella fuera dejada regresó Apolonio con su barba trenzada. Pensó hallar la hija cual dama ya criada, mas estaba su empresa otra vez trastornada.
Estrangilo, el de Tarso, cuando lo vio entrar, perdió toda la sangre con temor y pesar. Vuelto en su engaño piensa a la mujer culpar, mas pensábase ella con mentiras salvar.
Saludó el rey a sus huéspedes y fuelos a abrazar, fue de ellos recibido como era de esperar. Miraba por su hija que les dio a criar, no se puede sin ella reír ni alegrar. [...] |
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| La niña estudia clerecía | |
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| Pone en práctica sus saberes | |
| Música y lectura en voz alta | |
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