| Marqués de Santillana___________ Juan de Mena_______________Jorge Manrique ____________Juan del Enzina | |
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| Poesía Culta | |
| http://es.wikipedia.org/wiki/Guillem_de_Cabestany | |
| Texto y traducción: Locus Amoenus, edición de Carlos Alvar y Jenaro Talens, Galaxia Gutemberg-Círculo de lectores, 2009 | |
LA DULCE Cuita Que siempre me deteste Todo el día el deseo |
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| ARRIBA | |
| Marqués de Santillana siglo XV | |
Textos: |
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Juan de Mena, Razonamiento con la muerte. Siglo XV |
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(…) Muerte que a todos convidas, ¿dime qué son tus manjares? Son tristezas y pesares, llantos, voces doloridas; en posadas mal guarnidas entran sordos, ciegos, mudos, donde olvidan los sesudos fueros, leyes y partidas. [...]
Los que son tus convidados, Muerte, ¿dime lo que hacen? So la tierra dura yacen para siempre sepultados, desnudos todos, robados, caídos son en pobreza; no les vale la riqueza, ni tesoros mal ganados [...]
De todo cuanto ganaron en aquesta vida estrecha, no les vale ni aprovecha salvo sólo el bien que obraron; que si tierra conquistaron, o por fuerza o por maña, cuantos de ellos hubo saña poco les aprovecharon.
Según esto, tú mataste a Adán el nuestro padre , pues a Eva nuestra madre, Muerte, no le perdonaste; Alixandre derribaste de la silla poderosa; en la casa tenebrosa al rey Dario encarcelaste [...]
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Sí, los griegos y troyanos, Muerte, a todos venciste, y tú sola dispusiste los pontífices romanos, de los príncipes cristianos no perdonas a ninguno, antes tomas uno a uno cuantos puedes con tus manos.
Padre Santo, emperadores, cardenales, arzobispos, patriarcas y obispos, reyes, duques y señores, los maestros y priores, los sabios colegiales, tú los haces ser iguales con los simples labradores[...]
No aprovechan los saberes, ni las artes, ni las mañas, ni proezas, nin hazañas, grandes pompas, ni poderes, grandes casas, nin haberes, pues que todo ha de quedar, salvo el solo bien obrar, Muerte, cuando tú vinieres.
Y Jesús glorificado, que te dio tan gran poder y te vino a obedecer en la cruz crucificado, me libre que, condenado, yo no vaya en la partida36 cuando parta de esta vida, mi mal mundo acabado.
Finida Quien oyere mi tratado a obrar bien se convida, pues la Muerte non olvida a ninguno, mal pecado. |
| ARRIBA | |
| Jorge Manrique siglo XV | |
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01048307218929381870035/index.htm |
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Otras suyas en que pone el nombre de una dama; y comienza y acaba en las letras primeras de todas las coplas [y versos], y dice: |
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| Glosa | |
| Mote: «Siempre amar y amor seguir» | «Ni miento ni me arrepiento» |
| Quiero, pues quiere Razón de quien no puedo huir, con fe de noble pasión, pasión que pone afición, siempre amar y amor seguir. Siempre amar, pues que se paga -según muestra amar Amor- con amor, porque la llaga -bien amando- del dolor se sane y quede mayor. Tal que con tal intención quiero sin merced pedir, pues que lo quiere Razón. con fe de noble pasión, siempre amar y amor seguir. |
Ni miento ni me arrepiento, ni digo ni me desdigo, ni estoy triste ni contento, ni reclamo ni consiento, ni fío, ni desconfío: ni bien vivo, ni bien muero, ni soy ajeno, ni mío, ni me venzo, ni porfío, ni espero, ni desespero.
Conmigo solo contiendo en una fuerte contienda, y no me hallo quien me entienda, ni yo tampoco me entiendo. Entiendo y sé lo que quiero, mas no entiendo lo que quiera quien quiere siempre que muera sin querer creer que muero |
| ARRIBA | |
| Coplas a la muerte de su padre | |
| I | |
Recuerde el alma dormida, |
Fugacidad de la vida |
| Recuerde: Despierte, es decir, recuerde su naturaleza espiritual y no mundana | |
| II | |
Pues si vemos lo presente |
Reflexión: la experiencia nos dice que igual que todo ha pasado fugazmente hasta ahora, seguirá ocurriendo lo mismo. |
| El presente y el futuro son pronto pasado. | |
| III | |
Nuestras vidas son los ríos |
Metáfora, también procedente de los clásicos. |
| La vida es un río | |
| La muerte es el mar | |
| Encierra el sentido del fluir constante del tiempo. | |
| Poder igualatorio de la muerte | |
| IV | |
Dejo las invocaciones de los famosos poetas y oradores; no curo de sus ficciones, que traen yerbas secretas sus sabores; Aquel sólo invoco yo de verdad, que en este mundo viviendo el mundo no conoció su deidad. |
Se aparta de las invocaciones de los poetas, es decir pedir inspiración a las musas, él la pide a Dios. |
| V | |
Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar; mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar. Partimos cuando nacemos andamos mientras vivimos, y llegamos al tiempo que fenecemos; así que cuando morimos descansamos. |
Una nueva metáfora sobre la vida: |
| El mundo (la vida del hombre en la tierra) es el camino | |
| El otro, el cielo, es la morada. | |
| Por tanto, hay que caminar correctamente para llegar. | |
| Vida humana: Igual que la de un peregrino. | |
| Nacimiento = Partida | |
| Vida = Andar el camino | |
| Muerte = descanso | |
| VI | |
Este mundo bueno fue si bien usásemos dél como debemos, porque, según nuestra fe, es para ganar aquél que atendemos. Aun aquel Hijo de Dios, para subirnos al cielo, descendió a nacer acá entre nos, y a morir en este suelo do murió. |
Comienzan una serie de reflexiones y consejos sobre cómo debe el hombre entender su vida en la tierra, desde el punto de vista de la religión (teocentrismo) |
| VII | |
Si fuese en nuestro poder hacer la cara hermosa corporal, como podemos hacer el alma tan gloriosa, angelical, ¡qué diligencia tan viva tuviéramos toda hora, y tan presta, en componer la cautiva, dejándonos la señora descompuesta! |
Hay que preocuparse más de cuidar el alma que la belleza física. |
| VIII | |
Ved de cuán poco valor son las cosas tras que andamos y corremos, que, en este mundo traidor aun primero que miramos las perdemos: de ellas deshace la edad, de ellas casos desastrados que acaecen, de ellas, por su calidad, en los más altos estados desfallecen. |
Invita a reflexionar al lector: Ved: imperativo. |
| Lo terrenal vale poco, lo destruye: | |
| la edad, paso del tiempo. | |
| El destino | |
| IX | |
Decidme: La hermosura, la gentil frescura y tez de la cara, la color y la blancura, cuando viene la vejez, ¿cuál se para? Las mañas y ligereza y la fuerza corporal de juventud, todo se torna graveza cuando llega al arrabal de senectud. |
Decidme: imperativo. |
Comienza con situaciones concretas sometidas al paso del tiempo: La Belleza |
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| X | |
Pues la sangre de los godos, y el linaje y la nobleza tan crecida, ¡por cuántas vías y modos se pierde su gran alteza en esta vida! Unos, por poco valer, ¡por cuán bajos y abatidos que los tienen!; otros que, por no tener, con oficios no debidos se mantienen. |
El linaje |
| se pierde | |
| por falta de apoyo de los poderosos | |
| por falta de dinero | |
| XI | |
Los estados y riqueza, que nos dejen a deshora ¿quién lo duda? no les pidamos firmeza, pues son de una señora que se muda. Que bienes son de Fortuna que revuelven con su rueda presurosa, la cual no puede ser una ni estar estable ni queda en una cosa. |
La posición social |
| el destino | |
| XII | |
Pero digo que acompañen y lleguen hasta la huesa con su dueño: por eso no nos engañen, pues se va la vida apriesa como sueño; y los deleites de acá son, en que nos deleitamos, temporales, y los tormentos de allá, que por ellos esperamos, eternales. |
Aunque el hombre llegue a la muerte con riquezas, las perderá al morir. |
| Los tormentos del infierno, eternos. | |
| XIII | |
Los placeres y dulzores de esta vida trabajada que tenemos, no son sino corredores, y la muerte, la celada en que caemos. No mirando a nuestro daño, corremos a rienda suelta sin parar; desque vemos el engaño y queremos dar la vuelta, no hay lugar. |
La Muerte espera oculta |
| XIV | |
Esos reyes poderosos que vemos por escrituras ya pasadas, con casos tristes, llorosos, fueron sus buenas venturas trastornadas; así que no hay cosa fuerte, que a papas y emperadores y prelados, así los trata la Muerte como a los pobres pastores de ganados. |
Poder igualatorio de la Muerte. Reyes del pasado |
| XV | |
Dejemos a los troyanos, que sus males no los vimos, ni sus glorias; dejemos a los romanos, aunque oímos y leímos sus historias; no curemos de saber lo de aquel siglo pasado qué fue de ello; vengamos a lo de ayer, que también es olvidado como aquello. |
Lo que ocurrió hace poco está tan olvidado como los tiempos más remotos. |
| XVI | |
¿Qué se hizo el Rey Don Juan? ¿qué se hicieron? ¿Qué fue de tanto galán, qué de tanta invención que trajeron? ¿Fueron sino devaneos, qué fueron sino verduras de las eras, las justas y los torneos, paramentos, bordaduras y cimeras? |
Comienza el Ubi sunt? |
| Pasa a hechos y personajes del presente o inmediatamente anteriores. | |
| Don Juan: rey Juan II (1405-1454) | |
| Infantes: hijos del rey de Aragón Fernando I (1380-1416) | |
| Actividades propias del mundo de las cortes. | |
| XVII | |
¿Qué se hicieron las damas, sus tocados y vestidos, sus olores? ¿Qué se hicieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores? ¿Qué se hizo aquel trovar, las músicas acordadas que tañían? ¿Qué se hizo aquel danzar, aquellas ropas chapadas que traían? |
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| XVIII | |
Pues el otro, su heredero, Don Enrique, ¡qué poderes alcanzaba! ¡Cuán blando, cuán halaguero el mundo con sus placeres se le daba! Mas verás cuán enemigo, cuán contrario, cuán cruel se le mostró; habiéndole sido amigo, ¡cuán poco duro con él lo que le dio! |
Enrique IV (1425-1474) sucesor de Juan II |
| Estuvo inmerso en problemas de sucesión al trono. | |
| XIX | |
Las dádivas desmedidas, los edificios reales llenos de oro, las vajillas tan fabridas, los enriques y reales del tesoro; los jaeces, los caballos de sus gentes y atavíos tan sobrados, ¿dónde iremos a buscallos? ¿qué fueron sino rocíos de los prados? |
Las riquezas |
| XX | |
Pues su hermano el inocente, que en su vida sucesor le hicieron, ¡qué corte tan excelente tuvo y cuánto gran señor le siguieron! Mas, como fuese mortal, metiole la Muerte luego en su fragua. ¡Oh, juicio divinal, cuando más ardía el fuego, echaste agua! |
Alude a hechos históricos en los que se vio implicada su familia |
| contraria a Enrique IV. | |
| XXI | |
Pues aquel gran Condestable, maestre que conocimos tan privado, no cumple que de él se habla, mas sólo cómo lo vimos degollado. Sus infinitos tesoros, sus villas y sus lugares, su mandar, ¿qué le fueron sino lloros? ¿Qué fueron sino pesares al dejar? |
Don Álvaro de Luna, en quien deposita su confianza el rey Juan II, Persona muy poderosa. |
| murió decapitado públicamente en el cadalso. | |
| XXII | |
Y los otros dos hermanos, maestres tan prosperados como reyes, que a los grandes y medianos trajeron tan sojuzgados a sus leyes; aquella prosperidad que en tan alto fue subida y ensalzada, ¿qué fue sino claridad que cuando más encendida fue matada? |
Otra vez enemigos de su familia, los hermanos: |
| Don Juan Pacheco, maestre de Santiago y marqués de Villena, y don Pedro Girón, maestre de Calatrava. | |
| XXIII | |
Tantos duques excelentes, tantos marqueses y condes y varones como vimos tan potentes, di, Muerte, ¿do los escondes y traspones? Y las sus claras hazañas que hicieron en las guerras y en las paces, cuando tú, cruda, te ensañas, con tu fuerza las aterras y deshaces. |
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| Se dirige a la Muerte indignado. | |
| XXIV | |
Las huestes innumerables, los pendones, estandartes y banderas, los castillos impugnables, los muros y baluartes y barreras, la cava honda, chapada, o cualquier otro reparo, ¿qué aprovecha? Cuando tú vienes airada, todo lo pasas de claro con tu flecha. |
Mundo desaparecido de la nobleza guerrera. |
| XXV | Comienza la parte dedicada a don Rodrigo: |
Aquel de buenos abrigo, amado por virtuoso de la gente, el maestre Don Rodrigo Manrique, tanto famoso y tan valiente; sus hechos grandes y claros no cumple que los alabe, pues los vieron, ni los quiero hacer caros pues que el mundo todo sabe cuáles fueron. |
Elogio de don Rodrigo. |
| XXVI | |
Amigos de sus amigos, ¡qué señor para criados y parientes! ¡Qué enemigo de enemigos! ¡Qué maestro de esforzados y valientes! ¡Qué seso para discretos! ¡Qué gracia para donosos! ¡Qué razón! ¡Qué benigno a los sujetos! ¡A los bravos y dañosos, qué león! |
Las virtudes que nombra son las de un caballero medieval de finales de la Edad Media. |
| Valentía en la guerra. | |
| inteligencia, ingenio, discrección, generosidad. | |
| XXVII | |
En ventura Octaviano; Julio César en vencer y batallar; en la virtud, Africano; Aníbal en el saber y trabajar; en la bondad, un Trajano; Tito en liberalidad con alegría, en su brazo, Aureliano; Marco Atilio en la verdad que prometía |
Característico de la retórica medieval: alude a una serie de personajes clásicos con la cualidad que representa cada uno. |
| XXVIII | |
Antonio Pío en clemencia; Marco Aurelio en igualdad del semblante; Adriano en elocuencia, Teodosio en humanidad y buen talante; Aurelio Alejandro fue en disciplina y rigor de la guerra; un Constantino en la fe, Camilo en el gran amor de su tierra. |
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| XIX | |
No dejó grandes tesoros, ni alcanzó muchas riquezas ni vajillas; mas hizo guerra a los moros, ganando sus fortalezas y sus villas; y en las lides que venció, cuántos moros y caballos se perdieron; y en este oficio ganó las rentas y los vasallos que le dieron. |
Destaca los valores importantes de su padre en contraposición con el amor al lujo de los personajes nombrados en el Ubi sunt? de quienes subrayaba sus posesiones. |
| Don Rodrigo destaca como buen caballero, su oficio era la guerra y allí ganó sus bienes. | |
| XXX | |
Pues por su honra y estado, en otros tiempos pasados, ¿cómo se hubo? Quedando desamparado, con hermanos y criados se sostuvo. Después que hechos famosos hizo en esta misma guerra que hacía, hizo tratos tan honrosos que le dieron aun más tierra que tenía. |
Empieza a dar datos concretos de la vida de don Rodrigo donde se muestran las virtudes antes mencionadas. |
Es partidario de los infantes de Aragón y enemigo de Juan II y de don Álvaro de Luna. Estuvo inmerso en todos los conflictos anteriores a la llegada al trono de Isabel la católica. |
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| XXXI | |
Estas sus viejas historias que con su brazo pintó en juventud, con otras nuevas victorias ahora las renovó en senectud. Por su grande habilidad, por méritos y ancianía bien gastada, alcanzó la dignidad de la gran Caballería de la Espada. |
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| Gran maestre de la Orden de Santiago | |
| XXXII | |
Y sus villas y sus tierras ocupadas de tiranos las halló; mas por cercos y por guerras y por fuerza de sus manos las cobró. Pues nuestro rey natural, si de las obras que obró fue servido, dígalo el de Portugal y en Castilla quien siguió su partido. |
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| XXXIII | |
Después de puesta la vida tantas veces por su ley al tablero; después de tan bien servida la corona de su rey verdadero; después de tanta hazaña a que no puede bastar cuenta cierta, en la su villa de Ocaña vino la Muerte a llamar a su puerta |
Resume todas las cualidades anteriores, su vida hasta llegar el momento de la Muerte, que llega en su busca. Tablero: se refiere al ajedrez. |
| XXXIV | |
diciendo: -«Buen caballero dejad el mundo engañoso y su halago; vuestro corazón de acero muestre su esfuerzo famoso en este trago; y pues de vida y salud hicisteis tan poca cuenta por la fama, esfuércese la virtud para sufrir esta afrenta que os llama. |
Como en las Danzas de la muerte, se dirige a él. No intenta asustarlo, sino que le invita de una forma natural. Vuelve a nombrar sus cualidades. |
| Se preocupó más de su honor que de su vida y salud. | |
| XXXV | |
«No se os haga tan amarga la batalla temerosa que esperáis, pues otra vida más larga de la fama gloriosa acá dejáis, (aunque esta vida de honor tampoco no es eternal ni verdadera); mas, con todo, es muy mejor que la otra temporal perecedera. |
Vida terrenal: perecedera. |
| Vida de la fama: el recuerdo y ejemplo que su vida , dirigida por el honor, deja a los que quedan. Perdurará. | |
| Vida eterna: La que le espera. | |
| XXXVI | |
«El vivir que es perdurable no se gana con estados mundanales, ni con vida delectable donde moran los pecados infernales; mas los buenos religiosos gánanlo con oraciones y con lloros; los caballeros famosos, con trabajos y aflicciones contra moros. |
Formas de ganar la vida eterna: |
| Los religiosos (oradores) con oraciones. | |
| Los nobles(defensores), defendiendo su religión. | |
| XXXXVII | |
«Y pues vos, claro varón, tanta sangre derramasteis de paganos, esperad el galardón que en este mundo ganasteis por las manos; y con esta confianza, -y con la fe tan entera que tenéis, partid con buena esperanza, que esta otra vida tercera ganaréis.» |
La Muerte tranquiliza a don Rodrigo porque ha hecho lo que debía hacer como noble. |
| XXXVIII | |
-«No tengamos tiempo ya en esta vida mezquina por tal modo, que mi voluntad está conforme con la divina para todo; y consiento en mi morir con voluntad placentera, clara y pura, que querer hombre vivir cuando Dios quiere que muera, es locura. |
Responde don Rodrigo conforme con la voluntad de Dios, se enfrenta a la muerte tranquilo. |
| XXXIX | |
Tú, que, por nuestra maldad, tomaste forma servil y bajo nombre; tú, que a tu divinidad juntaste cosa tan vil como es el hombre; tú, que tan grandes tormentos sufriste sin resistencia en tu persona, no por mis merecimientos, mas por tu sola clemencia me perdona.» |
Se encomienda a Cristo. |
| XL | |
Así, con tal entender, todos sentidos humanos conservados, cercado de su mujer y de sus hijos y hermanos y criados, dio el alma a quien se la dio (el cual la dio en el cielo en su gloria), que aunque la vida perdió, dejonos harto consuelo su memoria. |
Vuelve a tomar la palabra el poeta con un sentimiento de tranquilidad ante la muerte de su padre que va con Dios y les deja su memoria (fama) |
| ARRIBA | |
| Juan del Enzina siglo XV | |
| Canciones | |
Del amor viene el cuidado y del cuidado el penar, de la pena el suspirar del leal enamorado.
Quel suspiro no es pasión, mas descanso del tormento do descansa el pensamiento del cuidoso coraçón.
Y la pena del penado que pena por bien amar se muestra en el suspirar del leal enamorado. |
Desque triste me partí sin veros a la partida, se partió luego mi vida donde nunca más la vi.
Partió mi vida en partir con una pasión tan fuerte que aunque venga ya la muerte será dulce de sufrir.
Si sentís lo que sentí sentiréis en mi partida que partió luego mi vida donde nunca más la vi. |
Querría no desearos y desear no quereros, mas, si me aparto de veros, tanto me pena dejaros que me olvido de olvidaros.
Si os demando galardón en pago de mis servicios, daisme vos por beneficios pena, dolor y pasión, por más desconsolación.
Y no puedo desamaros aunque me aparto de veros, que si pienso en no quereros tanto me pena dejaros que me olvido de olvidaros. |
Muchas veces he acordado de olvidar a vos, mi dios, y en acordarme de vos hállome desacordado.
He procurado olvidaros por acordarme de mí; cuando pienso en cómo os vi pienso más en más amaros.
Y con este tal cuidado, cuidoso por vos, mi dios, en acordarme de vos hállome desacordado. |
Si la fe y el galardón por un peso se pesase, cierto soy que no faltase gran remedio a mi pasión.
Mi pasión es muy crecida y mi fe de fe muy llena, que, según la fe, la pena se da por una medida.
Y si la fe y la afición a galardón se pesase cierto soy que no faltase gran remedio a mi pasión. |
No quiero mostrar quereros porque no toméis favor para más encareceros, pues que no temo perderos por falta de fe ni amor.
Deseo siempre serviros, procuro de no enojaros, querría merced pediros y no quiero descubriros cuánto peno por amaros.
Que si doy a conoceros mi deseoso dolor será más encareceros, mas yo no temo perderos por falta de fe ni amor. |
| Villancicos | |
Vivirá tanto mi vida cuanto vos seáis servida.
Tanto serviros deseo, quel desear me atormenta, y no sé si sois contenta de la vida que poseo; que no quiero tener vida sin que vos seáis servida.
Y si vos queréis que muera, la vida no la codicio, pues en haceros servicio es mi gloria verdadera; que la muerte será vida si con ella sois servida.
Fin
Y aunque mis servicios sean pequeños para con vos, mirad, señora, por Dios, cuánto serviros desean; que no tengo yo más vida de cuanto seáis servida. |
Floreció tanto mi mal, sin medida, que hizo secar mi vida.
Floreció mi desventura y secóse mi esperanza; floreció mi gran tristura con mucha desconfianza; hizo mi bien tal mudanza, sin medida, que hizo secar mi vida.
Hase mi vida secado, con sobra de pensamiento; ha florecido el cuidado, las pasiones y el tormento; fue tanto mi perdimiento, sin medida, que hizo secar mi vida.
Fin
Secóse todo mi bien, con el mal que floreció; no sé cúyo soy ni quién, que el placer me despidió; tanto mi pena creció, sin medida, que hizo secar mi vida. |
Más quiero morir por veros que vivir sin conoceros.
Es tan firme mi esparanza, que jamás hace mudanza, teniendo tal confianza de ganarme por quereros.
Mucho gana el que es perdido por merecer tan crecido y es vitoria ser vencido sin jamás poder venceros.
Fin
Aunque sienta gran tormento, gran tristeza y pensamiento, yo seré de ello contento, por ser dichoso de veros. |
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Ninguno cierre las puertas si Amor viniere a llamar, que no le ha de aprovechar.
Al Amor obedezcamos con muy presta voluntad; pues es de necesidad, de fuerza virtud hagamos. Al Amor no resistamos, nadie cierre a su llamar que no le ha de aprovechar.
Amor amansa al más fuerte y al más flaco fortalece; al que menos le obedece más le aqueja con su muerte. A su buena o mala suerte ninguno debe apuntar que no le ha de aprovechar.
Amor muda los estados, las vidas y condiciones; conforma los corazones de los bien enamorados. Resistir a sus cuidados nadie debe procurar que no le ha de aprovechar. |
Aquél fuerte del Amor que se pinta niño y ciego hace al pastor palaciego y al palaciego pastor. Contra su pena y dolor ninguno debe lidiar que no le ha de aprovechar.
El qu'es Amor verdadero despierta al enamorado, hace al medroso esforzado y muy pulido al grosero. Quien es de Amor prisionero no salga de su mandar que no le ha de aprovechar.
Fin.
El Amor con su poder tiene tal jurisdicción que cativa el corazón sin poderse defender. Nadie se debe asconder si Amor viniere a llamar, que no le ha de aprovechar. |
¡No te tardes que me muero Carcelero, no te tardes que me muero!
Apresura tu venida porque no pierda la vida que la fe no está perdida. Carcelero, ¡no te tardes que me muero!
Sácame de esta cadena, que recibo muy gran pena pues tu tardar me condena. Carcelero, ¡no te tardes que me muero!
La primera vez que me viste, sin lo sentir me venciste; suéltame pues me prendiste. Carcelero, ¡no te tardes que me muero!
La llave para soltarme he de ser galardonarme, prometiendo no olvidarme. Carcelero, ¡no te tardes que me muero! |
Paguen mis ojos, pues vieron a quien más que a sí quisieron.
Vieron una tal beldad, que de grado y voluntad mi querer y libertad cautivaron y prendieron.
Cautivaron mi querer en poder de tal poder, que les es forzado ser más tristes que nunca fueron.
Fin
Más tristes serán, si viven, que si moros los cautiven, porque de mirar se esquiven a quien nunca conocieron |
Si amor pone las escalas al muro del corazón, ¡no ay ninguna defensión!
Si amor quiere dar combate con su poder y firmeza, no ay fuerza ni fortaleza que no tome o desbarate, o que no hiera o no mate al que no se da a presión, ¡no ay ninguna defensión!
Sin partidos, con partidos, con sus tratos o sin trato, gana y vence en poco rato la razón y los sentidos; los sentidos ya vencidos, sojuzgada la razón, ¡no ay ninguna defensión!
Con halagos y temores, con su fuerza y su poder, de los que han de defender hace más sus servidores; pues las guardas son traidores |
y cometen traïción, ¡no ay ninguna defensión!
Nunca jamás desconfía; de los más sus enemigos hace mayores amigos; siempre vence su porfía, da placer y da alegría, y, si quiere dar pasión, ¡no ay ninguna defensión!
Son sus fuerzas tan forzosas que fuerzan lo más que fuerte, puede dar vida y dar muerte, puede dar penas penosas; a sus fuerzas poderosas, si pone fe y afición, ¡no ay ninguna defensión!
Fin No ay quién salga de sus manos, discretos y no discretos, a todos tiene sujetos: judíos, moros, cristianos; sobre todos los humanos tiene gran jurisdicción, |
| Romances | |
Yo me estaba reposando, durmiendo, como solía, recordé, triste, llorando con gran pena que sentía.
Levantéme, muy sin tiento, de la cama en que dormía, cercado de pensamiento, que valer no me podía.
Mi pasión era tan fuerte que de mí yo no sabía, conmigo estaba la muerte por tenerme compañía.
Lo que más me fatigaba no era porque moría, mas era porque dejaba de servir a quien servía.
Servía yo una señora que más que a mí la quería y ella fue la causadora de mi mal sin mejoría.
La medianoche pasada, ya que era cerca del día, salíme de mi posada por ver si descansaría. |
Fui para donde morava aquella que más quería por quien yo triste penaba, mas ella no parecía.
Andando todo turbado con las ansias que tenía, vi venir a mi cuidado dando voces, y decía:
"Si dormís, linda señora, recordad, por cortesía, pues que fuiste causadora de la desventura mía.
Remediad mi gran tristura, satisfaced mi porfía, porque si falta ventura del todo me perderla."
Y con mis ojos llorosos un triste llanto hacía con suspiros congojosos y nadie no parecía.
En estas cuitas estando, como vi que esclarecía, a mi casa, suspirando, me volví, sin alegría. |
Mi libertad en sosiego, mi corazón descuidado, sus muros y fortaleza amores me la han cercado.
Razón y seso y cordura, que tenía a mi mandado, hicieron trato con ellos, ¡malamente me han burlado!
Y la fe, que era el alcaide, las llaves les ha entregado; combatieron por los ojos, diéronse luego de grado,
entraron a escala vista, con su vista han escalado, subieron dos mil suspiros, subió pasión y cuidado |
diciendo: "¡Amores, amores!" su pendón han levantado.
Cuando quise defenderme ya estaba todo tomado; hube de darme a presión de grado, siendo forçado.
Agora, triste cativo, de mí estoy enajenado, cuando pienso libertarme hállome más cativado.
No tiene ningún concierto la ley del enamorado; del amor y su poder no ay quién pueda ser librado. |
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